lunes, 12 de septiembre de 2011

Analogía de las corrientes artísticas taurinas con las de El Renacimiento


En pleno Renacimiento hubo en el Arte dos corrientes diferenciadas estéticamente. Son las escuelas florentino-romana y la veneciana. Las dos propugnaban un arte, un estilo propio y diferenciado no por eso menos válido. Una, la florentina, tomaba el gusto por El Natural, por las lineas clásicas y el dibujo, y la veneciana lo hacía más hacia el color.

En la Tauromaquia se da el hecho de que existe, (podríamos llamarlo así), un parangón con esta diferenciación, además de geográficamente (centro-norte y sur), de una estética y forma de entender el toreo propia,hablamos de la escuela castellana y la escuela andaluza. Sin menospreciar otras como la levantina, la catalana, etc. donde se han forjado maestros fabulosos a las que salpican en su forma de entender el toreo características de cada una de las escuelas principales.

Empecemos de la primera de las dos escuelas mencionadas, la castellana, cuyo caracterer es la solidez de las masas a la hora de ejecutar el toreo. En esta escuela prevalece el toreo clásico, formando a sus artistas en el estudio de la Tauromaquia antigua, pues en ella hallan la ciencia del toreo y la exactitud de la expresión austera hasta el punto que no perjudica a la belleza. En la composición buscan la simetría y el equilibrio correspondiendo a un sentido estático de la misma, donde predominan las normas de la Tauromaquia sobre la libertad personal.

El resultado que produce esta Tauromaquia puede llevar a engaño al parecer una obra fría pero bien estructurada, con un acentuamiento de los movimientos nada forzados y opuestos al efecto de sentimiento arrebatado que se da en la escuela sureña.

La otra escuela,la andaluza, al igual que sus referentes venecianos en el Renacimiento, se distingue más por la vivacidad y verdad de su 'colorido' (que dan sus formas de mover las telas, de ejecutar el toreo 'churrigueresto'). Se trata de intersesarse sólo por el momento, como un estado transitorio de la naturaleza misma, para evocar el sentimiento interno del aficionado en un momento fugaz, buscando la corporeidad de un pase, en un ámbito, podríamos llamarlo, luminoso. Cuando se consigue pasa a considerarse sus faenas como "poemas visuales", al estar destinadas a la contemplación y a la consecuente ensoñación que puede provocar una obra taurómaca con 'duende'.

Esta Tauromaquia, por lo tanto, puede considerarse más por su caracter sensual y no por una tendencia intelectual tan importante en la Tauromaquia castellana.

Imagen:
José Tomás, exponente del estilo clásico castellano.
Morante de la Puebla, dejando su impronta del sentimiento andaluz. Foto: MATITO

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