viernes, 19 de agosto de 2011

La seridad de Bilbao y el compromiso del artista


Comienza la feria de Bilbao, por antonomasia la Feria donde la seriedad del Toro implica un máximo compromiso por parte del artista con la Fiesta íntegra. Desde la órbita del arte intentaremos reflexionar sobre este asunto que por estas fechas suscita un árduo debate entre aficionados y profesionales.

Partiendo de la base que las grandes obras de arte taurómacas son claramente superiores a cualquier cosa en sus diversas formas, lo será más si cabe si existe una seriedad profunda, tanto en la presencia del toro, como en la profesionalidad del artista,( torero).

Las obras creadas a partir de esa seriedad profunda, como sucede en Bilbao, nos exigen, a mi juicio, una atención y lealtad muy superiores cualitativa y cuantitativamente a las que nos exige el toreo en otras fechas y ferias, y lamentablemente, con otro tipo de toro.

El arte de la Tauromaquia ha llegado alcanzar un reconocimiento por parte de la sociedad casi secular, como el más próximo a una actividad sacramental. El torero comprometido debería ser un explorador independiente de los peligros del Arte, incluso de su conciencia interior, ello concedería al artista una especie de licencia para comportarse y ser reconocido de manera diferente a los demás.

Cuando exite la seriedad del arte, su principal tarea consitiría en forjar trofeos con sus experiencias ante el Toro: Faenas y ademanes que fascinen por su peligro, por su tensión, y no simplemente que entretenga como un mero actor más. Su recurso principal de fascinación consiste en dar un paso más adelante en la dialéctica del Arte frente al toro.

Si el torero se empeña en crear obras frente a oponentes sin seriedad y carentes de la casta suficiente como para crear tensión, se comenterá un ultraje contra su auditorio, y las credenciales y autoridad del artista dependerán en última instancia de las tropelías que cometa contra sí mismo, consintiendo la creación de faenas frente a oponentes carentes de riesgo y emoción. De ahí que Bilbao requiere al artista un compromiso exterior frente al toro y otro, más importante si cabe, interior.

Imagen:
Seriedad de un toro de Victorino Martín en la Feria de Bilbao de 2008. Foto: Terroso
'Corrida' de Pablo Picasso, 1934.

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