miércoles, 17 de agosto de 2011

La autenticidad del Arte de la Tauromaquia frente a la sociedad convencional


Uno de los debates que siempre se han mantenido en la palestra de los aficionados y los asépticos al toreo es la autenticidad (o sinceridad) del arte de la Tauromaquia.

En cierto sentido,la Tauromaquia ha constituido siempre un intento de ser un arte sincero y serio, incluso se podría decir, de renovar la sinceridad por medio del arte. Sea cual sea su forma, el afán por ser sincero y serio, dota al arte de la Tauromaquia de un aura de auténtica identidad. De hecho, la sinceridad del toreo, expresa el deseo de ser auténtico irreductible, inconfundiblemente.

La sinceridad del toreo existe frente a la inautencididad de la sociedad. El arte que crea un hombre y un toro no pertenece a ninguna tradición estética y queda fuera de todas las estructuras institucionales, este arte que parece intrínsecamente no convencional y "anormal" -no controlado por la sociedad-, es automáticamente considerado como sincero. Incluso, su oposición hostil, nada acomodaticia, casi anarquista, parece suficiente para convertirlo en Auténtico.

Por esto, cabría señalarse, que el arte de la Tauromaquia no tiene ningín reparo en mostrarse como es, sin engaños, ante el espectador, asiduo o neófito. En todo espectador, la unión de toro y torero, debería despertar la necesidad de sinceridad y la posibilidad de autenticidad que da el riesgo y la tragedia implícita en el Toro Bravo. Este hecho hace que el Arte de la Tauromaquia sea diferente, y se rebela frente al conformismo de la sociedad.

Este es el caso, y la sociedad debería hacer un sitio en el "sistema" a un arte firmemente 'rebelde'. Esto no significa que esta sociedad encuentre su propia autencicidad mediante la experiencia de la autenticidad del Arte de la Tauromaquia, si no que únicamente reconocerá la buena fe y la seriedad de dicho Arte. Este reconcimiento no requiere que se ame a la Fiesta, sino solamente el reconocimiento de que el arte de torear tiene cierto interés, y que ha de admitirse en el discurso social general.

Cabría señalar, para terminar y más para el aficionado, que el arte de la Tauromaquia no puede caer en el dominio de lo cotidiano. La reafirmación estética de la Tauromaquia por parte del espectador serio es una especie de recreación de ésta que sirve al mismo propósito intelectual que su creación por parte del torero: la creatividad con que toree el artista es el medio de escapar a la consciencia cotidiana del mundo-vida.

Imagen:
Morante de la Puebla en la plaza de Bilbao en 2008. Foto: Terroso
Multitud en la Calle Preciados de Madrid

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