miércoles, 3 de agosto de 2011

Catarsis y emoción del Arte de la Tauromaquia


Es obvio que existen diferencias entre la Tauromaquia y las demás artes, es de cajón: Estilos, materiales, épocas, conceptos etc., pero una en concreto hace que éste Arte sea totalmente único y dificil de entender respecto a los demás. Se trata de La Emoción.

La respuesta estética en las manifestaciones orgánicas internas y externas que produce una creación en el ruedo, debe considerarse como un caso único y particular debido a la emoción que suscita en el aficionado a la Tauromaquia.

Sólo desde esta perspectiva podemos aproximarnos a este arte que despierta sentimientos tan intensos en nosotros, sin poder expresar específicamente de qué sentimientos se trata. La enigmática diferencia entre el sentimiento artístico que produce un Natural y el ordinario (no quiero menoscabar la emoción que suscitan las demás artes, ni a quienes disfritan con ellos, ordinario es sinónimo de 'usual' en este caso), de las demás artes, puede explicarse del siguiente modo: el sentimiento taurómaco es el mismo que el otro pero, en una plaza de toros, se libera por una actividad extremadamente intensificada de la imaginación.

El psicólogo Müller-Freiendfels, sugirió la existencia de dos clases de arte y dos clases de espectadores. Uno concedería mayor importancia a la contemplación, el otro al sentimiento. El aficionado al arte de la Tauromaquia ensambla estos dos en una unidad, siendo éste, por tanto, más 'sensible' que el aficionado a otro tipo de manifestación artística.

Las emociones que una faena suscita son emociones inteligentes y suelen liberarse en imágenes de la fantasía. En ocasiones he tenido la 'suerte' de ver llorar a un aficionado en una plaza de toros, y esas lágrimas (tomando palabras de Diderot), proceden de su cerebro; de modo que lo que expresa es la esencia de una reacción artística al juego místico entre toro y torero.

No hay que olvidar que en La Tauromaquia existe la tragedia, y pese al carácter deprimente que genera la emoción trágica, en los toros constituye una de las cotas más elevadas que puede alcanzar la emoción humana, porque la conquista espiritual del dolor genera un sentimiento que no tiene parangón.

Por último parafraseando a Baruch Spinoza, terminaré diciendo que hay quien dice que no es posible que una fuerza de la naturaleza, como es el toro, surja la causa del arte de torear (que se produce sólo en virtud del arte humano), y que el torero, si no estuviera determinado y orientado por el alma, no sería capaz de 'edificar' una obra de arte. Pero se ignora lo que puede el cuerpo y lo que puede deducirse de la sola consideración del Toro bravo.

Imagen:
Fotomontaje con foto de Talavante en la Feria de Abril de 2010. Foto: Matito

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