viernes, 10 de junio de 2011

La crítica de arte taurino, sus buenos y malos usos


Estos días se está sucediendo un fenómeno contrario a determinados periodistas-críticos taurinos en las redes sociales debido a su animadversión a la figura de José Tomás y su particular e independiente forma de entender la vida como artista. Estos hechos hacen recapacitar sobre la crítica de arte en la Tauromaquia.

El historiador de arte italiano Lionello Venturi reelaboró los conceptos de “gusto” y “poética” y los consideró elementos imprescindibles en el análisis de las obras. En la crítica de arte de la tauromaquia tomaremos la referencia también del gran bibliógrafo alemán Andy Warburg ya que la imagen que crea un toro y un torero en el momento del embroque, son sueños colectivos, y esas imágenes deben considerarse indicadores de primera magnitud.

La crítica taurina, como género efímero, es un indicador del canon artístico, de la relación entre el arte de la tauromaquia y la sociedad con sus diferentes epígrafes: política, mercado, público, toreros. A todo ello ha de añadirse la condición, primordial, de construir un género literario que se empeñe en traducir las obras de arte que se suceden en el albero. Puede que la mayor riqueza de la crítica taurina, radique en el carácter polisémico que le proporciona el ser, antes que nada, literatura artística.

Se ha de partir de la existencia de una base común entre Historia de la Tauromaquia y Crítica de Arte (Taurino). La crítica habrá que entenderla como un síntoma, como un discurso que, dentro del sistema artístico-taurino, aporta unas lecturas a unas obras de arte efímeras creadas entre toro y torero, y que tienen un papel en el desarrollo de la historia de la Fiesta: cuando se piensa en cómo se ha ideado el arte de cualquier torero, nos referimos tanto a la práctica de ese toreo que eclosiona en arte como a las reflexiones de la crítica, que se convierte así en una fuente historiográfica de máximo interés.

Por tanto la labor de la crítica taurina deberá ser el intentar reconstruir las formas, lances, toreo y los motivos por los que un artista produce un objeto estético a través de su dominio del toro bravo por medio de las telas, los terrenos y su intelecto.

Esta labor, tan complicada como bella, se verá postergada a la marginación cuando las mentiras, falacias y rumores sin contrastar se apoderen del ejercicio del mal llamado ‘crítico taurino’.

Imagen: Montaje con foto de Rubén Arévalo (http://rubenarevalo.blogspot.com/)

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