miércoles, 8 de junio de 2011

¿Cómo se valora una obra de arte dentro de la tauromaquia?


Gracias al gran estudio del profesor Juan Medina y del periodista de Expansión Juanma Lamet publicado hace unos días: 'Barcelona: más toros que baloncesto', y donde hemos podido comprobar los beneficios que genera José Tomás cada vez que actúa en una feria, desde el punto de vista del Arte y con una envidia sana por el buen trabajo, no he podido resistir la tentación y, además de esos beneficios externos que aporta, me he hecho una pregunta:  Interiormente, ¿cómo se valora una obra de arte dentro de la tauromaquia?.

Antes de entrar en materia hemos de considerar un fenómeno previo a la valoración de una forma de crear arte en la tauromaquia y es el de su estima: el toreo corriente, el que es al uso, por esa misma circunstancia no se estima, y consecuentemente, no se valora igual que un toreo extraordinario. Por, el contrario, el toreo ‘no corriente’, por ejemplo el de José Tomás, esa forma de torear inusual, sí que se estima por el público y por ello se valora. El conocimiento de la historia de la Tauromaquia nos atestigua que lo no corriente, lo inusual, y por su puesto lo bello se ha guardado en los anales, se ha estimado, y por ello se ha valorado.

Lo que se considera una obra de arte en por su propia naturaleza en la tauromaquia está sujeta a apreciaciones y causas muy diversas, tanto por factores objetivos como por otros subjetivos, como la faena realizada en un lugar y tiempo concretos, la duración, si fue larga o corta, la calidad de las embestidas del toro, si se realizó un toreo a ‘la moda’ o en desuso, y también el conocimiento, la crítica taurina, pueden modificar y de hecho modifican, las valoraciones que se puedan tener y en un momento determinado, el artista que ha triunfado, alcanzar cotizaciones no previstas.

Esta valoración del arte de la tauromaquia no solo incluye al artista que crea una obra de arte singular, sino también aquellos que realizan un toreo repetitivo, pero digno, y que alguno es buscado por aficionados. Éstos, motivados más por la espectacularidad a veces, y otras el carácter festivo de estas tauromaquias, consiguen así introducir a determinados toreros en un circuito comercial que se demanda. Incluso, es el caso de determinados espadas que independientemente de su falta de belleza, pueden alcanzar cotizaciones astronómicas en las ferias por considerarse toreros necesarios para asegurarse el lleno.

También en la tauromaquia, como en cualquier clase de comercio, se produce la llamada ley de la oferta y la demanda: si hay muchas tauromaquias de menor calidad se produce una bajada de precios, y si se demandan tauromaquias únicas (José Tomás, Morante, Manzanares…), existe un alza en los mismos.

Haciendo referencia a José Tomás, y al estudio del profesor Medina y Juanma Lamet, su tauromaquia está dotada además de un elemento principal, que es la representatividad. Al margen de su belleza, de la destreza con que la realiza –circunstancias que en otros artistas son esenciales- la obra del madrileño se valora por el grado de representatividad que tiene: Representatividad histórica, representatividad social, representatividad artística. El bien artístico de la tauromaquia de Tomás, pues, tiene un valor importante, porque es un testimonio fidedigno del aspecto sustancial de la historia del toreo. De ahí su cotización.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...