lunes, 9 de mayo de 2011

Ecos de Sevilla. El sobrado naturalismo de El Juli, y sus peligros


Una vez terminada la Feria de Abril 2011, es de recibo destacar algunos hechos relativos a la teoría del Arte acaecidos en el ruedo sevillano. En el anterior post ya dejamos claro la emoción que supuso el Arte de José María Manzanares y el hecho más relevante de la Feria con su gran tarde del pasado 30 de abril. Otro acontecimiento que requiere una valoración y estudio desde la perspectiva del Arte es la superioridad del Arte de Julián López ‘El Juli’ frente a los toros, un sobrado naturalismo que puede llegar a ser excesivo con la pérdida de emoción estética que ello supone, sin minusvalorar ni un ápice la grandiosidad de este torero.

Ya en el siglo XVII, el crítico de arte italiano Giovanni Pietro Bellori, escribió sobre otro portento del ‘natural’ como es Caravaggio, demostrando que el exceso de naturalismo puede llegar a ser incluso ofensivo. Comparando a las dos geniales figuras, basta decir que el nacimiento de los dos supuso  un beneficio para el Arte. Los dos  aparecieron en un momento en el que en vez de buscar la naturalidad, los demás pintores y toreros, seguían el estilo de otros artistas y se buscaba antes la belleza superficial que la verdad. Fue entonces cuando Caravaggio despojó al color de todo artificio y vanidad, devolviendo lo que es el verdadero color de la sangre y la carne, y El Juli buscó el toreo clásico de poder y mando, quitando la demasía de artificios en su repertorio y dando fuerza a la ejecución.

Un ejemplo es, como señala el otro teórico Vicente Carducho, la falsa naturaleza a la que llega Caravaggio en el Santo Entierro de Cristo donde el gran naturalismo de las expresiones y las figuras hace que el mismo Cristo tenga tensión venosa, algo que sería imposible porque está muerto.

La aparente facilidad del Arte, tanto de Caravaggio como de Julián López ‘El Juli’, puede llegar a parecer abusiva. El exceso de poder y de naturalismo frente al toro de este último, corre el peligro de que a la hora de apoyar y debatir sus elecciones estilísticas, se caiga  en el pozo del simplismo.

Al igual que la figura de Caravaggio se amoldó a una forma de pintar, la apariencia física de El Juli: fuerte de piernas, rudeza, incluso tosquedad, es acorde con su estilo, y naturalmente así es su forma de torear, un estilo puro, pero de gran naturalismo y superioridad a la hora de ejecutar las suertes, algo muy destacable pero de lo que no se puede abusar para no llegar al escuetismo y la falta de emoción estética.

No siempre sentirse sobradamente superior y dejarlo claro delante del toro, de la obra, es consecuente. Si a Caravaggio le descolgaron muchas obras de los altares en el siglo XVII por la excesiva realidad, El Juli en el XX, puede caer en la monotonía por dar primacía a  la ejecución y dejar a un lado el sentimiento.

Imagen:
Santo Entierro. Caravaggio. 1602-04. Museos Vaticanos
El Juli el pasado 29 de abril de 2011 en Sevilla. Foto: http://www.plazadetorosdelamaestranza.com/

1 comentario:

  1. si comparas a caravaggio con el juli no es la palabra arte la que deberías utilizar.

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