miércoles, 20 de abril de 2011

La función de la imagen en la Tauromaquia. Imitación y devoción


En estos días las calles de llenan de imágenes que insuflan en el devoto una piedad que casi llega a los límites de lo sobrenatural. Nos plantearemos pues, la función de la imagen y su imitación por parte del espectador. La crónica de la Tauromaquia toma esa referencia en una de las frases más utilizadas y recurrentes cuando la corrida ha sido triunfal: “La gente salió toreando de la plaza”.

Esta imitación del Arte por parte del apasionado público ya fue analizada por Gabrielle Paleotti (1522-1597), cardenal y arzobispo de Bolonia, en su "Discorso intorno alle immagini sacre e profane”,  publicado en 1582, donde plantea no sólo un análisis superficial, sino que razona sobre cuáles son las funciones de las imágenes.

En lo que al Arte de la Tauromaquia respecta, nos basamos en la atención creadora del artista, con sus dos vertientes dinámicas: La parte activa: la parte creadora de la obra de arte. Y la parte activa en el receptor.
La atención está en la necesidad que tiene el artista en la Plaza de Toros en ser capaz de representar correctamente los affecti en la obra de arte. La obra como Faena, ha de ser capaz de activar elementos conscientes y subconscientes en el espectador. En esta relación dialéctica, lo que necesita definir Paleotti, es la presencia de los affecti en la Obra de Arte, (pictórica o taurómaca), tiene que mover al espectador hacia la emoción, y que esta mueva a la necesidad de repetir los movimientos del Artista en la obra, moverlos hacia la imitación.

La obra de arte es motivo de imitación para el devoto, para el aficionado. Plantea que el espectador tiene que alcanzar experiencias de imitación parecidas a la que se contempla en la obra de arte, Paleotti dice que esto es el papel fundamental de la pintura y nosotros lo llevamos al ámbito de la Tauromaquia. A propósito de esta imitación como papel fundamental de la pintura, dice que “…la parte principal en el desarrollo de la pintura,  tiene que mover las almas de aquellos que la miran, hecho que es de mayor laude cuanto más el efecto que produce es parecido al de los Santos, que es de por si nobilísimo y se convierte en muy eficaz de la misma manera que en el caso de los oradores tienen la capacidad en su discurso de transmitir los afectos que están oyendo”.

Aplica la retórica para ejemplificar que la pintura puede hacer lo mismo “…oír la narración del martirio de un santo, la pasión de Cristo son hechos que tocan por dentro de verdad, pero el tenerlos delante con colores vivos, poniendo de bajo de los ojos del espectador el Cristo clavado en la cruz, es capaz de aumentar la devoción y toca el interior más profundo hasta que se pierde de vista el hecho de que es de madera o de mármol”.

Por ello, el artista de la Tauromaquia ha de ser diestro con su capacidad creadora para remover en el interior del espectador emociones que le hagan imaginar su imitación. Cuanto más perfecta y realista (en el sentido de que el torero es capaz de, con trazos de telas y técnicas del arte de la Tauromaquia, evitar la muerte), más fervor y abandono místico-taurino provocará en el aficionado.

Imagen:
Detalle de subalterno. Foto: Paloma Aguilar
Detalle de las manos del Ecce Homo, 1673. Pedro de Mena

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