lunes, 18 de abril de 2011

El Toro, concepto y valor expresivo de la materia


…“El diálogo con la materia es indispensable en toda producción de arte…El Artista limitándose frente al obstáculo, encuentra su libertad, porque de la confusión de las aspiraciones vagas, pasa al problema concreto de las posibilidades del material con que se enfrenta”…
Luigi Pareyson. “Conversaciones de estética”

Vaya por delante mi más sincero pésame a la familia de Juan Pedro Domecq Solís por el trágico y repentino fallecimiento del ganadero en accidente de tráfico, y sirva de humilde homenaje esta aportación, por muy distanciada que estuviera su visión del Toro a la mía. Tomaremos el Toro como ‘Materia’ para producir Arte.

El Toro como materia se ha ido definiendo tradicionalmente en relación al concepto de Forma: la materia “pura”, el toro salvaje y fiero, es esencia, fundamento y posibilidad de comportamiento. El propio Toro intrínsecamente comporta un cierto destino o vocación de ser, tiene una consistencia, una casta básica y primitiva sin modelar, y por ello mismo limita, o desarrolla, la forma final de la obra de Arte en el ruedo.

Quizá, el malogrado Juan Pedro, buscó la materia (Toro), por sus valores expresivos, facilidad de manipulación, por la bondad de su uso…y no por su forma bruta que suscita, induce o sugiere otras maneras de Arte más primitivo, pero no por ello, menos válido. Cada una de las dos formas de la materia, la más ‘bondadosa’ y la  más ‘fiera’, se cree que se pueden sustituir unas por otras, pero no son intercambiables, si la primera gana la partida a la segunda, se alterará el carácter absoluto y constante de la materia, del Toro.

El Toro habrá de ser un material primario, como cualquiera de las materias que se necesitan para formar una obra. Pero este material se puede volver ‘secundario’ cuando se busca que el torero (artista) inquiera el recurso, el adorno, y las herramientas esenciales para crear una obra de arte, elegante, pero superficial.

A menudo se cae en el error de enfrentar los cánones clásicos de lo que es un Toro fiero a los ‘materiales’ modernos en los que existe una largura, una fijeza, una casta y una bravura que permite la realización de la Tauromaquia moderna; no se trata de sustituir unos ‘materiales’ por otros, si no de enriquecerlos conjuntamente, sin caer en el exceso de nobleza que al final desembarca en descastamiento y docilidad, (incluso bobería), algo impensable para la producción de la obra.

El Toro, como materia, se entiende no solo en su apariencia superficial, como una envoltura, sino también en su interior, como una forma autónoma y activa. Hay una especie de tensión entre el espacio interior (puro en sus cualidades), y el exterior (modificado por la evolución del Toreo, siendo un animal más ágil, más formado, con cuello para embestir, con más trapío…). Así, es necesario que el artista analice, no sólo la expresividad de las cualidades superficiales del toro, sino también y de manera especial, el funcionamiento de sus cualidades internas, para poder realizar la obra de arte final.

Epílogo:

Se va Juan Pedro Domecq Solís, un ganadero que, desde mi oposición a su búsqueda del toro ‘artista’, creo que no propuso sus ‘nuevos materiales’ en sustitución de los antiguos, sino que quiso tratar de incluirlos como otras posibilidades para enriquecer el mundo de la Tauromaquia y ampliar los recursos para poder elegir entre los más adecuados en el desarrollo de la poética personal de ciertos artistas.

Imagen:
Detalle de 'La noche estrellada' de Vincent van Gogh. 1889. MOMA, Nueva York.
Toro de Pereda en los Corrales de Madrid. Foto: Rubén Arévalo (http://rubenarevalo.blogspot.com/)

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