viernes, 8 de abril de 2011

El escalafón de novilleros, un triste Academicismo puro


Me han hecho reflexionar los acontecimientos de los últimos días respecto a la presentación de los carteles de varias ferias y la conducta presentada por algunos novilleros, de exigencia y pegas. Cuando, como dice Sixto Naranjo en su Blog ‘A ras de albero’, deberían estar deseosos de entrar en los ciclos y más si se trata de la Feria de San Isidro, escaparate internacional de proyección, se quiera o no se quiera.

Partimos de la premisa de que en los últimos años existe una aparente indiferencia por lo que ocurre en las novilladas. Estos festejos, seamos claros, apenas interesan al aficionado y nada al espectador ocasional. Desde tiempos de Julián López ‘El Juli’ no ha habido un novillero que lleve a las plazas interés para el aficionado. Hoy los novilleros aprenden en las escuelas, se puede decir que dominan la técnica, pero el alma, la personalidad artística, hay muy pocos que la tengan. Son meros alumnos de “academias del arte”.

Decía Courbet (1819-1877), pintor francés, fundador y máximo representante del realismo, en una carta de 1861: “No puedo enseñar mi arte ni el arte de ninguna escuela, ya que niego que tal arte pueda enseñarse; el arte es completamente individual, y el talento de cada artista es el resultado de su propia inspiración”.

No consiste en realizar el toreo igual a otros, el artista se debe dejar llevar por su inspiración, por su entusiasmo. Esta inspiración la constituye la disposición primera e interior de artista que quiere crear belleza.  La producción de una obra de arte estética, tanto en la Tauromaquia como en las demás artes, requiere el concurso armónico de todas las fuerzas intelectuales y sensitivas.

El principio vital que ha de tenerse para llegar a ser Artista en la Tauromaquia, es la fantasía, poder crear el arte. El novillero ha de dejar a un lado el mecanicismo de la instrucción en la escuela y poner al servicio del arte la idealidad, la riqueza y el vigor de la facultad de creación y la fantasía, ahí es donde se revela el genio artístico, primer requisito para dejar la impronta de un arte propio e individual.

La actividad sensitiva del artista ha de dirigirse exclusivamente a crear belleza una vez dominada la bravura del toro, con noble y pura pasión y sereno movimiento, hasta dar con el fruto de su virtud creadora. Si no, se convertirá en un mero funcionario sin interés y sin 'licencia' para exigir nada.

Imagen:
Dos estilos academicistas:
“Ninfas y sátiro”  de William Adolphe Bouguereau, 1.873.
Muletazo 'tecnicista' y sin personalidad artística de Adrian de Torres en Madrid. Foto: Ivan de Andrés.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...