viernes, 18 de marzo de 2011

Morante, Kandinsky y el alma del artista


Viendo la manera mover el capote, componer la figura, meter los riñones a Morante de la Puebla en la corrida de ayer en Valencia, me vinieron a la mente las consideraciones de Kandinsky sobre la obra de arte y el artista.

Más o menos, viene a decir que la verdadera obra de arte nace misteriosamente del artista por vía mística. En la Tauromaquia, el artista unido al toro, crea una obra que adquiere vida propia, que se convierte en una personalidad, en un sujeto independiente que crea una vida material real. La obra de arte vive y actúa, colabora en la creación de la atmósfera espiritual. Consideraciones que se acercan al sentimiento que puede crear el Arte de Morante de la Puebla.

Por el contrario, desde ese punto de vista interior, únicamente puede discutirse si la obra de arte es buena o mala. Cuando es “mala” o no se llega al acople con el toro, es que la forma de torear es demasiado débil para producir vibraciones anímicas puras.

En otras palabras, el artista de la Tauromaquia, no solo puede sino debe utilizar las formas de torear según sea necesario para sus fines. Será necesaria la libertad sin trabas de ese artista para escoger los medios. Esta necesidad es el derecho a la libertad artística absoluta en el plano interior moral.

La Tauromaquia es un arte, y el arte, en general, no es una creación inútil de objetos que se deshacen en el vacío sino una fuerza útil que sirve al desarrollo y a la sensibilización del alma humana. El arte es el lenguaje que habla al alma de las cosas que son para ella el sustento cotidiano. Como el capote de Morante sensibiliza al espectador ávido de sensaciones artísticas.

Por último, el artista ha de intentar transformar una situación primitiva como es el combate contra la fuerza bruta del toro, reconociendo su deber frente al arte y frente a sí mismo, y considerarse no como señor de la situación sino como servidor de designios más altos cuyos deberes son precisos, grandes y sagrados: El artista debe educarse y ahondar en su propia alma, cuidarla y desarrollarla para que su talento externo tenga algo que ofrecer, y que la obra no quede sin sentido y vacía.

El artista debe tener algo que decir porque su deber no es dominar la forma sino adecuarla a su contenido”.

Imagen:
Morante de la Puebla ayer en Valencia. Foto: Rullot para http://www.torosvalencia.com/
‘Neptuno y Tritón’ Gianlorenzo Bernini. 1620

1 comentario:

  1. De lo espiritual en el arte... Muy a propósito, Jose, este acercamiento místico a Morante, vía Kandinsky. Que también escribió que el gozo del artista "es igualable a su desmedida tristeza interior".
    Algo de esa tristeza se atisba en Morante, que ha sido capaz -toreando- de trascenderla y darle un sentido: crear una obra y, al tiempo, hacer felices a otras personas.
    Un gran saludo.

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