martes, 15 de marzo de 2011

El poder del Centro


En el plano físico, el mundo de las actividades diarias, está penetrado de una fuerza dominante: la de la gravedad. Todas las cosas están siendo atraídas hacia el centro de la Tierra, al igual que la bravura imanta al Toro hacia el centro del ruedo.

En una Plaza de Toros, como estructura esférica, todos los objetos orgánicos e inorgánicos se configuran en torno al centro. La centralidad es una propiedad estructural indispensable de cualquier composición en las artes visuales. La interacción entre los dos actuantes de la faena, Toro y Torero, genera formalmente la complejidad de la forma, el color, el movimiento, etc. de cara a nuestro sentido de la vista; y representa simbólicamente la relación entre el fin de todo Arte, la perfección.

Esta composición visual es interesante porque la forma perceptual constituye el medio más potente e indispensable para comunicarse con la obra de arte en el ruedo.

El centro, que comunica el peso, la distinción y la estabilidad de la faena, está creado por todas las fuerzas circundantes teniendo más peso en todas ellas, la bravura del toro. En la obra, la composición estará basada principalmente por la jerarquía de dos elementos, Toro y Torero, que se equilibrarán recíprocamente como los platillos de una balanza.

Por tanto, en el proceso de creación de la obra, el artista (Torero), afronta de continuo dos tareas mutuamente imbricadas:  configura y dispone los componentes de manera que se equilibran en torno al centro del ruedo (composición global), y determina la naturaleza y el sentido de la faena refiriéndola al centro. La segunda tarea deriva del hecho fundamental de que si el Toro no tiene la suficiente condición de bravo para plantear pelea en el centro, exigirá la justificación de crear el Arte de la Tauromaquia en una desviación de ese terreno que sea más propicia, es decir, ha de haber una fuerza claramente definida (mansedumbre o descaste) que mantenga al Toro alejado de esa base.

Imagen:

Cartel Turístico de Chinchón editado en 1960. Antonio Bienvenida en el centro del ruedo.
Virgen de las Rocas. Leonardo da Vinci , 1483-1486, Óleo sobre tabla, 199 cm × 122 cm (Museo del Louvre)

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