miércoles, 28 de diciembre de 2011

Imanol Sánchez, el discípulo que supera al 'maestro'


El novillero Imanol Sánchez, ha dejado una muestra de arrojo al ofrecerse para matar cualquiera de las novilladas que la actual gestora de la Plaza de las Ventas ha propuesto para el mes de Septiembre de 2012.

No sería noticia si no fuera porque se trata de encastes olvidados, rehuídos por las figuras (y no tan figuras) y que gracias a ese rechazo, se encuentran en peligro de desaparecer: Saltillo, Urcola, Coquilla, Veragua, Gamero Cívico y Vega-Villar.

En el capítulo del Arte, se puede decir que el 'discípulo supera al maestro'.

Y es que el artista, en este caso 'discípulo', de la Tauromaquia no debe olvidar que es el que tiene que dar una respuesta anticipada y que ésta es la manera por la cual es posible descubrir nuevas formas interirores de solventar dificultades.

El verdadero sentido del Arte de la Tauromaquia es la infinita variedad de comportamientos y la capacidad que tiene la mente y destreza del Artista para resolverlos.

Imanol Sánchez, quiere ser artista, por ello ha querido trascender a otro 'espacio', superarse en un contexto que es ajeno, por desgracia, a los 'maestros'. Ahora es cuando puede decirse que el discípulo supera al 'gran maestro', ya que su mente quiere demostrar que tiene facultades para crear una obra con otros valores, otros encastes.

Solo recordar a los demás 'discípulos' que, ya que hoy día en el ámbito de las figuras, (llamesé maestros), no existe un mínimo interés por realizar la obra con otro tipo de métodos y capacidades que no sea el mismo tipo de toro, hagan suya la frase del Gran Leonardo Da Vinci, "Desgraciado el discípulo que no supera al maestro". Imanol Sánchez va por buen camino.

Imagen:

Imanol Sánchez frente a un precioso novillo de Los Maños en la novillada celebrada en Zaragoza el 21 de mayo de 2011. Foto: http://www.imanolsanchez.com/

lunes, 26 de diciembre de 2011

Censura a la educación artístico-taurina en Galicia

Tras la decisión adoptada por las fuerzas políticas gallegas de prohibir la entrada a los menores de 12 años a los toros, no sólo se atenta contra la libertad de decisión del progenitor, también se está dinamitando la importancia de la creatividad en la educación artística y estética taurina del niño.

En una Plaza de Toros se crea Arte. Por desgracia, las mentes cortas de los políticos no van más allá de la 'sangre', y han decidido que una parte tan importante de nuestra expresión y percepción estética como es la Fiesta de los Toros ya, no sólo pase a ocupar un lugar secundario, sino a que desaparezca definitivamente en la vida de los niños menores de 12 años en Galicia.

Se está privando del contexto de creatividad taurina, una actividad dinámica y unificadora del hombre frente al toro, que constituye un proceso complejo en el que el niño puede llegar a reunir diversos elementos de su experiencia para formar un todo con un nuevo significado para él.

Por ejemplo, para Lowenfeld, todos los niños nacen creativos, ya que potencialmente existe en ellos desde muy temprano una necesidad de explorar. Ahora, gracias a los incultos políticos gallegos, una faceta artística tan grande como es la Tauromaquia crecerá de interés para ellos y han conseguido que se inhiba su natural curiosidad.

Da igual la riqueza artística y visual que puede suponer una tarde de toros para un niño. Y es que el Arte nunca se ha llevado bien con el 'fascismo', porque en el Arte, y más el de la Tauromaquia, lo que prima es la libertad, esa que la incultura hace a los políticos restringirla.

Imagen:

Un niño mira ensimismado a José Tomás, de Anya Bartels

jueves, 22 de diciembre de 2011

El Sueño Paula, el Sueño del Arte


Rafael de Paula.Alguien que supo ver, desde su Jerez natal, que el límite de lo humano se puede traspasar con una herramienta solo alcanzable por unos elegidos, la inspiración.

Perdiendo la mirada en el horizonte en las playas del Puerto al atardecer, hace que sus pensamientos se sumerjan en el vaivén cadencioso de las olas del mar que rememoran acometidas de ese toro que le gustaba, ese toro con embestida artista y dispuesto a convertirse en parte de una obra de arte.

Y la tierra firme, su pecho, quieto y de frente, y el borde de la arena mojada, en el que se imprimen las olas, su capote dibujando verónicas en el aire dejando una estela rosa que quedaba grabada en la retina como un deslumbrante resplandor que sólo cerrando los ojos, se es capaz de saber la verdadera dimensión, cadencia y trazo que había dibujado ante el toro. De ahí al resto de los sentidos, a sentir el arte gracias al artista de Jerez de la Frontera.

Por más manuales que lo intenten nunca se podrá escribir el Arte. El Arte se siente. Las palabras y páginas de las obras nos harán conocer en definitiva la vida de este Torero que ha hecho que al oír Cádiz inmediatamente nos venga a la memoria el Arte en todos los terrenos de la vida. Pero esas palabras no serán capaces de describir la figura de este hombre, más cerca del numen que el resto de los mortales.

Esa inspiración fue la que le hizo acariciar las embestidas del toro y llegar a convertirse en un mismo ente en el núcleo del ruedo, y que al llegar a ese punto de creatividad nadie en la plaza pensara que en el centro había dos figuras, hombre y toro. Cuando se estiraba por verónicas, todo era uno, y en medio un pincel de franela rosa, un muro de tela en el que a un lado estaba el bien y al otro estaba el conducto por el que se llega a la plenitud del toreo, bendito toro, bendito animal. Aunando fuerzas se hacía palpable que allí estaba ocurriendo algo fuera de lo normal, algo irrepetible hecho con el don para el Arte que sólo están tocados los elegidos.

Gracias Don Rafael de Paula siga descansando y respirando el aire fresco que viene del mar. Ojala que en una de esas brisas que llegan a la playa venga un chorrito, solo un chorrito, de inspiración, porque el arte ya lo lleva dentro. Lo demostró.

Imagen:

Foto montaje de una imagen de ABC y una media verónica captada por Botán.

martes, 20 de diciembre de 2011

Breve repaso al Arte de El Fundi


El Fundi dirá adios este año a una dilatada carrera en la que el reconocimiento ha llegado en su última etapa como Artista.

Repasar la trayectoria artística del torero de Fuenlabrada, supone hacerlo en varias etapas. Los orígenes vienen marcados por dos hitos. Uno,como todo artista que sale de la Academia de Toreo, Jose Pedro busca obras de cierta relevancia artística. El segundo será la pertenencia a ese Grupo de toreros nacidos en la escuela de Madrid como son Joselito, El Bote, etc. En estos momentos la tauromaquia de El Fundi aun no se ha concreta, lo que deja ver en él la diversidad de tendencias que coexisten en el toreo que ejecuta durante este primer periodo.

Pero pronto su carrera estará marcada por la adscripción de Jose Pedro a esa escuela de toreros que por su arrojo y valetía ha venido siempre a condicionar poderosamente la evolución de la Tauromaquia. Es una etapa que implica dramatismo, contrastado con el fuerte compromosiso para con El Toro, sea de la condición que sea. Esas serán las señas de identidad de la obra creada durante estos años. Pero nunca hay que olvidar la calidad de su toreo, que a pesar de el tipo de Tauromaquia demandada por sus 'oponentes', nunca escapará de su universo interior.

En la tercera etapa, el artista se deja tentar por el cultivo de una técnica expresiva intrínseca y deudora del profundo expresionismo adquirido en las corridas denominadas 'duras'. Periodo determinado por la elaboración de una tauromaquia mucho más intimista, con menos concesiones al 'tremendismo' y de un gusto con ascendencia en la obra tauromaca de los grandes maestros.

Se va El Fundi, y cabe la duda de si en este último año recuperará la forma plástica de interpretar una Tauromaquia donde La Verdad frente al toro ha sido su muleta. Solo desde esta perspectiva podemos intentar comprender una forma de torear que fue como una vuelta atrás en el tiempo donde se daba importancia al Toro, algo que siempre ha tenido presente un artista honrado, Jose Pedro Prados 'El Fundi'.

Imagen:

El Fundi en la Feria de San Isidro de 2010. Foto: Juan Pelegrín para las-ventas.com

viernes, 16 de diciembre de 2011

El Reto en el Arte de la Tauromaquia: Fernando Robleño en Ceret


El hecho de que Fernando Robleño se haya anunciado para estoquear 6 toros de José Escolar en la localidad francesa de Ceret, me ha hecho reflexionar sobre el sentido del 'reto' que supone en realidad la Fiesta para un Artista.

Por lo que estamos viendo en los últimos tiempos en los que se está rehuyendo de encastes que pueden llegar a poner más complicaciones, parece que para algunos la Tauromaquia se está convirtiendo en pasar de la manera más agradable un breve instante de la vida.

Este 'teorema' es confuso cuando se trata de jugarse la vida para realizar una obra de Arte. Me explico. La Tauromaquia, y con ellas las figuras y demás artistas del escalafón, deberían tener la voluntad de atribuir el mayor valor posible a este Arte, antes de que perezca. Esto se consigue avanzando todos al máximo posible en la busqueda de la verdad del toreo frente a todo tipo de encastes, con sus complicacines y virtudes.

Gestos como el de Fernando Robleño, hace que aceptemos que en la Tauromaquia se acepta (valga la redundancia) el reto de la muerte sin trampa ni cartón. Otros artistas, al igual que en otras facetas artísticas como el pintor, el compositor, etc., se esforzarán por realizar la obra más hermosa por afán de agradar y por buscar la calidad  de la propia obra.

El torero debería tener como única preocupación La Verdad, fiandose de su juicio para acatar los riesgos y no comodidades de la Fiesta de los toros. Ya que el toro es un 'paño desnudo' para la utilidad del artista, es un 'material informe' pronto a modelar.

El Torero no debe ser conformista, liviano, y debe aceptar retos implícitos en su profesión para convertirse en Maestro que aglutine todas las capacidades del Arte de la Tauromaquia, y ser el primero en Amar al Toro, pero a todo tipo de Toros, sean de la sangre que sean.

Imagen:

Fernando Robleño tras cortar una oreja a un remiendo de El Torreón en San Isidro de
2010. Foto: IVÁN DE ANDRÉS

viernes, 9 de diciembre de 2011

El Torero comprometido frente al del Arte por el Arte


A mi modo de ver, en las últimas fechas ha resurgido un fenómeno taurino dentro del escalafón: un grupo de toreros, jóvenes la mayoría (leasé Diego Urdiales, Iván Fandiño, David Mora, Rafaelillo, Sergio y Alberto Aguilar, etc.), con excepciones significativas como El Fundi, Frascuelo, etc., que presenta una faceta de gran interés en la Tauromaquia: son los toreros comprometidos.

Se denomina a veces 'Tauromaquia Comprometida' a aquella que tiene vínculos estrechos con las ganaderías de encastes casi en vías de extinción por la falta de festejos en los que se incluyen. Es una Tauromaquia en la que el torero se realiza mediante una identificación con lo que siempre se ha venido a llamar, y a suponer, que llevaba implícito la condición de Matador de toros: Arrojo y Torería para afrontar retos.

Pero al parecer, la figura del Torero Comprometido , ha pasado a ser algo impropio en un tiempo en el que se busca un toro que sea beneficioso para el Arte por el Arte. Y es algo totalmente desfavorable para la Tauromaquia, ya que no debiera de haber más que un solo Arte, aunque con diferentes enfoques y maneras dentro de la estética del toreo.

El artista, o la figura, que cultiva el Arte por el Arte, el toreo artista, no es más que un representante del arte burgués, de sus concepciones y formas. Los llamados artistas comprometidos lo son con una realidad distinta, un tipo de toro con un comportamiento distinto que si no se hace algo, puede llegar a desaparecer. Una realidad vista desde un ángulo distinto de aquellos.

Los toreros 'artistas' dirían que tienen un compromiso con el arte puro y nada más, dirán que no interesan los gritos revolucionarios dentro de la Fiesta; los comprometidos, desde su burladero, hablarían de una identificación con la afición, con todo tipo de encastes y los problemas que los aquejan.

Todo se reduce a la vieja polémica Artistas-Valientes, comerciales-duras. La Tauromaquia debería ser siempre comprometida, y el Artista mostrarse interesado, e incluso obligado, con la problemática de la desaparición de cierto tipo de encastes que acecha. Todo ello a través de la obra de arte en el ruedo delante de un toro del tipo y condición que sea.

Imagen:

Diego Urdiales 'comprometido' con un albaserrada de Victorino Martín en Bilbao. Foto: diegourdiales.net

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Quito, la obra inconclusa


Despues de la polémica suscitada por la imposición de las autoridades ecuatorianas de no permitir terminar la Obra de Arte en el ruedo, reflexionamos desde el Arte haciendo una pregunta al torero que se presta a la no consumación de un sueño, ¿Qué pierde el Maestro cada vez que no se termina una obra?.

El torero, tiene unas ideas que hay que pulirlas delante del toro, para poder ver con claridad la obra de arte. Esto requiere gran paciencia. El artista, seguramente, tendrá visualizada mentalmente e irá imaginando todo el concepto completo, hasta que con la ayuda del toro lo pueda ver y tocar con su imaginación. Ese sueño y esa obra, el torero, sentirá pasión por verla convertida en realidad.

Pero al no poder rematar, como ha sucedido en Quito, pierde el motivarse, y asegurarse del cumplimiento de la realización de su obra en el ruedo. Parece que ha faltado energía y don  para vencer la inercia de la comodidad, y ya no frente al toro, frente a la imposición. Es importante que el artista asuma sus deberes para con el Arte de la Tauromaquia enfrentándose a la demagogia valerosamente. La motivación de alcanzar el sueño y culminar la obra delante del toro debe ser más poderosa que cualquier mandato.

Si se consigue, matando al toro en el ruedo, merece un gran festejo por todo el esfuerzo. La sangre, sudor y, a veces, lágrimas derramados durante la faena merecen una gran culminación. Terminar la obra debe dar felicidad y reconocimiento al matador. Si este quiere pasar a la historia de la Tauromaquia, quítese la flojera, el desdén, y la complacencia ante autoridades fascistoides que le impiden terminar su obra en el ruedo.

Hay que tener pasión por su profesión, energía, motivación y disciplina para culminarla obra, ya que sólo el torero y nadie más, puede hacerlo con los dones que posee.

Si todos los toreros concluyeran las obras que piensan, que sueñan y que crean seguramente el mundo del toro sentiría que todo lo hecho y luchado hasta ahora ha valido la pena.

Imagen:

Antonio Ferrera simulando la suerte de matar con una banderilla en la Feria de Quito 2011. Foto: Olga Holguín para aplausos.es

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Diego Puerta, el artista de arrojo


Nos ha dejado Diego Puerta, 'Diego Valor', como se ganó el derecho de que le apodaran. Un artista de arrojo en el que sus medallas de las Bellas Artes se tradujeron en 46 'distinciones' en forma de cornadas.

Para el Arte de la Tauromaquia, Diego Puerta ha supuesto la figura del Artista de arrojo. En el toreo en el sentido de técnica se aprende, y al final se consigue dar pases, con más o menos solvencia. Pero para ser torero o artista, se ha de ser valiente, decidido, y ante todo perseverante. Características que Puerta aunó.
Puerta vivió una gran época del toreo, donde se codeaba con 'toreros de arte', pero el conservó el arrojo y la decisión, llegando a tocar incluso el atrevimiento, señalando que el camino del valor, conduce a su fin.

Y ese caracter se reflejó en sus obras frente al toro, porque el Arte de la Tauromaquia no es más que la naturaleza a través de un temperamento, y el temperamento de Diego Puerta fue su tesón.

Hoy las figuras están acomodadas, se ha creado una escasez de ambiente en la Tauromaquia, un exceso de imitación que conlleva al aficionado a un pesimismo enervante, ya que se ve en el torero una falta de aliento. Quien así plantea la Tauromaquia, teniendo idea y talento para enfrentarse al toro encastado y bravo, puede hacer más.

Más como Diego Puerta, quien lo hizo sin miedo, con arrojo, sin timidez injustificada delante del toro y con esa constancia que lleva de la mano a presentar el Toreo sin tapujos, sin ventajas, el toreo que fue producto de una idea dificil de concretar, un espejo fiel donde se reflejó con Arte un trozo de la verdadera Naturaleza del combate del hombre y el toro, ya que ahí y no en otra parte, está la belleza verdadera. Por tanto con Diego Puerta se va el artista de arrojo.

Imagen:

Diego Puerta en el patio de caballos de Pamplona. Foto: feriadeltoro.net

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El Subalterno y la buena preparación del soporte para la Obra


La fase intelectual del Torero en el proceso creativo siempre requiere de un soporte, (albero), procesos técnicos (faena), y unos materiales (el toro), necesarios para la materialización de la idea.

La preparación del material, que es el toro, por parte de los lidiadores es básica y fundamental ya que de la calidad de la lidia dependerá, en buena medida, que no se agraven los inconvenientes de su comportamiento durante la realización posterior de la obra (faena) por parte del artista, así como la mejor embestida de éste durante el mayor tiempo posible.

De la técnica empleada durante la lidia por los subalternos dependerá el no menoscabar el comportamiento del toro, teniendo como fin modificarlo para que de la fiereza llegue la entrega en bravo, en función de los intereses de cada artista.

El objetivo claro y prioritario de una buena lidia es el 'enseñar a embestir' al animal para ello, los subalternos tendrán que recurrir a las mejores artes para facilitar la ejecución de la obra al artista. Se habrá de evitar por tanto la mala utilización de las telas, los capotazos bruscos o farragosos, los toques innecesarios que harán confundir y restar embestidas al toro en el último tercio, vaciar la embestida por alto... La secillez, en definitiva, es lo que ha de primar.

Para terminar, podríamos definir la labor del subalterno-lidiador como el conjunto de operaciones necesarias que hay que ejecutar con la mejor técnica posible para que, sea cual sea la condición del toro de salida, lo habiliten de la manera más adecuada posible, dependiendo de su comportamiento claro está, para la realización de la obra de arte taurómaca.

Imágen:
José Otero en un grandísimo capotazo a un novillo de El Retamar, el 29 de agosto de 2010. Foto: Juan Pelegrín para las-ventas.com

martes, 1 de noviembre de 2011

Andrés Vázquez, el arte del pueblo


Estos días a saltado a la palestra la noticia de que Andrés Vázquez a sus 80 años va a matar un novillo-toro de Victorino Martín para celebrar sus 50 años de alternativa en Zamora. Un hecho noticiable si se tiene en cuenta la edad y el encaste del que se trata, por muy novillo-toro que sea. Actos así no pueden dejarse a un lado desde la Historia del Arte de la Tauromaquia, así que desde aquí vamos a desentramar, en la medida de lo posible, la Tauromaquia de Andrés Vázquez: el arte popular.

Para algunos, la cultura es un privilegio de las clases superiores; para otros, una peculiar forma del saber orientada hacia la vida moral; para otros, la seña de identidad de un grupo étnico. Para hombres como Andrés Vázquez la cultura es la suerte que tuvo de ser Torero, de ejecutar un arte excelso incluso sin, quizá, tener consciencia de ello.

Para "El Brujo de Villalpando" seguramente el Toreo no fue un problema de lógica, y sí de necesidades. El dilema surgió cuando se empezó a tomar partido por una "Tauromaquia académica" y a dar de lado una "Tauromaquia popular". La 'Ilustración taurómaca', fue soberbia en cuanto a que la Tauromaquia académica, su Tauromaquia, fuera la que tomara el poder y la razón. Lo demás, la Tauromaquia de arrojo, de valentía, y de gestas era cosa de la "chusma", de "la canalla", a la cual no podían otorgársele otras cualidades que la torpeza a la hora de realizar el toreo y la vulgaridad de las formas. Pero no hay que olvidar que la Tauromaquia de a pie fue un arte popular, un rito que se convirtió en Arte.

Así en el Arte de Andrés Vázquez existió una función estética, claro que sí, pero ésta no es exclusiva ni predominante. El trató de embellecer el ritual, volcó en ello toda su creatividad, tuvo un modo de estar delante de los toros asegurando la eficacia de una ceremonia, de alcanzar con mayor facilidad el favor de públicos y aficionados. Por tanto, en el arte del zamorano la función estética siempre existió, pero estuvo superpuesta en la compleja trama del sentido final de la Tauromaquia, el vencer al toro.

El arrojo y la valentía de Andrés Vázquez fueron un esfuerzo para poner coto a la degradación que por momentos vivió el Arte de la Tauromaquia popular, ya que fue un valioso aporte a la causa de los sectores 'subalternos', la fuerza de su toreo dependió siempre, y dependerá, de no perder nunca su identidad.

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Andrés Vázquez antes de hacer un paseíllo en Madrid: Foto: victorinomartin.com
En un pase en las Ventas. Foto: Peña

domingo, 23 de octubre de 2011

Antonio Chenel, el último bohemio de la Tauromaquia


Se nos ha ido Antonio Chenel 'Antoñete' el último artista bohemio que quedaba en la Tauromaquia. Una vida que fue bohemia tanto en el mundo de las razas errantes así como en la de los artistas apasionados, ya que no tuvo hogar fijo, y corrió por los ruedos buscando la dicha intangible del Arte.

Fue un bohemio que no se quiso plegar a los yugos de la vida burguesa para poder consagrarse a cultivar las quimeras adoradas en forma de toros. Fue bohemio porque puso el ensueño por encima de la realidad, el Arte por encima de la técnica, y el Toro por encima del simple animal. Fue bohemio porque siempre tuvo la fuerte convicción de que fuera del Arte, el artista se agota.

Conservó siempre, aún tomando los nuevos modos de vivir, lo eterno que son los anhelos, los ideales, los amores, los entusiasmos, los desintereses y sobre todo la pasión exclusiva que solo da el arte de torear.

Se va el último castizo, con una vida tan admirable como pícara en la que todos los tesoros de la Tierra no pueden compararse con los que Chenel se lleva en su propia alma ya que supo ser Torero en la vida como lo fue en el ensueño; cuando fue el autór de la faena cuasisoñada y el Homero de su barrio; cuando recorrió las calles por donde pasaba cotidianamente, lo mismo que un emperador recorre las rutas de sus pueblos.

Adios Chenel 'Antoñete', creíste en el arte de la Tauromaquia como se cree en una religión y no te privaste de nada pero jamás renegaste de la belleza. Por eso fuiste bohemio, lo demás es miseria, desorden e impotencia.

Imagen:
El diestro madrileño 'Antoñete', en una imagen de archivo. Foto: larioja.com

miércoles, 19 de octubre de 2011

Juan José Padilla, guerrero y artista



Vayan aquí unas reflexiones desde la visión del arte sobre Juan José Padilla, un diestro que con su decisión y valentía ante la vida, ha hecho remover los sentimientos de una afición que ha sabido valorar el compromiso frente a la muerte.

No es una Tauromaquia ortodoxa y mucho menos seguida, incluso criticada por aquellos espectadores que hacen llamarse 'puristas', pero Juan José cuando se viste de torero se propone ordenar la forma de torear por medio de figuras, de planos 'cromáticos' y por la estructura de sus faenas. Convertir lo efímero en eterna emoción, o como podría decirse también, construir, con los medios que el torero tiene a su alcance, obras de creación propia y generalmente con la dificultad de la clase de oponentes a los que se enfrenta.

Las obras de Juan José Padilla se fundamentan en la armonía de fuerzas dinámicas y estáticas (toro y torero) equilibradas, en la solución de ese conflicto entre carga y sostén, acción y reacción, tensión y relajación. Por ejemplo, en sus tercios de banderillas las formas ortodoxas se desmaterializan, la masa del toro pierde su densidad, su sombría pesadez y su corporeidad natural.

Gracias al arrebatamiento y disposición con que Juan José encara la muerte, reside en la plaza una vida orgánica;suena, vibra como movimiento convertido en frenético ritmo.

Las formas empleadas por Padilla, son las de realizar espectáculo. Lo que él entiende por Tauromaquia sólo lo podemos adivinar, descifrando posteriormente sus creaciones. Es algo abstracto: hace concordar la emoción del toro con casta, con fiereza que le ha tocado en suerte como compañero, con su vivencia interior y bulliciosa. Para lograr esto, es necesario, ante todo, la comprensión de las facultades que los medios de creación ofrecen al torero y sirven para dar validez a su Toreo.

Es un arte de torear que no se basa en un 'tema' palpable, comprensible y reconocible, en que el espectador no pueda atenerse a lo que está representando el artista jerezano. Es un arte que procura impresionar por medio de la forma, no por medio del contenido.

Juan José tiene claro que el arte de torear debe estar al servicio de una causa, y sabe que los 'puristas' no saben que el toreo siempre ha sido un arte al servicio de... Al servicio del hombre, del torero, que frente al toro, frente al misterio sin respuesta, pide una interpretación que dé a la vida un sentido, una vida que para Juan José Padilla, sin toro, carecería de él. ¡Fuerza Padilla!.

Imagen:
Fotomontaje de Juan José Padilla antes de hacer un paseillo en las Ventas. Foto: las-ventas.com y
Par al violín en la Maestranza de Sevilla. Foto: MATITO

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Expolio del patrimonio taurino-español en la región catalana


El día 25 de septiembre de 2011 se llevó a cabo el expolio de una parte Patrimonio Español en Cataluña, la abolición de las Corridas de Toros, comparable al que ocurrió durante la invasión napoleónica a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Desde un punto de vista cultural, los dos saqueos han sido, cada uno en su época, de una importancia suprema. Tanto el realizado por las tropas francesas, como el llevado a cabo por  las 'ordas nacionalistas' catalanas, coincidieron con una falta de regulación jurídica y con la escasa conciencia ciudadana de su valor artístico.

Al igual que el modelo empleado por Napoleón, la política catalana ha llevado a cabo su proyecto con dos objetivos principales: reclamar la independencia de un territorio (Napoleón directamente lo conquistaba), y el expolio sistemático de los bienes culturales de todo lo que no sea identitariamente catalán.

En Cataluña, ni Libertad, ni Igualdad ni Fraternidad, la admirada divisa masónica, han servido, y se ha llevado a cabo una sentencia nada solidaria, nada fraternal y, desde luego, nada respuetuosa hacia el bien artístico de un pueblo, como es la Tauromaquia. Bajo la aparente imagen de personas educadas y cuidadosas con la historia y el arte del pasado, la política catalana se ha contradicho con su comportamiento.

Para la vuelta de la Tauromaquia a Cataluña, los políticos de nuestra época deberían fijarse en una decisión tomada por Fernando VII, quien a su vuelta a España en 1814,y después de los saqueos que se llevaron a cabo por parte de los franceses, ordenó la devolución de las obras de arte, (incluída la Tauromaquia, permitiendo incluso abrir una Escuela de Tauromaquia en Sevilla), que estuvieran en España o en el extranjero, a sus lugares de procedencia, lo que impidió que un número significativo de ellas se perdieran definitivamente. Pues bien, en nuestros días habríamos de luchar por la creación de un organimo a nivel estatal para que se encargara de la defensa de la Tauromaquia y que, mediante acuerdos, hicieran que Cataluña se viera obligada a acoger las obras de arte taurómacas que habían sido explusadas por la política nacionalista catalanas.

Sea como sea, la Tauromaquia, custodiada en la Plaza Monumental de Barcelona genera una gran admiración y sus obras tienen sumo interes en una parte de la ciudadanía de esa región española, así como en ciertos países eurpeos cercanos.

Por ello, este expolió traicionero del Arte de la Tauromaquia debería servir para que la ciudadanía española despertara de la modorra taurino-cultural y comenzara a valorar su Patrimonio Histórico. Deberíamos plantearnos, los amantes del toro, hacer todo lo imposible porque surgiera un nuevo espíritu que anime a emprender un camino cargado de ilusión y futuro. Así se aprenden las lecciones de historia de un pueblo y así se comienza a admirar, conservar y proteger el Patrimonio Cultural y Taurino, que es de todo el mundo y que todas las personas aficionadas estamos llamadas a guardar y difundir como el más preciado tesoro, del que hemos de ser fieles depositarias y diligentes divulgadoras.

Imagen:
Serafín Marín a hombros en la última corrida de Barcelona. Foto: EFELas puertas cerradas de La Monumental tras la corrida. Foto: lavanguardia.com

martes, 20 de septiembre de 2011

La destrucción del Arte en Cataluña


No es solamente ignorancia, la enorme ignorancia de la cultura de su región de, por más que les pese, de su país, la que ha hecho que los catalanes destruyan el arte de la Tauromaquia de su pasado y aún de su presente, sino el egoísmo, la ira y la falta de protección legal hacia esas obras de arte efímero que se plasman en el ruedo, que son nuestro máximo patrimonio de cultura.

Da lástima ver lo poco que hacen las instituciones por conserver el Arte de la Tauromaquia, salvo goterones aislados, no existen leyes protectoras de estos "monumentos" vivientes.

Para comprender lo que va a ocurrir en Cataluña el próximo domingo, la angustiosa destrucción y abandono que ha sufrido el Arte de Torear en esa región española habría que partir de tres bases: La ignorancia, el egoísmo y la falta de protección jurídica.

Parece obvio y sorprendente tras los sucesos abolicionistas que cualquier ciudadano puede destruir una parte de nuestra historia, sin ver las consecuencias económómicas que va a traer la desaparición de los toros en Cataluña. Pongamos un ejemplo con otros artes. Se destruye un edificio de gran valor arquitetónico en una ciudad, no hay sanciones. Un buen día una firma comercial, o un particular lo compra, dinamita lo poco que queda para sacarle jugo economico y enriquecerse, pero la historia ¿qué importa?.

Por otra parte, mientras que no se enseñe a los abolicionistas y políticos catalanes que el Arte de la Tauromaquia, es valioso; mientras no se haga una verdadera defensa para declarar la Fiesta como intocable, y se conciencien en otras regiones del pais, todo se irá extendiendo y será inútil.

Vayamos al egoísmo. Muchas personas y autoridades catalanas saben que la Tauromaquia es una obra de Arte valiosa, insustituible, única, que es la honra y la atracción de un pais, que es uno de nuestros legados más estimables y sin embargo se han hecho los olvidadizos ante la perspectiva de un puñado de votos nacionalistas y ante la seguridad de que nadie en la Comunidad Autónoma de Cataluña,y lo que es peor, desde el Gobierno central, les dirá nada.

Así es como se ha cambiado un pase de pecho por una senyera, una trinchera por una barretina,etc., Y el mal ejemplo cunde más que el bueno. Después de que Madrid y Francia declararan los Toros como Bien de Interés Cultural, se creyó que este ejemplo serviría en forma rotunda. Pero de momento no ha sido así, la Tauromaquia corre  peligro, y el acecho más importante es el del olvido.

Debemos pues, los aficionados a los toros, dar la voz de alarma ante los desmanes y el fanatismo de la "Inquisición" nacionalista y que no seamos testigos de los saqueos y la destrucción de una de las más valiosas formas de Arte, La Tauromaquia.

lunes, 19 de septiembre de 2011

El peligro de la imagen liviana del Torero


Uno de los peligros apenas perceptible que acechan al Arte de la Tauromaquia es la pérdida de identidad como ser 'supremo' del Torero. La inclusión en su vida privada, en sus sentimientos, etc., puede llevarnos al error de mirarlo con cotidianidad, cuando la figura del Artista de la Tauromaquia siempre ha revelado misterio y grandeza con su sola presencia.

En este nuevo artículo intentaremos desglosar la figura del Torero como individuo diferente por el simple hecho de crear un arte superior a los demás ya que para ello deberá sortear a la muerte.
Torero es una persona que cultiva el arte de torear, en el que la habilidad de sus manos va a servir de intérprete al ingenio y al talento para plasmar la pura virtud de la Tauromaquia tanto en la invención como en la ejecución. Emplea sus manos para expresar los sentimientos de su alma.

Hubo un tiempo, menos ilustrado, donde la calidad de torero no pasaba de una simple profesión, la de matador de toros, mejor dicho, era un oficio, que ya de por sí levantaba admiraciones ya que se le miraba como una de las figuras más nobles y poética de las sociedades cultas e ilustradas.

El verdadero artista de la Tauromaquia tiene ideas, necesidades, placeres y un género de vida propios y peculiares, que debieran hacer de él un ser diferente de la generalidad de los demás hombres. Su existencia es toda meditación y comtemplativa; su vocación se descubre desde los primeros años de edad cuando se pone delante de la primera becerra, y sería en vano contrariarla, porque ya viene al mundo predestinada por la naturaleza, hasta que la casualidad la descubre.

Por eso, la vida del verdadero torero, del artista del toreo, ha de ser totalmente diferente de la vida real y común de los mortales. Ha de tener una mirada peculiar hacia su arte; el objeto continuo de sus estudios, meditaciones y de su admiración ha de ser el Toro; de modo que, si ese animal en otro hombre pasa sin descubrir nada que le parezca digno de atención, el torero descubre en él ideas nuevas y preciosas,así como un aliado ,y a la par enemigo, seguro con el que se enfrentará a muerte y al que si logra dominarlo será una fuente inagotable de inspiraciones grandiosas, que solo fluyen de ese ser distinto que debiera ser El Torero.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Analogía de las corrientes artísticas taurinas con las de El Renacimiento


En pleno Renacimiento hubo en el Arte dos corrientes diferenciadas estéticamente. Son las escuelas florentino-romana y la veneciana. Las dos propugnaban un arte, un estilo propio y diferenciado no por eso menos válido. Una, la florentina, tomaba el gusto por El Natural, por las lineas clásicas y el dibujo, y la veneciana lo hacía más hacia el color.

En la Tauromaquia se da el hecho de que existe, (podríamos llamarlo así), un parangón con esta diferenciación, además de geográficamente (centro-norte y sur), de una estética y forma de entender el toreo propia,hablamos de la escuela castellana y la escuela andaluza. Sin menospreciar otras como la levantina, la catalana, etc. donde se han forjado maestros fabulosos a las que salpican en su forma de entender el toreo características de cada una de las escuelas principales.

Empecemos de la primera de las dos escuelas mencionadas, la castellana, cuyo caracterer es la solidez de las masas a la hora de ejecutar el toreo. En esta escuela prevalece el toreo clásico, formando a sus artistas en el estudio de la Tauromaquia antigua, pues en ella hallan la ciencia del toreo y la exactitud de la expresión austera hasta el punto que no perjudica a la belleza. En la composición buscan la simetría y el equilibrio correspondiendo a un sentido estático de la misma, donde predominan las normas de la Tauromaquia sobre la libertad personal.

El resultado que produce esta Tauromaquia puede llevar a engaño al parecer una obra fría pero bien estructurada, con un acentuamiento de los movimientos nada forzados y opuestos al efecto de sentimiento arrebatado que se da en la escuela sureña.

La otra escuela,la andaluza, al igual que sus referentes venecianos en el Renacimiento, se distingue más por la vivacidad y verdad de su 'colorido' (que dan sus formas de mover las telas, de ejecutar el toreo 'churrigueresto'). Se trata de intersesarse sólo por el momento, como un estado transitorio de la naturaleza misma, para evocar el sentimiento interno del aficionado en un momento fugaz, buscando la corporeidad de un pase, en un ámbito, podríamos llamarlo, luminoso. Cuando se consigue pasa a considerarse sus faenas como "poemas visuales", al estar destinadas a la contemplación y a la consecuente ensoñación que puede provocar una obra taurómaca con 'duende'.

Esta Tauromaquia, por lo tanto, puede considerarse más por su caracter sensual y no por una tendencia intelectual tan importante en la Tauromaquia castellana.

Imagen:
José Tomás, exponente del estilo clásico castellano.
Morante de la Puebla, dejando su impronta del sentimiento andaluz. Foto: MATITO

martes, 6 de septiembre de 2011

Simetría, ritmo y color en el Arte de la Tauromaquia


En la Tauromaquia, como en la pintura, la música o la arquitectura, los elementos de la obra se relacionan unos con otros (en este caso el toro y el torero) para lograr una armonía consciente que cada artista expresa de forma personal.

La simetría en una obra de arte taurómaca es un elemento muy importante que nos da una sensación cuando se unen en el momento del embroque de armonía y belleza suprema.
Los artistas que realizan la Tauromaquia, como los de las demás artes y los científicos, han observado la continua repetición de ciertos patrones naturales, así como las relaciones que se encuentran en el Universo. Al revés de la observación, muchos toreros desarrollan una intuición que les permite expresarse de acuerdo con ciertas reglas de la simetría que, cuando se unen con la acometida del toro, son agradables al ojo humano.

La armonía visual de la obra de arte en el ruedo también se logra por la jerarquización de los elementos que la componen, buscando ritmos que pueden lograrse a través del temple y, porqué no, de sus armonías de color y lineas trazadas con las telas.

En la Tauromaquia el color es un elemento muy importante en el lenguaje de la obra. Con él se pueden recrear experiencias, transmitir sensaciones y comunicar la manera de ver el mundo desde el mundo de Los Toros. Es frecuente que asociemos recuerdos y vivencias con ciertos colores, no sólo porque hayan estado presentes, sino porque los colores tienen en sí mismos la capacidad de provocar y evocar ciertos estados de ánimo. Por ejemplo, el amarillo y el rojo (el vestido de torear y la muleta), se consideran colores cálidos que nos producen mayor exitación, mientras azules y violetas, frios, nos transmiten serenidad. Y por excelencia el color negro en forma de Toro bravo, que si bien es el símbolo de la muerte, de lo maligno, del misterio...también nos transmite elegancia y nobleza.

Parafraseando a Matila Ghyka, la estética en el mundo de los toros es "la ciencia de las relaciones armoniosas". La armonía entre toro y torero es el elemento integrante de la característica circustancia emotiva y psicológica que llamamos la belleza del Arte de Torear.

Imagen:
Juan Mora en la Feria de Otoño 2010 de Madrid. Foto: Iván de Andrés

martes, 30 de agosto de 2011

Morante de la Puebla y Miguel Ángel, el artista total


El martes 23 de agosto de 2011 se 'vivió' en la plaza de Vistalegre de Bilbao una obra de arte. Y digo se vivió porque tuvo sentido, penetró en los adentros del espectador con pinceladas de franela que casi se podían palpar con las manos. El genio fue Morante de la Puebla. Muchos han escrito que fue una faena 'barroca', pero voy más allá, la capacidad de este artista solo se puede comparar con Miguel Ángel Buonaroti, el artista más completo de la historia, ya que Morante, esta vez fue pintor, escultor y arquitecto a la vez, y poeta, pero eso ya lo tiene desde su nacimiento.

Los que hemos tenido la suerte de estudiar la vida y obra de genio renacentista, vemos en los dos artistas una concordancia en lo que se refiere a su caracter. Tomamos las palabras de Román Rolland para equiparar ese caracter al afirmar que la clave de sus existencias reside en la soledad, la melancolía, la tristeza (aparente) y continua depresión. Además de ser los dos unos tímidos innatos.

En cuanto a la experiencia artística, al igual que para Miguel Ángel, el arte que nos dejó en Bilbao Morante careció de muros, de planos puros ya que para llegar a esa creación se ha de estar libre de barreras que separan el espacio intelectual del espacio natural, de la muerte y la vida. Ya que los muros para Miguel Ángel y entendidos como los cánones academémicos en la Tauromaquia, son las estructuras espirituales e intelectuales que se oponen al artista total, a la creación arrebatada. Por ello un artista creativo como lo es Morante no puede tener oposición en estos 'muros', un muletazo, una verónica, un molinete del artista sevillano irrumpirán y turbarán la serenidad de la vida cotidiana para alcanzar un 'mas allá' en pleno albero.

La faena de Morante de la Puebla, podría tomar una fuente directa para la conceptión de su Arte en las mismas teorías de las ideas de Platón,pero el artista no intenta trasponer a las imágenes que crean esos conceptos filosóficos, quiere expresarlos y es precisamente en la creación bilbaína donde el arte se planteó como expresión.

Las imágenes creadas por el genio de La Puebla y que si cerramos nuestros ojos se aparecen como verdaderas pinturas, buscan el proceso de formación, en la impronta que el arrebato belmontino dejó en el albero con cada lance. Estos lances fueron un punto de llegada, la idea finalmente alcanzada a través de un proceso de liberación.

Por todo ello, al igual que en la figura del genio renacentista, desparece la unidad de bloque del "monumento"; los elementos tomados como pases se disocian, se relacionan a distancia, o simplemente, coexisten en una misma condición espacio-temporal.

La 'arquitectura' de la faena, 'la escultura' de cada lance y la 'pintura' dejada en el aire con las telas de Morante de la Puebla, no se sumaron, sino que transcurieron la una en la otra como si en ellas hubiera caido la barrera de una técnica - y por tanto,de un modo de expresión- simplemente distinta.

Imagen:
Morante de la Puebla en Bilbao. Foto: Arjona para http://www.aplausos.es/

viernes, 19 de agosto de 2011

La seridad de Bilbao y el compromiso del artista


Comienza la feria de Bilbao, por antonomasia la Feria donde la seriedad del Toro implica un máximo compromiso por parte del artista con la Fiesta íntegra. Desde la órbita del arte intentaremos reflexionar sobre este asunto que por estas fechas suscita un árduo debate entre aficionados y profesionales.

Partiendo de la base que las grandes obras de arte taurómacas son claramente superiores a cualquier cosa en sus diversas formas, lo será más si cabe si existe una seriedad profunda, tanto en la presencia del toro, como en la profesionalidad del artista,( torero).

Las obras creadas a partir de esa seriedad profunda, como sucede en Bilbao, nos exigen, a mi juicio, una atención y lealtad muy superiores cualitativa y cuantitativamente a las que nos exige el toreo en otras fechas y ferias, y lamentablemente, con otro tipo de toro.

El arte de la Tauromaquia ha llegado alcanzar un reconocimiento por parte de la sociedad casi secular, como el más próximo a una actividad sacramental. El torero comprometido debería ser un explorador independiente de los peligros del Arte, incluso de su conciencia interior, ello concedería al artista una especie de licencia para comportarse y ser reconocido de manera diferente a los demás.

Cuando exite la seriedad del arte, su principal tarea consitiría en forjar trofeos con sus experiencias ante el Toro: Faenas y ademanes que fascinen por su peligro, por su tensión, y no simplemente que entretenga como un mero actor más. Su recurso principal de fascinación consiste en dar un paso más adelante en la dialéctica del Arte frente al toro.

Si el torero se empeña en crear obras frente a oponentes sin seriedad y carentes de la casta suficiente como para crear tensión, se comenterá un ultraje contra su auditorio, y las credenciales y autoridad del artista dependerán en última instancia de las tropelías que cometa contra sí mismo, consintiendo la creación de faenas frente a oponentes carentes de riesgo y emoción. De ahí que Bilbao requiere al artista un compromiso exterior frente al toro y otro, más importante si cabe, interior.

Imagen:
Seriedad de un toro de Victorino Martín en la Feria de Bilbao de 2008. Foto: Terroso
'Corrida' de Pablo Picasso, 1934.

miércoles, 17 de agosto de 2011

La autenticidad del Arte de la Tauromaquia frente a la sociedad convencional


Uno de los debates que siempre se han mantenido en la palestra de los aficionados y los asépticos al toreo es la autenticidad (o sinceridad) del arte de la Tauromaquia.

En cierto sentido,la Tauromaquia ha constituido siempre un intento de ser un arte sincero y serio, incluso se podría decir, de renovar la sinceridad por medio del arte. Sea cual sea su forma, el afán por ser sincero y serio, dota al arte de la Tauromaquia de un aura de auténtica identidad. De hecho, la sinceridad del toreo, expresa el deseo de ser auténtico irreductible, inconfundiblemente.

La sinceridad del toreo existe frente a la inautencididad de la sociedad. El arte que crea un hombre y un toro no pertenece a ninguna tradición estética y queda fuera de todas las estructuras institucionales, este arte que parece intrínsecamente no convencional y "anormal" -no controlado por la sociedad-, es automáticamente considerado como sincero. Incluso, su oposición hostil, nada acomodaticia, casi anarquista, parece suficiente para convertirlo en Auténtico.

Por esto, cabría señalarse, que el arte de la Tauromaquia no tiene ningín reparo en mostrarse como es, sin engaños, ante el espectador, asiduo o neófito. En todo espectador, la unión de toro y torero, debería despertar la necesidad de sinceridad y la posibilidad de autenticidad que da el riesgo y la tragedia implícita en el Toro Bravo. Este hecho hace que el Arte de la Tauromaquia sea diferente, y se rebela frente al conformismo de la sociedad.

Este es el caso, y la sociedad debería hacer un sitio en el "sistema" a un arte firmemente 'rebelde'. Esto no significa que esta sociedad encuentre su propia autencicidad mediante la experiencia de la autenticidad del Arte de la Tauromaquia, si no que únicamente reconocerá la buena fe y la seriedad de dicho Arte. Este reconcimiento no requiere que se ame a la Fiesta, sino solamente el reconocimiento de que el arte de torear tiene cierto interés, y que ha de admitirse en el discurso social general.

Cabría señalar, para terminar y más para el aficionado, que el arte de la Tauromaquia no puede caer en el dominio de lo cotidiano. La reafirmación estética de la Tauromaquia por parte del espectador serio es una especie de recreación de ésta que sirve al mismo propósito intelectual que su creación por parte del torero: la creatividad con que toree el artista es el medio de escapar a la consciencia cotidiana del mundo-vida.

Imagen:
Morante de la Puebla en la plaza de Bilbao en 2008. Foto: Terroso
Multitud en la Calle Preciados de Madrid

lunes, 8 de agosto de 2011

Joselito, artista y escultor de Toros Bravos


Desde hace un tiempo vengo dándo vueltas a un tema que el pasado viernes en Bayona se corroboró con una grán corrida. Hablo de la incursión del artista Jose Miguel Arroyo, Joselito en la faceta ganadera y el buen camino que está llevando el ganadero capaz de tallar esa obra maestra de la escultura que es el toro bravo.

Ya en su faceta 'pictórica' trazando pinceladas de percal y franela, Joselito tuvo la gran ventaja de poder traducir una explosión de energía mental en una imagen fascinante, creando ilusión y añadiendo belleza al mundo, por medio de su conjugación con el toro.

En su faceta 'escultórica' y ganadera, esta cualidad de la creación original y personal se traduce en esencia del arte para crear un animal bello y bravo. Hay quien dice que sólo unos pocos la poseen pero en Joselito existe la base sólida que le da sustento: El conocimiento; y con sus toros, el impulso creativo buscará más ávidamente su libertad para crear 'obras' a su imagen y semajanza.

A primera vista, una obra de arte escultórico-ganadera, tiene sus términos de referencia y contiene toda la energía, sensibilidad que le quiere dar el buen ganadero. En el caso del madrileño, lo ha llevado a crear su mágica imaginería atendiendo a las demandas de su corazón y su mente, presentándonos así una declaración hecha de bravura, casta, estampa y trapío, que encierra -tanto si el artista quiere como si no- su experiencia personal, sus prejuicios y tensiones.

En la ganadería de El Tajo y la Reina, las emociones y las ideas de José Miguel Arroyo Joselito se filtran a través de una masa de experiencia y conocimientos adquiridos, antes de emerger en forma de Toro, en obra de arte. Por muy fuerte y personal que sea el compromiso de un ganadero, por apasionada que sea la determinación, sin la gramática del conocimiento tanto de comportamiento, anatomía como de composición 'interior' del toro, consagrada por la experiencia práctica de un artista como Joselito, será más dificil encontrar las disciplinas esenciales de un arte escultórico como es la cría de un Toro Bravo.

Es esencial experimentar, arriesgarse y buscar la originalidad, apoyándose en la experiencia adquirida. Algo que esta ahora está consiguiendo Maese Jose Miguel Arroyo, 'Joselito'.

Imagen:
Joselito en Madrid. Foto: Juan Pelegrín para http://www.las-ventas.com/
Toros de El Tajo y la Reina de la camada de 2010. Foto: MenachoDetalle de el Laocoonte, de Agesandro, Polidoro y Atenodoro de Rodas.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Catarsis y emoción del Arte de la Tauromaquia


Es obvio que existen diferencias entre la Tauromaquia y las demás artes, es de cajón: Estilos, materiales, épocas, conceptos etc., pero una en concreto hace que éste Arte sea totalmente único y dificil de entender respecto a los demás. Se trata de La Emoción.

La respuesta estética en las manifestaciones orgánicas internas y externas que produce una creación en el ruedo, debe considerarse como un caso único y particular debido a la emoción que suscita en el aficionado a la Tauromaquia.

Sólo desde esta perspectiva podemos aproximarnos a este arte que despierta sentimientos tan intensos en nosotros, sin poder expresar específicamente de qué sentimientos se trata. La enigmática diferencia entre el sentimiento artístico que produce un Natural y el ordinario (no quiero menoscabar la emoción que suscitan las demás artes, ni a quienes disfritan con ellos, ordinario es sinónimo de 'usual' en este caso), de las demás artes, puede explicarse del siguiente modo: el sentimiento taurómaco es el mismo que el otro pero, en una plaza de toros, se libera por una actividad extremadamente intensificada de la imaginación.

El psicólogo Müller-Freiendfels, sugirió la existencia de dos clases de arte y dos clases de espectadores. Uno concedería mayor importancia a la contemplación, el otro al sentimiento. El aficionado al arte de la Tauromaquia ensambla estos dos en una unidad, siendo éste, por tanto, más 'sensible' que el aficionado a otro tipo de manifestación artística.

Las emociones que una faena suscita son emociones inteligentes y suelen liberarse en imágenes de la fantasía. En ocasiones he tenido la 'suerte' de ver llorar a un aficionado en una plaza de toros, y esas lágrimas (tomando palabras de Diderot), proceden de su cerebro; de modo que lo que expresa es la esencia de una reacción artística al juego místico entre toro y torero.

No hay que olvidar que en La Tauromaquia existe la tragedia, y pese al carácter deprimente que genera la emoción trágica, en los toros constituye una de las cotas más elevadas que puede alcanzar la emoción humana, porque la conquista espiritual del dolor genera un sentimiento que no tiene parangón.

Por último parafraseando a Baruch Spinoza, terminaré diciendo que hay quien dice que no es posible que una fuerza de la naturaleza, como es el toro, surja la causa del arte de torear (que se produce sólo en virtud del arte humano), y que el torero, si no estuviera determinado y orientado por el alma, no sería capaz de 'edificar' una obra de arte. Pero se ignora lo que puede el cuerpo y lo que puede deducirse de la sola consideración del Toro bravo.

Imagen:
Fotomontaje con foto de Talavante en la Feria de Abril de 2010. Foto: Matito

lunes, 1 de agosto de 2011

La Suerte de Varas, un buen soporte para una gran obra


Para el éxito de una buena pintura es necesario una buena base pictórica. Dentro de la Tauromaquia, esa base se podría comparar con la 'antiguamente' llamada Suerte de Varas, hoy en día en desuso y utilizada como mera sangría para descongestión del toro. Cuando su principal objetivo fue medir y ahormar la bravura primitiva para que sirviera después como material artístico, pero de un arte emocional, no académico e insulso.

Bien, el tema de la 'preparación de los soportes' (llamenos soporte a la bravura del toro) ha sido una preocupación constante de todos los tratadistas taurómacos, y por consiguiente de los ganaderos y toreros, (se supone).

Los datos referentes a la Suerte de Varas como preparación del 'soporte' adquieren, en dichos tratados, una gran importancia y misterio, y son desarrollados con una profusión de datos técnicos, muchas veces erróneos, confusos o difíciles de interpretar.

Lo que no puede caer en el olvido es que la Suerte de Varas, no sólo sigue siendo de una vital importancia, sino que supone la aportación más destacada no sólo en el ámbito técnico, sino también el creativo. Podríamos denominar a la Suerte de Varas como la preparación de un soporte (bravura), al conjunto de operaciones (colocación del toro, movimiento del caballo, cite, manejo y colocación de la puya, dosificar el castigo, etc.) necesarias que hay que realizar para conseguir que, sea cual sea el comportamiento y condición del toro, lo habiliten de manera adecuada para 'sustentar' la faena del torero, garantizando, eso sí, su buena ejecución para no menoscabar la, ya mermada de por sí, bravura del toro actual.

De una buena base creada en la Suerte de Varas se pueden sacar varias características:

-Aportará estabilidad a la bravura del toro, al no hacer movimientos de contración y dilatación de la puya, significativos de un mal uso de esta.
-Presentará una pelea a la resistencia de empuje del toro.
-Si se hace correctamente, permitirá ahormar la fiereza, y con ello permitirá crear obras de gran dimensión artística, que podrán ser regulares como irregulares ya que el torero con su pericia, más o menos solvente, se deberá adaptar a las complicaciones de la bravura del toro.

Una aceptable preparación del 'soporte de la bravura' se carcterizará porque permitirá una lucha del toro de manera no traumática y brindará la posibilidad, si se hace correctamente, de obtener la variedad de comportamientos que lleva implícito el toro bravo y que el torero deberá estar docto para solventar. La mala Suerte de Varas, masacrando al animal, hace que éste, por muy bravo que sea, llegue apagado al último tercio.

Por último, concluímos afirmando que una buena Suerte de Varas, como soporte será 'estable', y el toro admitirá las diferentes 'intervenciones' que le pueda someter el artista durante su 'manipiulación' y proceso técnico durante la faena, permitiéndole trabajar con cualquier Suerte. Ésta será siempre creada con un material (toro) con duración y que conserve intactas la pujanza y ganas de pelea, un grave problema que tiene una gran parte de las obras taurómacas contemporáneas.

Imagen:
Toro de Victorino en la Feria de Castellón de 2010. Foto: Antonio Casado 
Restauración de un soporte pictórico

lunes, 18 de julio de 2011

La vuelta de José Tomás, un hecho de relevancia cultural


La vuelta a los ruedos de José Tomás el próximo 23 de julio en la plaza de Valencia supondrá, además de un hito social, un hecho artístico de relevancia. Dado que toda expresión artística, en general, es una expresión cultural y puesto que la Tauromaquia, en particular, es parte integral del Arte, resulta que la reaparición en los ruedos del diestro de Galapagar, supondrá un proceso de comunicación estética y a su vez un hecho cultural de grandes dimensiones.

Además, es obvio destacar, que será un evento que se califica como artístico-social, por lo que se podría caracterizar por dos aspectos distintivos y únicos:

En primer lugar será especial porque es producto del trabajo humano después de una 'visita' al abismo de la muerte, y por tal razón poseerá un altísimo valor, en consecuencia podrá ubicársele dentro del proceso del desarrollo económico de la sociedad. (como ya apuntara el Profesor Juan Medina en su gran trabajo).

Constituirá, como obra de arte, una expresión codificada que puede ser comunicada, esto es, se ofrecerá como pauta de orden, vehiculadora de una determinada expresión espiritual, y evidencia de un acto de creación histórica dentro de la Tauromaquia.

En general, la vuelta de la Tauromaquia de un artista único como es José Tomás, constituye el medio por el que manifestar un carácter estético. Así como en la actividad social el torero madrileño suele apartar de su intelecto el orden existente, para elaborar faenas desdeña el plano convencional de los cánones taurómacos, y así entender otra opción de toreo que se inspira en la creatividad más verdadera.

El sentido que supone la vuelta de José Tomás no es solamente la ética exterior de su obra, es decir, la ética personal del torero, si no el discurso ético que generará desde el interior de su filosofía de torear. El asistente al hecho artístico buscará, no ya al personaje, sino la expresión de una actitud, de una determinada manera de estar (en el ruedo), un personaje que, después de codearse con la muerte, deberá posicionarse con el mundo exterior, con el mundo del Toro. Esto implica que el sábado se busque una comunicación que funciona en una relación de emociones, una relación de la verdad de su toreo que pasa por lo inmediato, la confrontación y el cara a cara con el público.

Imagen:
José Tomás en una imagen de archivo. Foto: Cabrera

miércoles, 6 de julio de 2011

El porqué del público de una plaza de toros


Gracias al gran trabajo de Raul en el blog los toros en el siglo XXI se ha vuelto a poner en boga el debate sobre la gestión y explotación de las plazas de toros como recintos donde un público acude a presenciar un espectáculo cuyo fin es la obra de arte. Desde la visión y sentido de este blog vamos a ahondar sobre el problema equiparando, por la similitud en su sentido y como hemos hecho hasta ahora, la plaza de toros con el museo. Lo haremos estudiando el público y sus necesidades en varios capítulos.

Y es que el desarrollo de la audiencia es, o debería ser, un objetivo primordial tanto de los museos como de la plaza de toros en la actualidad. La plaza de toros va a la zaga de los museos ya que éstos colocan a los visitantes en el centro de sus actuvidades:establecimiento de relaciones con sus comunidades,inversión en recursos para atraer a públicos más numerosos y diversos y aplicación de nuevos conceptos y métodos para contribuir a que las ofertas de los museos sean satisfactorias y educativas para los visitantes. Aspectos que las empresas que gestionan y explotan la plaza de toros, parecen obviar.

El museo y la plaza tienen algo en común, y es que el mismo día pueden acudir una variedad casi infinita de personas: familias con niños pequeños, adultos de edad avanzada que acuden solos o con su pareja,grupos familiares ámplios, expertos y eruditos...pero hay otros en los que el museo gana la partida al recinto taurino, como son los grupos de escolares, estudiantes universitarios, etc. y esa es una rama por la que el gestor de la plaza debería no dejar de intersesarse por su riqueza intelectual y curiosidad educativa, ya que es obvio que la plaza de toros debe responder a una población extremadamente hetereogenea y configurar sus programa de actos culturales en consecuencia.

Las personas tienen diferentes actitudes frente a la plaza de toros. Algunas no han entrado nunca, por desconocimiento o por 'intimidación'. Otras van a los toros ocasionalmente, pero piensan que es un espectáculo aburrido y algo elitista. A unas terceras les gusta ir varias veces al año con caracter festivo. También hay quien se siente atraído por el Arte de la Tauromaquia y acude siempre que puede. Pero al igual que los museos intentan comprender mejor a sus públicos y adaptar sus programas y servicios en consonancia, las plazas de toros deberían aprender más sobre los procesos a través de los cuales las personas eligen las actividades de tiempo libre e indentificar los elementos de una visita al coso que contribuyen a hacer de ella una experiencia positiva y satisfactoria, una experiencia similar, quizás, a la de esa persona que va a visitar por primera vez un museo.

En los próximos capítulos intentaremos examinar las características y similitudes de los públicos que acuden a una plaza de toros y un museo. A continuación el proceso de decisión que conduce a un consumidor a visitar una plaza de toros, y la valoración de la influencia de factores (etnia,clase social, estilo de vida,etc.), que pueden motivar la visita a una plaza de toros.

Imagen:
Público en los tendidos de sombra de la Plaza de Las Ventas la pasada feria de San Isidro.Foto:Iván de Andrés
Visitantes a un museo contemplan una obra

sábado, 2 de julio de 2011

Polémica entre arte 'figurativo' y arte 'dominador'


En estos momentos pocos artistas de la tauromaquia deciden tejer la historia del toreo partiendo desde cero, desde su propia personalidad. Tan sólo algunos como Morante de la Puebla, José Tomás, Manzanares, Talavante, El Juli, Sergio Aguilar, Fandiño...(por contar unos pocos), tienen la virtud de no negarse a explorar cualquier camino frente al toro, por innovador que sea.

Pero existe una polémica, o más bien disparidad de gustos, en nuestro tiempo en torno a las diferentes tauromaquias, y es la tensión entre la forma de torear 'figurativa', o artista, y la no figurativa, o dominadora.
Es facil comprobar que dentro de la cultura taurómaca y en la mayoría de las etapas históricas del toreo, la conciencia del aficionado ha preferido siempre la forma 'figurativa' de torear al arte dominador y heróico.

Las grandes masas se sienten atraídas por el figurativismo de algunas figuras porque creen entender que es el verdadero toreo el que tienen delante de sus ojos. Pero en realidad lo que entienden de la obra creada en el ruedo son los cánones de cómo se han realizar las suertes, unido a la anécdota de un pase accesorio, es decir, lo que la tauromaquia tiene en sus bases.

Torear es dominar, organizar una fuerza bruta de la naturaleza, otorgando así un orden racional o emocional a la obra de arte.

El público, en general, está acostumbrado a una tauromaquia canónica y considera que el merito del torero radica en que esa composición de la faena lo sea, en que los pases 'ordinarios' representen la apariencia de la auténtica forma de torear, incluso llegando a creer que lo importante no es el dominio del toro, sino la composición del torero.

Y no se plantean la base de que la naturaleza nos ofrece un caos cuando sale el toro por chiqueros de formas, de embestidas, de colores sin organización ninguna, nuestros ojos y también nuestra mente intentan incoscientemente ordenar ese caos en forma de toro bravo pero solo el artista lo consigue. La misión del torero será ordenar ese salvajismo, esas embestidas y transformar e interpretar la naturaleza primitiva en la tauromaquia que lleva dentro, nunca copiarla.

Por eso cuando alguien dice no gustar la tauromaquia doninadora, está diciendo que tampoco entiende la tauromaquia 'figurativa' porque lo único que debería diferenciarlas es la forma con que el torero construye su obra. El torero figurativo dispondrá en el albero la tauromaquia de manera que pueda ser reconocida. El torero de concepto dominador y heróico partirá de las bases de la tauromaquia pero suprimirá todo aquello que no sirve al propósito de dominar la fuerza bruta del toro. Este proceder es no solo lícito sino racional y ninguna de las dos formas de torear, por tanto, presupondrá un mayor dominio de la técnica y del arte de la tauromaquia respecto a la otra.

Imagen:
Toreo dominador de El Juli en la feria de Bayona de 2010. Foto: Roger Martín
Figurativismo de José María Manzanares en Vistalegre (Madrid). Foto: Iván de Andrés

lunes, 27 de junio de 2011

La importancia de conocer los diferentes encastes, y sus posibilidades expresivas


Desde hace algún tiempo estamos asistiendo a una situación que no lleva consigo nada bueno para el arte de toear, y no es otra que la proliferación en los festejos de un encaste único, denostando así una de las riquezas de la Tauromaquia, como es el ver al artista capacitado para resolver los diferentes comportamientos que existen en el rico amalgama de castas del toro de lidia. Por ello, vivimos una época en que no existe el artista completo, considerando a éste el que domina todo tipo de material y se adecúa a él con noción y ejecución de diferentes técnicas.

El conocimiento riguroso  de los diferentes 'materiales-encastes' por parte del artista de la Tauromaquia, y en consecuencia, la ejecución cuidada y diferente de las obras en el ruedo son aspectos de suma importancia.
En tiempos recientes la exaltación de la inspiración y de la personalidad artística ha contribuído a desencadenar una peligrosa despreocupación por conocer las dificultades que conlleva el crear una obra con diferentes encastes y la técnica para poder realizar con decoro el oficio; estas actitudes con frecuencia van relacionadas con la enseñanza academicista y ciñéndose al monoencaste dominante en las escuelas de Tauromaquia.

Es cierto que los comportamientos de las diferentes castas con el paso del tiempo han cambiado a una mayor toreabilidad y menor salvajismo respecto a su apariencia y comportamiento original. Pero no podemos obviar que muchas obras de los grandes maestros que podemos observar hoy por medio de documentales, videos, fotografías, etc., están lejos de lo que hoy podemos presenciar en una plaza de toros ya que se hicieron frente a toros de diferentes sangres y comportamientos.

El conocimiento y la maestría técnica para crear una obra taurómaca frente a diferentes 'materiales' no solo garantizan su pervivencia sino que contribuyen sustancialmente a considerar al artista como un torero pleno.

Por último, el torero - y consecuentemente también el estudioso, conocedor de la obra de arte taurómaca y el periodista taurino - debe conocer y valorar las posibilidades expresivas y los condicionamientos de la lidia a cada encaste, ya que los resultados serán diferentes dependiendo del 'material' que se tenga enfrente, ya que cada casta requiere una técnica con limitaciones y condicionamiento peculiares por su comportamiento, y exige a cada artista determinadas dotes para expresarse a través de ella. Si no se tienen, jamás se llegará a ser el artista completo.

lunes, 20 de junio de 2011

El Artista valiente y comprometido


Hubo una frase que se extendió por los que poco o nada saben del arte de la Tauromaquia cuando el año pasado José Tomás estuvo a punto de perder la vida en Aguascalientes: “Está buscando que le mate un toro en el ruedo”.  En primer lugar es infinitamente impensable que una persona se quiera quitar la vida cuando lo que busca es el efecto contrario: llegar a ser leyenda. Y en segundo, para conseguir ese hito hay que ser valiente y frecuentar terrenos en los que si se logra la ‘pincelada’ su trazo será el más sublime de cuantos haya. Para realizar ese 'estilo' taurómaco habrá de ser un artista valiente. Sobre esta conjetura vamos a tratar en las próximas líneas.

El arte de la Tauromaquia es superior a los demás por muchos motivos, pero sobre todo es porque el artista no crea con la ayuda de elementos inertes que están sujetos a la intención del intelecto (pinceles, cincel, lienzo…), el torero ha de ser capaz de crear teniendo en cuenta que su material es un ser vivo, con lo que ello conlleva.

Tomando unas reflexiones del poeta francés Rimbaud el artista de la tauromaquia ha de ser vidente ‘Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos’. Al igual que todos los creadores de arte, el torero habrá de ser vidente y ver más allá de los simples sentidos del toro y manejar los terrenos, las distancias y las telas para llegar a realizar la obra. Se trata de ir mucho más allá de lo que a simple vista se ve.

Al ver algunas faenas de José Tomás, nos damos cuenta de que se trata de vivir en un mundo que más que sensibilidad, requiere compromiso. Consigo mismo para empezar: nadie va a construir  nada sin estar comprometido con la verdad, con su verdad, aunque parezca locura al expresarla en la arena.

El artista de cualquier disciplina tendrá algo que decir porque el arte hueco y vacío nace muerto. Puedes adornar la faena con filigranas, pero siempre será la negación del arte puro de la Tauromaquia.
Estar comprometido y tener algo que decir. Eso requiere grandes dosis de valentía. Un artista de la tauromaquia nunca puede ser cobarde, que no quiere decir que no pueda sentir miedos. Sentir temor no empequeñece a alguien, al contrario, lo hace humano y cercano. El artista valiente es aquel que abre camino al toro donde solo hay carne y franela. Y con las telas abre estelas y crea escuela.

Estos artistas únicos como José Tomás tienen algo que decir cuando saltan al ruedo y lo dicen sin atisbos de cobardía. El destino hace que estos toreros existan en un momento y época determinados, no están sujetos al vaivén de las modas. Nunca pierden su razón de ser, porque la verdad del torero siempre estará vigente y viva.

Imagen:
Natural ceñido de José tomás a 'Idílico' en Barcelona. Foto: Faricle
San Jerónimo, 1637 de José de Ribera

jueves, 16 de junio de 2011

La sobriedad barroca de José Miguel Arroyo 'Joselito'


Hablar de sobriedad barroca madrileña en la Tauromaquia es hacerlo de José Miguel Arroyo ‘Joselito’, un maestro que revolucionó el arte de últimos de siglo por medio de su toreo, con el que, estilísticamente, encontraba en su capote el desahogo en la apoteosis de la espectacularidad y la fantasía de sus remates.

El barroquismo del arte de Joselito no aporta ninguna ruptura ni olvido respecto a tauromaquias castellanas anteriores y repletas de sobriedad como es el caso de El Viti (de quien nos ocuparemos más adelante), Curro Vázquez, Antoñete…, pero hay en su toreo una nueva intención, tensa, que da lugar a ciertas novedades de estilo – como la inspiración en los remates, tanto de capa como de muleta-, algo que puede hacer que parezca una tauromaquia más suave y decorativa que las otras, pero repleta de audacia para dar volumen a cada lance.

Técnicamente hablando, el toreo barroco de Joselito será pues una degeneración del estilo clásico, pero esa degeneración lleva en su espíritu un germen de complicación de una tauromaquia basada en formas decorativas. Por ello llegó un momento en que la esencia clásica, es decir, los cánones del toreo, desaparecen bajo una fantasía cada vez más despierta. El anhelo de libertad le impulsó a modificar los cánones, y permitió alterar no sólo las formas, sino la misma composición de relajo tan característica en él, como si un afán de travesura o de rebeldía surgiese en su pensamiento delante del toro.

En realidad debe admitirse que la monotonía de la tauromaquia del último tercio del siglo XX tenía que ser atacada, sobre todo en ese momento de tránsito y de cambio de siglo, hubo que buscar una tauromaquia más vital, y ese ataque había de terminar en las creaciones más complicadas que, si bien faltaban a la tradición, derecho tenían a renovar el arte de torear, algo que, entre otros, se debió al barroco castizo de Jose Miguel Arroyo ‘Joselito’.

Imagen:
Joselito saludando con el capote en Las Ventas
Plaza de la Villa de Madrid

lunes, 13 de junio de 2011

Velazquez y José Tomás, dos genios de época en paralelo (III)


Volvemos en un nuevo capítulo a retomar la equiparación de los dos genios del arte, Velázquez y José Tomas. Esta vez nos llevará a la parte creadora interior de ambos.

El impulso artístico creador brota, para Velázquez y José Tomás, no de la aspiración a formas perfectas imaginadas con nostalgia ante la imperfección del mundo, sino de la emoción de la realidad misma, de la radical poesía del existir.

El profundo e impresionante lirismo de la pintura del sevillano y de la tauromaquia del madrileño, está empapado de ese sentido reverencial de la existencia misma, ese será al verdadero secreto de ambos genios.
Uno, el pintor, frente a los idealismos platonizantes del arte del Renacimiento humanístico, y el otro, el torero, ante tauromaquias barrocas que se pierden en artificios y evaden la verdad, sorprenden con la radical belleza de la vida misma cuando se la ama y se la respeta y, si uno la salva en sus lienzos con una estética nueva, el otro la ampara en su toreo con suprema distinción, limpia de anécdota.

El arte para Velázquez y José Tomás (utilizando palabras de Lafuente Ferrari), estriba en transmitirnos la honda y única poesía de lo que es,  la que deriva del fluir de la misma existencia. En la tauromaquia, tras este misterio está el toro, gracias al cual el de Galapagar puede ofrecernos tan soberano espectáculo, un espectáculo que está contemplado por el artista no con la gozosa sensualidad del torero sin demasiada responsabilidad, sino con la grave serenidad del que quiere identificarse con su profundo sentido de lo que es para el la Tauromaquia.

Velazquez y José Tomás, dos genios de época en paralelo (II)
Velazquez y José Tomás, dos genios de época en paralelo (I)

Imagen:
Trincherazo de José Tomás
Detalle de la Fragua de Vulcano, de Diego de Velázquez

viernes, 10 de junio de 2011

La crítica de arte taurino, sus buenos y malos usos


Estos días se está sucediendo un fenómeno contrario a determinados periodistas-críticos taurinos en las redes sociales debido a su animadversión a la figura de José Tomás y su particular e independiente forma de entender la vida como artista. Estos hechos hacen recapacitar sobre la crítica de arte en la Tauromaquia.

El historiador de arte italiano Lionello Venturi reelaboró los conceptos de “gusto” y “poética” y los consideró elementos imprescindibles en el análisis de las obras. En la crítica de arte de la tauromaquia tomaremos la referencia también del gran bibliógrafo alemán Andy Warburg ya que la imagen que crea un toro y un torero en el momento del embroque, son sueños colectivos, y esas imágenes deben considerarse indicadores de primera magnitud.

La crítica taurina, como género efímero, es un indicador del canon artístico, de la relación entre el arte de la tauromaquia y la sociedad con sus diferentes epígrafes: política, mercado, público, toreros. A todo ello ha de añadirse la condición, primordial, de construir un género literario que se empeñe en traducir las obras de arte que se suceden en el albero. Puede que la mayor riqueza de la crítica taurina, radique en el carácter polisémico que le proporciona el ser, antes que nada, literatura artística.

Se ha de partir de la existencia de una base común entre Historia de la Tauromaquia y Crítica de Arte (Taurino). La crítica habrá que entenderla como un síntoma, como un discurso que, dentro del sistema artístico-taurino, aporta unas lecturas a unas obras de arte efímeras creadas entre toro y torero, y que tienen un papel en el desarrollo de la historia de la Fiesta: cuando se piensa en cómo se ha ideado el arte de cualquier torero, nos referimos tanto a la práctica de ese toreo que eclosiona en arte como a las reflexiones de la crítica, que se convierte así en una fuente historiográfica de máximo interés.

Por tanto la labor de la crítica taurina deberá ser el intentar reconstruir las formas, lances, toreo y los motivos por los que un artista produce un objeto estético a través de su dominio del toro bravo por medio de las telas, los terrenos y su intelecto.

Esta labor, tan complicada como bella, se verá postergada a la marginación cuando las mentiras, falacias y rumores sin contrastar se apoderen del ejercicio del mal llamado ‘crítico taurino’.

Imagen: Montaje con foto de Rubén Arévalo (http://rubenarevalo.blogspot.com/)

miércoles, 8 de junio de 2011

¿Cómo se valora una obra de arte dentro de la tauromaquia?


Gracias al gran estudio del profesor Juan Medina y del periodista de Expansión Juanma Lamet publicado hace unos días: 'Barcelona: más toros que baloncesto', y donde hemos podido comprobar los beneficios que genera José Tomás cada vez que actúa en una feria, desde el punto de vista del Arte y con una envidia sana por el buen trabajo, no he podido resistir la tentación y, además de esos beneficios externos que aporta, me he hecho una pregunta:  Interiormente, ¿cómo se valora una obra de arte dentro de la tauromaquia?.

Antes de entrar en materia hemos de considerar un fenómeno previo a la valoración de una forma de crear arte en la tauromaquia y es el de su estima: el toreo corriente, el que es al uso, por esa misma circunstancia no se estima, y consecuentemente, no se valora igual que un toreo extraordinario. Por, el contrario, el toreo ‘no corriente’, por ejemplo el de José Tomás, esa forma de torear inusual, sí que se estima por el público y por ello se valora. El conocimiento de la historia de la Tauromaquia nos atestigua que lo no corriente, lo inusual, y por su puesto lo bello se ha guardado en los anales, se ha estimado, y por ello se ha valorado.

Lo que se considera una obra de arte en por su propia naturaleza en la tauromaquia está sujeta a apreciaciones y causas muy diversas, tanto por factores objetivos como por otros subjetivos, como la faena realizada en un lugar y tiempo concretos, la duración, si fue larga o corta, la calidad de las embestidas del toro, si se realizó un toreo a ‘la moda’ o en desuso, y también el conocimiento, la crítica taurina, pueden modificar y de hecho modifican, las valoraciones que se puedan tener y en un momento determinado, el artista que ha triunfado, alcanzar cotizaciones no previstas.

Esta valoración del arte de la tauromaquia no solo incluye al artista que crea una obra de arte singular, sino también aquellos que realizan un toreo repetitivo, pero digno, y que alguno es buscado por aficionados. Éstos, motivados más por la espectacularidad a veces, y otras el carácter festivo de estas tauromaquias, consiguen así introducir a determinados toreros en un circuito comercial que se demanda. Incluso, es el caso de determinados espadas que independientemente de su falta de belleza, pueden alcanzar cotizaciones astronómicas en las ferias por considerarse toreros necesarios para asegurarse el lleno.

También en la tauromaquia, como en cualquier clase de comercio, se produce la llamada ley de la oferta y la demanda: si hay muchas tauromaquias de menor calidad se produce una bajada de precios, y si se demandan tauromaquias únicas (José Tomás, Morante, Manzanares…), existe un alza en los mismos.

Haciendo referencia a José Tomás, y al estudio del profesor Medina y Juanma Lamet, su tauromaquia está dotada además de un elemento principal, que es la representatividad. Al margen de su belleza, de la destreza con que la realiza –circunstancias que en otros artistas son esenciales- la obra del madrileño se valora por el grado de representatividad que tiene: Representatividad histórica, representatividad social, representatividad artística. El bien artístico de la tauromaquia de Tomás, pues, tiene un valor importante, porque es un testimonio fidedigno del aspecto sustancial de la historia del toreo. De ahí su cotización.
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