jueves, 1 de diciembre de 2016

La diversidad de encastes...¿utopía imposible?


Una característica de la Tauromaquia a lo largo de la historia ha sido la diversidad. Nigún torero o ningún toro se encuentran dos veces repetidos a lo largo de todos estos años, se podrán parecer, pero todos al final son distintos y únicos. Deberíamos defender esta diversidad taurina como una riqueza tan amplia que es prácticamente imposible encontrar parangón en alguna de las demás artes.

Todavía tengo el sueño de contribuir a crear una Tauromaquia más justa, en la que se pueda lograr la igualdad de oportunidades para todos, toreros y ganaderías. Pero temporada tras temporada, me encuentro con que esa utopía está lejos gracias a los intereses empresariales por un lado, y por las exigencias de quien copa los carteles en el caso de los encastes y ganaderías a la hora de elegir por el otro.

Las ganaderías de encastes especiales pertenecen hoy a una minoría, muchas veces olvidada por el grueso del público que acude a una plaza, un error imperdonable, a mi humilde modo de ver. El sistema debe reaccionar e intentar por todos los medios que estos encastes salgan del olvido social. Una corrida al final de una feria, algún festejo suelto en pueblos olvidados, etc., son unas solidaridades falsas que, a la postre, contribuyen a la desaparición de esa diversidad que siempre ha definido a la Tauromaquia como multidisciplinar, (en cuanto a lidias, comportamientos y gustos).

Separar esas corridas de las habituales, (por desgracia, hoy visto cada vez con más asiduidad, o cuando no, ni si quiera se programan), y que se toreen por un cierto y mismo grupo de toreros, es etiquetar estos encastes disminuyendo su valor y reduciendo las posibilidades de futuro. Ese estigma dificulta e impide una visión de estos hierros sin prejuicios por parte de público, aficionados y crítica. Una vez puesta esa etiqueta es muy difícil volver a retirarla.

Hago, desde estas humildes lineas, un llamamiento en romper ese concepto estático que se tienen de los encastes. Deben empezar a lidiarse con normalidad, enseñando que cada uno tiene una lidia diferente y no por ello menos válida. No podemos seguir mirando con lupa los defectos para así siempre relacionarlos con ellos cada vez que un toro salga malo. La Tauromaquia ha de ser dinámica y que cambie constantemente para conseguir que haya aficionados con libertad de gustos.

Seguro que estas lineas no tienen el eco necesario pero solo espero que pudieran remover al lector y que se sepa que estamos a tiempo de potenciar la diversidad y la riqueza del Toro...Llegar a esta utopía todavía creo es posible, por el optimismo que me da el buen trabajo de muchos ganaderos con estos encastes.

Foto: José Carlos Venegas con "Viergado" de Moreno Silva en Madrid. Juan Pelegrín para www.las-ventas.com 

martes, 29 de noviembre de 2016

Flores, Padilla, y el Triunfo de la fría técnica


Hay algo que ha llamado poderosamente mi atención después de dos hechos de actualidad taurina acaecidos en los últimos días. Uno fue el triunfo de Sergio Flores en la Plaza México  cantado como cuasi-oda al torero por parte de revisteros buscadores de financiación para su sustento taurino, (ya saben ustedes, vivir de esto sea como sea); y el otro, es la noticia que adelantaba ABC ayer por la noche en la que se nombraba a Juan José Padilla como mejor torero de Portugal, ahí es ná.

Viendo el triunfo del primero y recordando el toreo del segundo, me invade una sensación de derrota al comprobar que poco a poco se impone la técnica y el pase mecánico, a la búsqueda de la excelencia en el arte del toreo. Me sosiega la aparición de toreros como Fermín Rivera, quien fue el que realmente buscó la excelencia y la inspiración personal, que al final es la que me llena. Flores y Padilla, según mi opinión, y presenciando al primero el domingo y valorando el premio del segundo, representan la busqueda del perfeccionismo a través de la ténica pulcra para sortear, con más o menos dignidad, las embestidas de un toro cada vez menos imprevisible.

Para mi, el perfeccionismo en el toreo es totalmente destructivo, no es saludable, porque les vale a los "malvividores" del toreo para contarnos en sus medios, que ese toreo es el válido, el triunfal, e incluso, como el caso de Padilla, ¡Lo premian!. Creo que los mejores artistas del toreo a lo largo de la historia buscan y procuran la excelencia, no la perfección.

La excelencia, la creatividad, la inspiración se antoja necesiaria en estos momentos. Hoy día, las personas que son agnósticas a esto del toro, se imaginan un espectáculo aburrido, monótono, de dar pases y pases, y que creo gracias a toreros como los citados, que buscan la técnica y no la belleza, no se pueden conmover ante lo que presencian en el ruedo. ¿No sería mejor para todos que los que pisaran por primera vez un coso, esperando lo peor, se encontraran con un toreo producido con creatividad y excelencia, como Fermín Rivera, el pasado domingo, por ejemplo?, ¿No sería lo deseado que los toreros que triunfaran y fueran premiados como "Mejor torero de Portugal", lo fueran por la excelencia artística de su toreo y no por lo que representan e interesa vender para seguir "malviviendo" del toreo?.

Desde hace tiempo la creación artística del toreo ha pasado a segundo plano, para gloria del toreo técnico y efectista, y se ha dejado a un lado la calidad. El resultado es que el arte de torear, por mucho que nos vendan que se torea mejor que nunca, (ojo, salvo grandes excepciones), se está asociando a la mediocridad insípida. El toreo, la Tauromaquia, y si me apuran, el toro, merece mucho más que eso. No se puede cantar como bueno, no se puede cantar en las portadas de los medios, y mucho menos premiar, el toreo que es suficiente técnicamente para salir del paso.

Si la perfección técnica se adueña del toreo, si se pierde lo creativo y original, no podremos comunicar con efectividad a quien quiera acercarse a la Fiesta. Torear es mucho más que dar pases, aunque para los portugueses haya sido suficiente para premiarlo como "Toreo del año"...

Foto: Juan José Padilla, en ABC. Sergio Flores tras el triunfo en La Plaza México, foto @LaPlazaMexico

lunes, 21 de noviembre de 2016

Gracias Juan, por "Toros para niños"

No hace mucho que ha visto la luz la obra de Juan Iranzo: "TOROS PARA NIÑOS". Hacía tiempo, desde que supe de la intención de sacarlo, y mirando a mi hija de 14 meses ahora que lo ha visto, que quería dedicarte estas palabras.

Querido Juan:

Gracias por querer hacer la vida más fácil a todos los niños que, sin saberlo, empiezan a amar la Tauromaquia sin realmente concebir cómo mirarla y entenderla, y a padres, como yo, que en conciencia y con completa seguridad, quiero compartir este mundo incomparable con mi hija, Adriana.

Tu obra ayuda, según paso las hojas, a que se perciba mediante la intuición que un niño de esa edad puede tener, el que entre nosotros dos y lo que el libro transmite, exista un sentido de identidad y emoción único. Es difícil que con su corta vida sepa distinguir lo que es favorable o no para ella, pero "Toros para niños" palia esa "desventaja" por la orientación que intento darle con mis expresiones al leerle los textos y señalarle las ilustraciones. Esos ojos, delantan que algo ocurre en su interior inocente, pero que comienza a despertar y saber escoger.

Cada pasaje le ofrece una amplia gama de situaciones que tienen como eje algo que ella sabe que a su padre le emociona, y por ello sonríe. Casi diría que en algún momento le permite identificarse conmigo, con mi entusiasmo, y eso, si es gracias a tu libro, Juan, jamás estaré lo bastante agradecido.

Con tus ilustraciones y textos has dotado el momento de enseñárselo de una atmósfera especial. Mejor dicho, contar un mundo tan complejo como  la Tauromaquia a una niña de 14 meses, sólo se puede conseguir convirtiendo esa atmósfera en otra cosa, en fantasía. Y, poníendome la careta de un mal crítico de literatura, yo creo que lo has logrado porque has creído a pie juntillas en lo que has hecho. Porque con tu afición te has convencido de tu creación.

Me quito la "careta" del mal crítico y me pongo el "mono azul" de Padre, para reiterarte las gracias. Me hace más fácil comprender que la sonrisa de un niño no tiene cohartadas ni clichés. Tan solo un pero y un reproche...va a acabar diciendo "Olé", antes que Papá y eso solo lo perdono el día que pueda darte la mano, si me invitas a una caña hablando de tu nuevo proyecto.

Hasta pronto...

viernes, 11 de noviembre de 2016

"Cobradiezmos", de Victorino Martín. Estética del Toro


Quería volver a escribir sobre Arte y Tauromaquia y llevaba tiempo pensando en hacerlo sobre uno de los hitos de la temporada como lo fue "Cobradiezmos".

Aplicando los conceptos filosóficos que se me quedaron impresos en mi etapa formativa en Historia del Arte, intentaré plasmar aspectos fundamentales que debern estar presentes en toda obra perfecta, y para mí, el toro "Cobradiezmos" lo fue.

Lo primero que me caló durante la lidia de ese toro fue el trapío o fenotipo del animal. Como de si de una de las esculturas perfectas de la Historia del Arte se tratara, "Cobradiezmos", fue la correspondencia entre las partes. Unas hechuras coherentes, sin estridencias, minimétricas, y en armonía con lo que debe ser un toro bravo de encaste Saltillo Albaserrada. Victorino Martín, logró en ese animal transmitir la idea de coherencia y de canon de las proporciones en un toro del citado encaste.

Lo segundo es que tras presenciar la faena, según pasaba, nos decía que estábamos ante un toro casi inimitable en cuando a bravura, casta, calidad y nobleza..., un toro "único", que atesoró las virtudes para que todos nos pusiéramos de acuerdo en gustos y creencias de lo que es la bravura. Ese ir a más, esa humillación buscando las telas, la fijeza, el crecerse al combate..., virtudes que quedaron sometidas al juicio del ojo, ese juicio del espectador muchas veces crítico y otras intransigente pero que se unieron en la estética de la recepción de estar ante algo grandioso.

Lo tercero, fue el reconocimiento al criador de esa perfección. Victorino Martín, nos presentó en "Cobradiezmos" el decoro del escultor, el inmenso trabajo que supone la búsqueda de la bravura, revelando la dignidad de la profesión de ganadero, con su crudeza y sin sabores, pero también con la gloria que ya supone ser ganadero de toros bravos al servicio de la verdadera liturgia del Toro, con toda su crudeza y grandeza.

Por último, y como toda gran obra de Arte que se precie, fue el lugar donde se ubicó y se produjo el milagro. Me explico, la sitio donde esté ubicada cualquier obra de arte determina el punto de vista del espectador. No es lo mismo estar delante del "David" de Miguel Ängel en la Galería de la Academia de Florencia, que en la Piazza della Signoria en 1504. Así pues "Cobradiezmos" tuvo la suerte de saltar al ruedo, y a la postre, ser indultado en la ubicación perfecta por historia, luz, iluminación y repercusión para la historia de la Tauromaquia como es la Real Maestranza de Sevilla.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Carta I a los Fariseos de Caritas Salamanca


Una sensación extraña se apoderó ayer tarde de mi cuando me enteraba de que Cáritas, en su delagación de Salamanca, rechazaba una ayuda por el mero hecho de venir de parte de los Jóvenes Taurinos de esa ciudad. La nota aclaratoria de dicha entidad mejor no voy a comentar nada, por huir de la vulgaridad, más que nada.

¿Que pretenden estos "lilas", impedir que lleguen ayudas a personas necesitadas, traicionándolas, para quedar bien con el Fascismo antitaurino?. Eso no es lo que dice la palabra de Dios, que supongo, ellos, tan devotos, beatos (de domingo y en público, claro) y tan correcapillas de traje planchado y corazón arrugado, deben saber.

Yo, sin remilgos, digo que soy cristiano, pero mis hermanos no son estos de Cáritas Salamanca. No son los que toleran y se arrodillan ante el animalismo rancio y excluyente con los humanos. Para mí son renegados de la verdadera caridad. Seguramente que con un santurrón de estos de Cáritas, tenga menos en común que con un agnóstico que sepa de tolerancia y no rechace ayudas para el necesitado si vienen de un mundo tan rico culturalmente, y tan inmenso históricamente en solidaridad, como es el mundo del Toro.

Mi religión tampoco pertenece a tipos y tipas tan de peluquería y perfume añejo y que en misa critican a la vez que entonan el "por mi culpa, por mi culpa.." . Éstos, son capaces de dar un abrazo al mismo que celebra que no lleguen ayudas a la madre que no tiene para dar de desayunar a sus hijos, porque vienen de la Tauromaquia.

Mi pueblo y mis hermanos, son los que se compromenten desde su faceta de aficionado o profesionales del toro, a intentar que esa madre tenga para la cena de sus hijos. Quienes se juegan la vida para conseguir el tratamiento de un niño enfermo, y perpetuar una sonrisa. Mi religión es la tolerante, la culta. Porque ser culto no es sólo saber, ser culto, tener cultura, es respetar a los demás, y no ser un inútil social, que más allá de la puerta de una iglesia, es una sombra, un ente que rechaza a otros humanos por el mero hecho de ser aficionado a los toros.

Cáritas Salamanca, un lema vuestro es "Trabajamos por la igualdad", permitid que os diga que aquí cometéis otro pecado,la Mentira. Me habéis demostrado que la iglesia, para vosotros, no es católica,  y lo digo porque "católica" significa universal, ya que con vuestra intolerancia, (dejadme recordar, con ayudas para necesitados), os habéis aliado con el que no practica el amor al prójimo, si es taurino, porque prefiere al perro. Seguid con vuestra farsa de domingo, seguid con vuestro postureo, porque mi  iglesia no es la vuestra, mi iglesia es la de Cristo y la de personas que no distingan entre taurinos y no taurinos, que de Fariseos está lleno el mundo, y ayer...se demostró en Salamanca.

Imagen:
Logo de Cáritas Salamanca y  la máscara de "Cristo y los fariseos" de Jacob Jordaens, que simboliza la duplicidad de los fariseos.

jueves, 27 de octubre de 2016

El mayoral. Pasión y amor por el toro bravo

De siempre me ha llamado poderosamente la atención la atracción que genera entre nosotros el toro bravo. Es algo mágico, quimérico, incluso químico, que se acentúa en los toreros, capaces de poner en sus manos la vida. Es un pensamiento inmenso que no se si alguna vez llegaré a comprender el "porqué", de ese misterio.

Sumergido en este pensamiento, recuerdo la mirada de un mayoral, (cuyos hijos, Sera y Carol, sólo saben quien es) contemplando los toros en el cercado. El inseparable cigarro, el silencio unicamente violentado por el viento de invierno azotando los viejos olmos. Esa mirada encerrada en una total soledad abandonada definitivamente y en conciencia al toro. Admiración y atracción que sólo ese animal puede generar en un hombre refugiada en la consciente locura, y que desemboca en la pasión hacia él.

Dos vidas, dos destinos tan diferentes y a la vez necesaria y vitalmente unidos, con devenires tan distintos pero que sin uno no podría tener lugar el otro: El hombre y el animal, entrelazadas sus vidas. Esa mirada otra vez viene a mí. Cosciente de ello, sin lugar a dudas, puedo confirmar que la relación mayoral-toro, se convirtió en esos momentos en una de las metáforas del amor, donde el hombre y el animal se funden y sus vidas forman una unidad inseparable. Es un grupo de dos, que se expresan como uno. El mayoral ofrece su vida a la pasión, y el toro, inconscientemente, o no, la toma. Este binomio expresa la esencia del respeto y el amor por el toro bravo.

Amor, pasión, respeto...palabras que suenan evidentemente bellas. Me viene otra vez la mirada bajo la gorrilla, curtida por el viento del campo. Mirada que reproduce la ideología de quien pone su vida al servicio de la del animal y por ello es parte de él. La primera vez que estuve presente ante esa mirada, pude comprobar y verificar en ella toda la pasión que se puede llegar a sentir por el toro bravo. En la mirada del mayoral vi la belleza, el amor, la admiración y la unidad del hombre y el toro, aunque muchos no lo entiendan, presencié la perfección de los máximos sentimientos.

Imagen: El conocedor de la ganadería de Luis Albarrán González, aparta unos toros en la finca de La Brevera. via: toroslidia.com

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Opinión sobre la nueva empresa de Las Ventas


La noticia taurina del més de septiembre se ha hecho esperar. Simón Casas y Nautalia obtienen la concesión de la Plaza de las Ventas. Quisiera otorgar mi voto de confianza a los nuevos aires que parece va a dar la nueva empresa adjudicataria porque, personalmente, creo que cambio era necesario en Madrid.

Lo digo así porque siento interiormente que la sociedad madrileña cada vez se ha alejado más de su plaza, con la paradoja de que es la primera plaza del mundo taurino. El aficionado y el espectador en esta sociedad moderna, se ha acostumbrado a los cada vez más populistas medios de comunicación, en cuando a ocio y cultura se refieren. Esos medios que enaltecen lo "fácil", esos que son capaces de suplir sus páginas y espacios dedicados a la cultura, (entre ella se encuentra la Tauromaquia), por programas y páginas estériles donde casi todo lo representado es a través de efectos que hacen parecer cualquier acción o noticia banal, como imprescindible y culta.

La nueva empresa de Madrid, tras su presentación, ha dejado entrever su apuesta por la promoción cultural de la Tauromaquia. Tarea árdua en este momento de la historia que vivimos por la proliferación de un animalismo demagogo y zafio, que día a día se aleja más de la realidad. Queda mucho trabajo por hacer y llevar de nuevo la Fiesta de los toros al espacio donde nunca debió de abandonar. Ese es mi voto de confianza, el de intentar devolver a ese sitio un arte milenario cuya transformación ha sido la más radical, por culta y silenciosa, de todos y cuantos nos han rodeado. ¡Ojo!, yo no quiero que la Tauromaquia se renueve para perder su sentido y su naturaleza primigenia, nada más lejos. El cambio que pido es: promoción y comunicación acorde a la era de la imagen en la que estamos inmersos.

La Tauromaquia es la que es. No vale el engaño. Este arte sigue jugando con sus rudimentarios mecanismos de creación y significado, que por alguna extraña razón ha sobrevivido a tantas revoluciones culturales y sociales. De ahí que ahora haya que contarla, promocionarla y defenderla en una ciudad comandada por analfabetos taurinos como es Madrid.

Ese voto de confianza hacia la nueva empresa no está exento de exigencia por mi parte. Exigencia en el ganado. Exijo que se busque un toro y un novillo acorde con la catagoría de la Plaza de Madrid, con un trapío que morfológicamente se adecúe a cada encaste, con remate, musculatura e integridad en las astas sin ningún atisbo de duda. Exigencia en la pluralidad de encastes. Exigencia en la programación de carteles y combinaciones. Exigencia al respeto tanto al aficionado riguroso, como al público más tolerante...

Finalizo deseando suerte a los nuevos empresarios de Madrid y a todo su equipo y dando gracias por los años dedicados a "mi plaza" a los antiguos gestores y su equipo también. Espero que Simón Casas no se haya equivocado al convertir su anhelo en realidad, que ponga todo su empeño e ingenio  por volver a hacer de Madrid la Capital de la Tauromaquia, y que los interrogantes, que ahora lógicamente todos nos hacemos, se conviertan en confianza tras una gestión eficaz, tolerante y donde todos los gustos y emociones posibles tengan cabida en la Plaza de Madrid.

¡Suerte! (y por favor, ¡al Toro!)

Foto: Simón Casas. via 

viernes, 2 de septiembre de 2016

Opinión sobre la prensa taurina actual


Hasta ahora no me había pronunciado sobre el artículo de opinión "El toreo, una mafia sin competencia", escrito por Antonio Lorca en el diario El País. Inciendiario y poco menos que antitaurino para algunos, necesario y veraz para otros, yo, más cerca de estos últimos porque todos sabemos lo que pasa y sino es que no queremos saberlo, tan solo voy a opinar sobre uno de los aspectos que más crítica tuvo en el escrito: La Prensa Taurina.

Es un problema en silencio, sibilino, que se acerca camuflado de plumas inteligentísimas y con gran conocimiento de la Fiesta, pero el 90 % de la prensa taurina en España, está manejada por la "necesidad de publicidad". Esa necesidad de los medios de comunicación taurinos desencadena que toda crónica de festejo, todo artículo de opinión que no genere negocio o interés particular del autor, quede fuera totalmente de la objetividad.

Los aficionados que nos hemos adentrado, "un poco más", en los entresijos y estamos al tanto del mundo del toro, (quizá erróneamente por los cabreos que nos genera), no podemos llegar a entender el silencio condescendiente, la mentira, la falta de objetividad para denunciar casos de abusos en los despachos, de afeitado en los pitones, de falta de integridad de las reses, de narrar crónicas sublimes cuando ellos mismos no están de acuerdo. Mi persona ha llegado a vivir situaciones tales como la de presenciar un festejo al lado de un periodista en activo y que colabora en varios medios, comentar con gran conocimiento por su parte, por cierto, el juego de los animales y la labor de los actuantes, entrar en el medio donde colabora por la noche y ver escrita una crónica totalmente diferente a lo comentado durante la corrida. Como si el mercado de la publicidad en ese medio fuera quien marcara la linea editorial.

Otro hecho preocupante son las opiniones aleccionadoras sobre qué tipo de Fiesta es la correcta, o qué tipo de toros son los bravos, y todo lo demás debería desaparecer. No se tiene en cuenta la necesidad de educar y no se aboga por la diversidad de gustos, de aficiones, algo que dotaría de riqueza a esto ya que las personas que leyeran que toda Tauromaquia, toda lidia, todo tipo de toros tienen defectos pero también virtudes, acudirían a las plazas independientemente del cartel que hubiera. La prensa Taurina hoy, en vez de enseñar y educar, toma parte y eso ha influído en la Taquilla de festejos donde no actuan "los mejores toreros" ni "los toros más bravos", para ellos. (Añado una nota personal aquí: "¡Y eso que según ellos son defensores de la Tauromaquia y las plazas llenas!",otra mentira).

Todo se rige por el interés, por la caridad de unas cuantas publicidades y poder seguir adelante, sea como sea.

Hemos presenciado situaciones que rayan el despropósito: Retransmisiones televisivas en el canal temático donde dependiendo del torero y la ganadería, se ensalzan pases vulgares, se piden orejas con estocadas caidas  y se cantan como el paradigma de la bravura embestidas sosas y al paso, y por el contrario, se demonizan lidias sobre las piernas frente a toros encastados y fieros, que por cierto tratan de ilidiables. Otro caso es trabajar para un medio público, hacer ferias para éste, con sus viajes y dietas pagados, (por todos nosotros, por cierto), y aprovechando que "el Pisuerga pasa por el pase de prensa", hacer las crónicas para un medio privado sin firmar, esto pasa. Pero tienen impunidad porque si se es amigo de las Figuras y los ganaderos de éstas, eres inmune, tienes impunidad taurina.

Existen honrosas excepciones claro está. En este espacio cohabitan dos "especies": Los trabajan para un medio generalista, con el amparo que da no tener que vivir de la publicidad taurina, y los independientes, los que quieren contar la verdad pero que para ello han tenido que crear un medio propio desde donde intentan luchar como "Davides contra Goliathes"...yo, personal y libremente, me quedo con estos últimos.

viernes, 26 de agosto de 2016

Apunte Bilbao 2016:"Arte estético frente a Arte mecánico"


Contemplando la corrida de ayer de Bilbao, me dí cuenta, (aún más, si cabe), de que en esto de los toros soy un kantiano convencido. Se preguntarán ustedes, qué tiene que ver Kant y la filisofía con un toro y un torero en el ruedo, voy a intentar explicarlo muy brevemente.

"No hay ni puede haber ciencia (técnica) en lo bello...En las bellas artes cabe modalidad pero no cábe método". Esta premisa del filósofo alemán es la que entiendo por Toreo. Soy partidario, como él, del idealismo a la hora de realizar un arte, de la independencia del concepto de lo bello como forma final del toreo. De dar la importancia que se merece a la técnica, porque es necesaria, pero dejarla como el actor secundario, o terciario, para dejar actuar al valor y la inspiración. Cuando estoy presenciando una corrida lo hago sin patrón. Hoy día se busca el toreo perfecto técnicamente: de toques, de líneas, de conocimiento de terrenos,...hay escasa aptitud para deleitar estéticamente. No busco eso porque las faenas no se distinguen, ni se recuerdan, por originales ni por lo estético.

Sin embargo, ayer Curro Díaz, por ejemplo, me volvió a demostrar de que el caracter propio del arte de torear es ser obra del libre albedrío. Que el toreo se distingue de la ciencia, de la técnica. Se distingue del oficio, porque es un arte libre, un juego sublime con la muerte. ¡Ojo!, no quiero decir, repito, de que el arte de torear no requiera un aprendizaje técnico, duro y laborioso. Pero ello no puede desembocar en un arte mecánico, que es el que estamos acostumbrados a ver en el 95% de los toreros, y lo que es peor para el futuro, se incrementa ese tanto por ciento en los novilleros.

Lo dicho, para mí el toreo debe ser una lucha, un arte bello, que me emocione. La forma artística en el toreo, como ayer ocurrió en varios pasajes de la corrida tanto con Curro Díaz como con Paco Ureña, debe ser y aparecer libre de toda coacción a reglas arbitrarias, como si fuese un efecto. El toreo solo podrá llamarse arte cuando tengamos conciencia de esto, no cuando se rija por normas ténicas. La pena es que hoy se llaman "cumbres" a faenas de escuadra y cartabón...me quedo con las de mano alzada.

Imagen: Curro Díaz con el primer Victorino de ayer en Bilbao. Foto: Arjona para www.aplausos.es 

lunes, 27 de junio de 2016

Manuel Escribano. El optimismo por bandera


Quizá, para muchos no sea un toreo de lo más heterodoxo, ¿o sí?. Quizá, los prejuicios de algunos no les dejen ver más allá de un toreo de pundonor. Pero lo cierto es que reconforta el ánimo cada vez que un torero como Manuel Escribano transmite sus sensaciones y optimismo cuando salta al ruedo.

Nos olvidamos por un momento de la técnica, del rigor de nuestros juicios, para enfundarnos el traje de la felicidad que transmite un hombre que ha puesto su alegría de vivir al servicio de su trabajo, del enfrentarse a todo tipo de toros sin condición, y con la sonrisa de quien se siente privilegiado por estar haciendo lo que le gusta, lo que ama, por haberse adaptado a las circustancias de lo que le ha tocado vivir.

Un artista, Manuel Escribano, que refleja destellos espirituales de raza, de pundonor, representa la alegría del saberse torero. En su obra artística tienen cabida todo tipo de toros y de encastes, no vuelve la cara. Su valor hace que sintamos que estamos ante un artista comprometido siempre con la Tauromaquia, con el toro y su diversidad, y los hombres del campo que apuestan por ella. Manuel representa la felicidad de saberse torero con suerte por entrar en los carteles, los que sean, sin exigencias ni condiciones, es torero y así lo refleja y lo enseña en la plaza. Para él, ser torero es un tesoro de tesoros, y así lo traslada a los tendidos.

Gracias a toreros como Manuel Escribano, siento estar ante un Arte optimista, donde lo único que importa es torear, donde no hay "tejemanejes" internos, donde la única preocupación del torero es la de transmitir al público la felicidad de saberse creador y ganador ante un toro. Todo ello con el respeto debido al animal, sin aspavientos triunfalistas, ni giros circeses, sin salirse de las exigencias y seriedad que el rito propone. Vayan estas humildes palabras a Manuel Escribano como ánimo en estos duros momentos, y que el optmismo que irradia en el ruedo sea el poder mágico para poder volver a vivir pronto de nuevo su sueño: Seguir siendo torero.

Imagen:
Manuel Escribano sonriente, foto: ABC

jueves, 2 de junio de 2016

BREVES APUNTES SAN ISIDRO 2016. "Análisis de una Obra de Arte: "Manzanares y Dalia"


Queridos lectores, ayer estuve frente a una obra de arte: "Manzanares y Dalia". Sólo su título me hace evocar esculturas barrocas, como "Apolo y Dafne", "Eneas, Anquises y Ascanio", "Neptuno y Tritón"..."Manzanares y Dalia"...Por ello, mi breve apunte de hoy será intentar analizar, (según , más o menos, aprendí a hacerlo en la facultad), la obra de arte vivida ayer en Las Ventas.

La Obra de Jose María Manzanares y Dalia de Victoriano del Río, para mi constó de tres etapas. En la primera pudímos observar la perfecta estructura de la faena desde el comienzo, con gran influencia "Ordoñez", que a mi modo de ver y por los videos vistos del maestro rondeño, el artista alicantino maneja en todas sus creaciones en el ruedo. En la segunda etapa de su obra, encontramos pasajes, detalles, pases, inspiraciónes suficientes para corroborar el rico universo taurómaco que Jose María Manzanares, ayer, fue capaz de armonizar en una prodigiosa conjunción: Toreo-arte. En la tercera fase destaco cómo se repuso el hombre, el artista, a una forma de torear cada vez más cuestionada, muchas veces con razón y que no me importa reconocer aquí que por mí persona lo ha sido de manera manifiesta y clara, siempre cuando he creído que no estaba realizandolo bajo los cánones que tengo personalmente en la cabeza.

Lo que me aportó ayer José María Manzanares acerca del toreo, me corroboraba que lo que revela el toreo de un artista va mucho más allá de lo que podamos explicar verbalmente o por escrito. Por ello el analisis se me quedará corto siempre.

Noté, al observar la obra "Manzanares y Dalia", que la preferencia del artista fue la composición vertical. Cada "escultura efímera" se enmarcaba en un rectángulo en el que se distribuían los elementos: Toro y torero, en una armoniosa configuración de ritmo, siempre ascendente según avanzaba la faena. La cadencia y relajo desinhibido de la figura del torero, enfatizaba esa verticalidad; la embestida humillada, preciosa, brava, del toro era la fuerza central que nos hacía ascender hacia las emociones. El toreo al natural, era dinámico; los vuelos de la muleta un efecto visual de movimiento, que reforzaba el ritmo dinámico que toda obra ha de poseer para transmitir sensaciones únicas.

No me quiero ir mucho más, tan solo recordar que las emociones pueden saltar en cualquier momento, cualquiera. Dar las gracias a José María Manzanares por devolverme lo que le perdí, por hacer del Toreo, el arte más dinámico jamás realizado, una sensación de calma.

Imagen:
Jose María Manzanares con "Dalia" de Victoriano del Río. Foto: Juan Pelegrín para las-ventas.com

miércoles, 1 de junio de 2016

BREVES APUNTES SAN ISIDRO 2016. "Corrida de Moreno Silva: Criticable pero admisible. Guerra internas y TOREROS"


Como ya he expresado en numerosas ocasiones desde este blog y en redes sociales, de siempre he pensado, y defendido, que la situación ideal de la Tauromaquia, y quizá su más profunda característica es la pluralidad.

Para mí, torear, realizar el arte de la Tauromaquia, y ser maestro en ello significa expresar, mostrar todas las capacidades frente a cualquier tipo de toros. Tener suficencia para sobreponerse a las dificultades que pueden plantear animales diferentes a los que permanentemente vemos en las plazas y nos indican que son los "buenos". La corrida de ayer fue mala, eso no tiene duda y sería muy torpe y de afición fanática no reconocerlo. Hubo dos toros, tercer y cuarto, (sobre todo este último), indomables, imposibles, ilidiables, con un sentido e instinto de conservación y defensa propios de cualquier animal que no haya sido seleccionado y campe en libertad por la sabana. No se si se me entenderá, pero es tan criticable como admisible que dentro de la pluralidad que subsiste en la Tauromaquia puedan, ¡ojo! por suerte muy de vez en cuando, saltar al ruedo toros así. Repito, no es el toro que quiero, no es el toro que busco, pero acepto el "error" de su comportamiento. Como en todas las facetas de la vida, estos "fallos" son modos de aprender, de reconstuir, de superar, de trabajar para que no ocurra,

Pero ocurrió. Y, como no podía ser de otra forma, esta bendita afición en vez de reconocer el valor, la dignidad, la honestidad de los hombres que tuvieron que protagonizar esa "película de miedo", en una falta de escrúpulos alarmante, nos tiramos los encastes a la cabeza. Mi búsqueda de pluralidad, como ya he dicho, admite que salten esos animales, pero no implica que no tenga actitud crítica hacia ellos, pero lo que jamás entenderé es la guerra interna entre aficionados y profesionales tras la corrida con esa vehemencia de suponer que se tiene en la mano la verdadera Tauromaquia de nuestro tiempo por el simple hecho de que una corrida de encaste diferente haya salido mala, o al revés.

Busco la emoción, la casta, la bravura, pero el toreo tras dominarla. Ayer supuso una corrida mansa, peligrosa hasta la extenuación, y en la que salieron dos toros sin opciones de dominio para realizar cualquier tipo de arte. Pero lo que sí me llenó es la hombría de los TOREROS, permítaseme las mayúsculas, de oro y de plata. Cuando "sonó el pitido final", me quedé desfondado en mi asiento por la tensión vivida, pero a la vez lleno, repleto, por estar delante de hombres que dan Gloria a esto. A veces (las más) creando Arte, y otras enfrentándose al mismísimo Diablo, como el cuarto toro de ayer. Critico, pero admito, que en la Tauromaquia salten animales como los de ayer, ahora hay que trabajar para que no ocurra...por el bien de mi corazón y por la mala hostia que calzan algunos cuando fracasa una ganadería de encaste diferente.

Foto:
Venegas con el tercer toro de Moreno Silva ayer en Madrid. Juan Pelegrín para las-ventas.com

martes, 31 de mayo de 2016

BREVES APUNTES SAN ISIDRO 2016. "Sebastián Castella, el toreo sin Alma. Rafaelillo, el Sentimiento"


Amigo lector, es difícil expresar los sentimientos internos que cada uno tiene cuando se encuentra frente a una obra de arte taurina. Yo, equivocado o no, y permítanme recomendarles que así lo hagan, solo creo en lo que veo, en lo que siento, en los toreros que transmiten, en los toros con casta y bravos, los de bocas cerradas y patas fuertes.

Dicho esto, me gustaría poder explicarles lo que ayer viví presenciando un torero en Madrid. Sebastián Castella me produjo la sensación más plana que me puede transmitir un torero. Fue como un poeta sin éxito, un artista sin corazón, un toreo sin sentimiento en nada, como quien escribe una poesía sin alma, como quien quiere sin amar. Un torero no puede tener el corazón de piedra. Pases, pases, y más pases como un autómata, como la máquina espendedora de pases abierta 24 horas, sin sentimiento, sin vida, un toreo sin alma, toreando sin pensar más allá de la obligación de estar ahí.

Lejos de enfadarme, producía en mí el peor sentimiento que me puede llegar frente a una obra de arte taurina, la tristeza...

Cuando empezé a "dejar de creer", apareció Rafael Rubio, Rafaelillo, y me devolvió a la vida privilegiada de estar ante algo único, de ser un tipo con suerte por participar, desde la barrera, de un combate divino a través de el cual, sólo los que somos capaces de emocionarnos en una plaza de toros, sentimos esas realidades ocultas pero que "afortunadamente" no puedo encontrar. Rafaelillo demostró como lo importante del arte del toreo es ver y conocer la realidad: saber, en definitiva. Al mismo tiempo que la sabiduría, supo expresar. Es como el romántico que ríe, canta, llora, escribe poesía, compone una melodía. Rafaelillo dejó claro, al contrario que Sebastián Castella, que el toreo es el sentimiento que en él se vierte.

El toreo es sentimiento, y no se puede torear sin emoción como Castella, eso es un arte sin vida, sin alma, sin ángel. En definitiva torear ha de combinar técnica y emoción, clásicismo y romanticismo, trabajo e inspiración...Cabeza, corazón y manos, o como defendía el poeta de Moguer Juan Ramón Jiménez: con "duende y angel".

Imagen:
Sebastián Castella y Rafaelillo en San Isisdro 2016. Fotos: Juan Pelegrín, para las-ventas.com.

lunes, 30 de mayo de 2016

BREVES APUNTES SAN ISIDRO 2016. "La necesidad vital de toros como Camarín"


La sensación que tuvimos ayer durante la lidia del segundo toro de la tarde, "Camarín" de nombre, del hierro de Baltasar Ibán, fue la de la representación del movimiento, de la fuerza bruta, de la casta y combatividad.

Sus arrancadas creaban una atmósfera dinámica que irradiaba la sensación de movimiento, de cambio de materia sin dominio. Pasaba rápido el tiempo, pero a la vez daba la sensación de estar frente algo eterno, como es la embestida poderosa de un toro bravo. Toros como "Camarín", suponen una "soldadura" en mi afición, me aferro a estos toros, por el impacto que producen en mi interior.

La sensación de movilidad en el arte se ha pretendido siempre mediante difertentes formas. En el barroco, por ejemplo, se valieron de artificios compositivos, para expresar tensión emocional y poder transmitirla al espectador. Bernini, por citar algún autor barroco, utilizó efectos dinámicos, para tratar de inducir ese estado de ánimo. En la Tauromaquia el elemento que se ha de buscar para que la emoción del dinamismo llegue al espectador, es la casta, la fiereza que se pueda dominar. Reflexiono cada vez que salta al ruedo un toro como "Camarín" sobre la necesidad de transmitir la sensación de vida, de lucha y de que un hombre es superior a los demás por enfrentarse a ella e intentar dominarla.

Por ello, creo convencidamente que para que la fiesta de los toros se perpetúe y tenga razón de existir, se ha de buscar la emoción que produce la fiereza, y la casta como efecto en los públicos. En "Camarín", de Baltasar Ibán, se apreció esa densidad, esa realidad del toro bravo, sin efectos, como el exceso de nobleza, que pueden diluir el verdadero sentido del arte de torear.

Imagen:
Apolo y Dafne, 1622-1625, Gian Lorenzo Bernini, Galería Borghese, Roma. Y Alberto Aguilar con "Camarín" de Baltasar Ibán, en Madrid. Foto: Juan Pelegrín, para las-ventas.com.
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