jueves, 17 de octubre de 2019

Esas personas extraordinarias: Los Médicos Taurinos


Jamás pasará el tiempo necesario para reconocérselo. Basta con que ocurra un grave percance en una plaza de toros para que aparezcan en escena ese tipo de personas a las que nunca dejarás de admirar. Esas personas que nunca alardean, siempre en su puesto, pero que su presencia establece esa misteriosa corriente emocional y afectiva por parte de todos, y que las enlaza con la Tauromaquia en una entera grandeza.

Estos colosos en la sombra, cada vez que un toro alcanza su presa, dejan a su paso por la historia taurina una milagrosa estela de confianza y respeto por su labor, que hacen de ellos unas de las personas más extraordinarias que jamás ha tenido la Tauromaquia en cualquier época. La atención, la sabiduría, el cuidado, el sentido de responsabilidad, se leen en sus caras al seguir con vigilancia todo lo que acontece en el ruedo.

Cada uno estamos en el tendido a nuestras emociones, a nuestros comentarios, pero haced la prueba: Mirad hacia el burladero donde se acomodan estos seres e intentad hacer desaparecer el bullicio de vuestros sonidos. Encontrarlos con la vista, olvidarte del ruido...es de una emoción insuperable en confianza. Siempre se quitan méritos, pero sabemos que sin su presencia, el ponerse delante del toro no sería una cuestión de corazón, y si más de medida, técnica y cabeza.

Su presencia es espiritual, nunca ceden ante el imprevisto. De ahí el cuadro afectivo que toda la afición ha creado en torno a estos custodios. Sus manos son una lección en sí mismas. Han demostrado durante una temporada más, y lamentablemente este fin de semana en concreto, que poseen un imponderable espíritu de colaboración profesional con la Fiesta de los toros. Ellos siempre están ahí, siempre dispuestos para hacer, no solo de lo que ellos se espera, sino mucho más. Todo lo que sea necesario para que la Tauromaquia siga adelante con su historia, son los Médicos y Cirujanos Taurinos. Gracias, eternamente Gracias.


Imagen: Equipo médico de la plaza de Las Ventas en 2010 con Don Máximo García Padrós a la cabeza. Foto vía: nisainforma.es

martes, 15 de octubre de 2019

Humilde homenaje a las familias de los Toreros y Subalternos


Esta misma mañana, una conversación en una red social, me ha hecho reflexionar sobre las familias de los toreros y subalternos. De todos es sabido que la Tauromaquia exige una entrega total por parte de estos profesionales. Me imagino, si es que puedo ya que es demasiado osado hacerlo, cómo cada comienzo de temporada los que se visten de luces, se hayan en la tesitura de intentar compaginar su trabajo con las personas que completan su circulo familiar.

Es el sufrimiento de los callados, y creo que nunca se les ha hecho el merecido homenaje por aguantar estoicamente cada tarde donde se puede tocar la gloria, o descender al más cabrón de los sufrimientos. El profesional del toro no deja de ser humano, con dotes extraordinarias que a muchos no nos ha dado la providencia, (por suerte), y detrás de cada uno de ellos, sin hacer ruido, apoyándolo en su elección vital, sosteniendo su afición y generando junto a él un conjunto que quizá no fuera cerrado si no estuviera presente, está la familia.

El Toreo es una profesión de las más exigentes que existen y contiene un hecho que hace que la familia sufra considerablemente: El juego habitual con la muerte en forma de toro. Por ello, la familia seguro que para muchos es el último pensamiento antes del toque de clarines y la expresión interna de unos valores sublimes que sin el apoyo de los seres queridos, quedarían demasiado lejanos.

Me gustaría desde este blog rendir un homenaje a las madres, padres, esposas, hijos, hermanos, abuelos, etc. que cada día quedan en silencio cuando a cientos de kilómetros, inmersos en un mundo de bullicio y clarines, su familiar se va a enfrentar con la muerte. Esas familias que con una media sonrisa reciben la noticia del triunfo de la vida, aunque no se haya triunfado en la tarde. Esas familias que se tragan la agonía de la incertidumbre que sale por chiqueros y que aguantan una vida que lleva herrada en la nalga derecha la "S" de Sacrificio. Va por ellos porque han sabido aceptar como algo normal y cotidiano, la naturalidad con la que se juega la vida un Torero.

Imagen:"La plegaria del torero". SALVADOR VINIEGRA y LASSO de la VEGA (1862-1915). Óleo sobre lienzo .

miércoles, 9 de octubre de 2019

Antonio Ferrera y el triunfo de lo espontáneo


Mucho se ha hablado estos días de la tarde de la encerrona de Antonio Ferrera en la Feria de Otoño de Madrid 2019. Cada uno sacará sus conclusiones, respetables e interesantes todas porque de cada una de ellas, por diferentes que sean, se aprende siempre. La mía tiene que ver con las emociones. Yo, que después de trastear con fuentes, filosofías, teorías, etc., de la Historia del Arte he terminado por asumir con convicción firme que la Tauromaquia es un ARTE, épico, pero ARTE, la encerrona de Antonio la viví como quien vive una experiencia frente a 6 obras de arte distintas en una exposición o un museo.

Cada toro supuso diferentes maneras de expresar lo que lleva dentro el extremeño. La estimulación interior que ese día mostró fue vital y básica para transmitir cada una de sus experiencias frente a los toros. La tarde favorecía: el recibimiento, su participación en quites, en suertes casi olvidadas..., indudablemente todo esto fue generando en él la seguridad necesaria y en muchos de nosotros la emoción de estar ante quien se engrandece según va pasando la tarde. Me quedó claro, partiendo siempre de la base de que no soy partidario de las encerronas ni de los manos a mano, que Ferrera es hoy por hoy una garantía para este tipo de festejos. Otros, por desgracia, carecen de esa genial y espontánea estimulación que hace que cada faena y cada obra ante los toros según van saliendo por chiqueros, sea diferente.

Se unieron la motivación, el interés y el uso de técnicas de expresión taurinas, que convirtieron la tarde en un compendio de emociones. Otras encerronas no tienen nada que decir o manifestar, no llegan, no generan interés.

Sin embargo, el sábado se dieron las condiciones relevantes de expresión artísticas para que todo fluyera así. Se entrelazaron locuras con genialidades, indispensables para emocionar. Se superó lo espontáneo, a medida que pasaba la tarde se adquiría mayor riqueza taurina en Antonio. Intentó comprender a cada toro para perfeccionar a lo realizado con el anterior. Ajustó movimientos naturales hacia una especie de pasos de danza con sus exigencias de interacción con el toro, casi diseñando coreografías...

Todo esto, si se hace con sentimiento, a mí, que quiero dejar claro que en otras ocasiones me ha parecido puro amaneramiento y me declaro amante del toreo clásico y seco, esta tarde me emocionó y evidenció, aún más si cabe, que la Tauromaquia es emoción, con el toro, con el torero, o con los dos en comunión, y yo me niego a conformarme con estímulos repletos de clichés. Lo espontáneo engrandece la expresión artística. Al menos en mi caso. Gracias Antonio, por todo.

Imagen:
Ferrera en un desplante tras un quite. Foto: las-ventas.com

martes, 1 de octubre de 2019

Tras la polémica con la tarde de Perera
Aceptemos las emociones de cada aficionado



Sé que es una empresa muy difícil, e incluso osada (pido perdón de antemano), intentar siquiera dilucidar sobre esto, pero quisiera que se tomara este escrito como una opinión meramente personal y que ha suscitado en mí una inquietud a raíz de las "guerras y guerrillas" entre aficionados que sienten el toreo de distinta forma, y no por ello mejor ni peor.

No puedo estar más convencido de que el arte de torear es un centro de valores sentidos por cada aficionado, donde las necesidades emocionales se solventan con diferentes rasgos acaecidos durante la lidia. Así pues, cualquier momento, detalle, aunque para algunos no sea percibido como bello, puede también llegar a emocionar a otros aficionados sin que por ello sea motivo de disputa.

Cada aficionado, cada persona, da un sentido a lo acontecido en el ruedo. Para algunos la faena de Miguel Ángel Perera el pasado domingo en la Feria de Otoño de Madrid fue cumbre y rotunda y para otros fue una faena más, de muchos pases pero que no llegaron a emocionar interiormente, y no pasa nada. Ni un aficionado es mejor por emocionarse con ello ni otro es peor por no sentir ese toreo, no pasa nada. La percepción subjetiva del toreo determina una forma de sentirlo, abarca tanto una perspectiva interpretativa personal como una reacción emocional ante la forma de torear y comportamiento del toro.

Existe una corriente que considera necesario para ser aficionado, emocionarse con lo que a ellos les emociona, una especie de necesidad que así sea para tratar de imponer gustos. En nuestra sociedad, queramos o no queramos, la Tauromaquia está cada día más degradada por la urbanización de la cultura, la búsqueda abusiva de otros entretenimientos y aficiones, y la esquizofrénica manera de tratar a los animales como si fueran iguales. Por ello, estoy convencido, que cuantas más formas y maneras de ofrecer toros, mejor. Me explico. Antes, no hacía falta inventarse corridas distintas porque las plazas estaban llenas independientemente del toreo y ganadería que se anunciara, la Tauromaquia estaba arraigada en la sociedad y no necesitaba de "unión". El pueblo la conocía, las figuras estaban bien o mal dependiendo del toro que tenían delante, además no hacían ascos a torear cualquier ganadería. Esto último, que parece un tópico, pero no lo es ya que a la figura del toreo se la miraría con otros ojos cuando toreara las ganaderías que considerara predilectas.

Pero volviendo al sentido del escrito, hemos de entender que el sentido de arraigo para con la Fiesta de los toros, ha de estar por encima de filias y fobias. Si para unos el toreo es lo que hizo Perera el otro día, para otros es lo que hizo Emilio de Justo en Dax con los victorinos, por ejemplo. El toreo y el toro en el ruedo, son precisamente la forma que los aficionados a los toros tenemos para darle sentido a la Tauromaquia. Cada aficionado capta y se emociona con diferente sentido a través de lo que considera bello en el toreo. Hay personas que reaccionan de diferente manera. A algunos nos conmueve el toreo erguido, natural, nada forzado y rematado detrás de la cintura, y a otros el toreo largo y en línea, girando sobre el pie de apoyo para ligar muchos pases, y no pasa nada.

Como afición, necesitamos de la emoción, de diferente forma como hemos dicho. Hemos de tener empatía con las distintas formas de ver y sentir el toreo, encajar las críticas en un momento dado a un torero o comportamiento de un toro. Esto no es ficción, y con el debido y totalmente necesario respeto hacia la persona que se pone delante de un animal criado con esmero por un ganadero durante 3 o 5 años, debemos entender que hay diferentes formas de sentir y entender el toreo, formas de dar sentido a nuestra afición y desarrollar una pasión por la Fiesta de los Toros. Hasta que no entendamos que la forma que cada uno tenemos de ver los toros no es la únicamente valida y aceptemos al aficionado de al lado si se calla cuando tú pides las orejas, estaremos tirándonos piedras sobre nuestro tejado.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

La humildad del novillero


La torería comienza con humildad. Desde hace un tiempo a esta parte, he venido notando la falta de humildad por parte de ciertos novilleros al comportarse como quien ya tiene en sus espaldas el polvo de muchas tardes de sacrificio. Ayer sin ir más lejos el novillero con picadores Marcos, se atrevió a subirse a un caballo de picar en la plaza de Fuenlabrada, obviando así el canon de la lidia que yo creía, iluso de mí, que estaba aprendiendo. Un acto que no tendría mucha importancia si se hiciera a puerta cerrada en un ambiente festivo, pero no, lo hizo ante el público, como "algunos mayores", y no se dan cuenta de que esos actos no hacen ningún bien porque una cosa es tomar la Tauromaquia como una fiesta y otra convertirla en una Fiesta.

Me quedo con la humildad del novillero que pasa del egocentrismo a poner al toro como centro. A saber dar las gracias al animal, al rito, en definitiva a la Tauromaquia. Ojo, una humildad torera, no rebajarse uno mismo o dejar que la gente del toro le pase por encima. Eso sería una falsa humildad si de un torero se habla. La verdadera humildad del torero no quiere decir dejarse humillar, no es tener baja autoestima, si no tener una visión correcta de la Tauromaquia, de sí mismo y de respeto al toro. El novillero que empieza, (y con el que me quedo), es aquel que conoce sus fuerzas y sus debilidades, pero siempre las pone al servicio del toro y del toreo, no de su propio interés llegando a rebajar el sentido de la Lidia.

Cada vez que pienso en estas cuestiones recuerdo mis estudios de estética y filosofía en la carrera de Historia del Arte. Me viene a la memoria el crítico Prerrafaelita inglés John Ruskin. Para él, el lugar que ocupa el artista en el mundo es a la vez muy elevado y muy humilde. No pudo, sin saberlo, describir mejor a un novillero. Si, según Ruskin, el artista maestro en otras artes debe poseer dos sentidos profundos: el moral y religioso, para mí el novillero debe poseer el don de la humildad y la disciplina. Por eso no entiendo la altivez de novilleros como el que se subió ayer a un caballo de picar en público, y sí al novillero que da todo lo que tiene ante cualquier tipo de novillos. Un ejemplo fue Francisco Montero en Villaseca de la Sagra. La gente habla mucho, por espectacularidad, de su porta gayola ante el precioso novillo sexto de Monteviejo, pero yo, la humildad la percibí cuando puso su vida en manos del tercero. Sin volver la cara ante un novillo que no te da tiempo a pensar en subirte a un caballo para regocijo de un público festero y sin más afición que los dos días que hay toros en su pueblo.

Termino recordando una frase de Ruskin que apunté porque me pareció ilustrativa para muchas cosas en la vida pero que para el tema de los novilleros viene al pelo: "El deber de los artistas...es enfrentarse a la naturaleza con la sencillez de su corazón, sin nada que elegir ni despreciar nada".

Imagen:

Francisco Montero con el tercer novillo de Monteviejo en Villaseca de la Sagra. Foto J.C. Maestre. Captura video donde se ve a Marcos picando su novillo ayer en Fuenlabrada. Via @CarabancheleroF

miércoles, 24 de abril de 2019

Crónica de un domingo de Resurrección en el campo base. Juan Ortega y el Toreo


Sabía que podría ser un día especial. El domingo de resurrección amaneció negro, como cual viernes de dolores. Las miradas al cielo eran tan asiduas como las miradas al reloj para saber cuanto tiempo quedaba para salir en penitencia hasta las Ventas.

Hacía frío según bajaba por la calle Julio Camba al encuentro de los compañeros de disgustos, (a veces de alegrías)..."El aire, que se pare", pensé creyéndome "El resucitado", pero de momento no tengo yo el poder sobre los fenómenos atmosféricos. Frío, pero la ilusión intacta. Café, copa y tertulia arregladora del toreo, o no sabemos si empeoradora, pero cada uno con nuestros anhelos nos creímos Don Manuel Chopera, el viejo. Llegó la hora y andamos como con miedo, respeto, diría yo hacia la plaza. Una sensación que se acrecienta según se va acercando la hora del toque de clarín. Respeto por lo que pueda pasar, por quienes se van a poner delante, por los que van a vender cara su vida cuidada durante cuatro años al más mínimo detalle, respeto por los muros con tanta historia, en definitiva andamos hacia la Plaza de Toros de Las Ventas.

Ya en el "campamento base" del tendido, se nos empezaron a congelar los dedos de los pies, el gordo ya había dejado de pertenecer a mi cuerpo cuando dieron las 6 de la tarde. Llamamos al serpa que portaba las bebidas para intentar entrar en calor, le costó llegar por las fuertes rachas de viento, pero al final lo consiguió, "Cuatro anticongelantes, jefe".

Saltó el primero, y los kilos no le dejaron mostrarnos toda su buena condición que parecía tener dentro. Galván, quiso, pero el vendaval no terminó de confiarle....

El domingo no auguraba nada bueno. Pero mientras buscábamos la manera de calentarnos, salió el segundo, fue al caballo y ocurrió. El emoción efímera apareció. Juan Ortega, un chico que irradia algo distinto por su tranquilidad. Su forma de andar, de torear callado, como si estando allí con esa carga, el toro fuera quien lo aliviara. Cogió el capote, se fue a los medios y sentimos la llamada del toreo. Hay quien intenta hacerlo pero no le sale nada decente, quizá algo parecido, pero con cuerdas desafinadas. Juan Ortega, paró el viento, calentó al frío, toreó a la verónica y lo hizo como si nunca pudiera separarse del capote. Metió riñones, adelantó la pierna y movió los brazos sintiéndose el compositor del toreo de capa. Esa unión entre el toro y su imaginación, solo se puede calificar de grandeza.

En este domingo nublado, lo siento por el Sol, que las malditas nubes no se apartaron para que lo viera.

Imagen: Juan Ortega dibujando el toreo a la verónica. Foto: las-ventas.com 

lunes, 8 de abril de 2019

Las Ruinas Románticas y las Plazas de Toros abandonadas

De las corrientes artísticas que más me llamó la atención durante mi etapa de estudiante de Historia del Arte fue el Romanticismo. Sus colores, sus flash back hacia lo gótico, sus temas...Uno de esos temas fueron las transformaciones del paisaje, sobre todo, las ruinas. Hace unos días, paseando por las redes sociales, y a raíz de una noticia que tenía que ver con la plaza de Buenavista, en Oviedo, topé con unas imágenes de plazas de toros abandonadas e inmediatamente me transportaron a estas obras, sublimes y de gran carga sentimental para mí.

Esas plazas, como las ruinas, me evocan a los tiempos en que se erguían con todo su esplendor. Las catedrales Góticas intentando acercarse a Dios y las Plazas intentando acercar a Dios a la tierra. Estos cosos supusieron la unión de la naturaleza (Toro) y el Arte. Tanto las plazas abandonadas, como las ruinas románticas, provocan en mí la emoción ante el sagrado pasado.

Rafael Mitjana de las Doblas, en su obra El Siglo Pintoresco, no puede explicar mejor las sensación que me produce estar delante de una ruina romántica o adentrarse una plaza de toros abandonada:

"Un dolor misterioso", que "Se apodera del corazón apenas se ha traspasado el umbral de ese noble recinto. Mil pensamientos de temor, de esperanza, de vida, de muerte, se agrupan en el alma formando con su mezcla indefinible una especie de atmósfera silenciosa que calma, que adormece los sentidos, y al través del cual se revela, envuelto en vaporosa lumbre, el mundo invisible".

La plaza de toros abandonada se convierte en un entorno inefable que parece querer revivir leyendas de toros bravos y toreros valientes. Si se cierran los ojos se pueden escuchar las voces del gentío en los tendidos, de oler el humo de los habanos,...En cualquier caso el sentimiento que se va a construir en el interior del visitante (o espectador de una imagen), de una plaza de toros en ruinas, evocará el paraíso perdido y nos recordará que la Tauromaquia, aún perdurable en el tiempo, tiene condicionada su caída por malas gestiones internas y ataques furibundos externos.

Imagen:

Ruina monasterio Eldena, 1825 de Caspar David Friedrich (1774-1840 y la Plaza de toros de Buenavista, Oviedo

martes, 29 de enero de 2019

El pliegue Barroco y los Vuelos de la Muleta


El toreo remite a esencias. Existe un elemento del que todo el mundo taurino habla y creo tiene parangón en las otras artes: Los vuelos de la muleta.
Me remiten a los pliegues barrocos, ya sea en escultura o en pintura. El Barroco curva y recurva los pliegues que ya se utilizaron desde la antigüedad griega, los lleva hasta límites insospechados.

El torero, cuando echa los vuelos de la muleta al hocico del toro, es la acción preparatoria para llevarlo, como el artista barroco, hasta el infinito. Tanto para éste como para el torero, (a quien siempre he considerado muy cerca de este movimiento artístico), los pliegues y los vuelos de la muleta tienen dos sentidos, uno material y otro en el alma.

El material lo constituye lo tangente, la parte palpable y que podemos ver cuando presenciamos la obra y/o la faena en el ruedo. Pero en el interior de los vuelos, el alma recorre los pliegues que se crean en el momento del cite, del embroque y del remate del pase que se interrumpe pero no se desarrolla entero, porque los vuelos de la muleta van hasta el infinito que no vemos. El filósofo alemán Gottfried Leibniz, sin quererlo describió el toreo con los vuelos de la muleta. Para él la curvatura del universo se prolonga según tres nociones fundamentales: "La fluidez de la materia (vuelos), la elasticidad de los cuerpos (embestida del toro y muñeca y cintura del torero), y resorte como mecanismo (el propio sentido de la tauromaquia).

Los vuelos de la muleta, como el pliegue barroco, cumplen su función artística de enseñarnos lo palpable y remitirnos al infinito interior porque un natural, nunca termina.

Foto:
Fragmentos del Éxtasis de Santa Teresa, Gian Lorenzo Bernini ( Santa María de la Victoria), Morante al natural en Madrid.

miércoles, 16 de enero de 2019

La búsqueda de la personalidad de un Torero


A muchos nos gusta hablar de la búsqueda de toreros con "personalidad". Cuando nos sentamos en un tendido lo hacemos con la esperanza de presenciar, además de un toro bravo y encastado donde los haya y si puede ser "el toro más bravo de la historia", a toreros que se muestren distintos al toreo academicista del pase técnico.

Pero, ¿Que es eso de un artista del torero con "personalidad"?. Es difícil de explicar.
Personalmente me ocurre lo mismo en el toreo que cuando estoy delante de una obra en un museo, ya sea escultura o pintura, o dentro de un edificio que transmite eso, "personalidad" por ser distinto. En el toreo busco que la composición sea interesante, que su arte rompa con el marco costumbrista del pase por el pase, que transmita un sentimiento de energía contenida y que nos prive de los "contornos" y la linea plana en cada pase. Muchas veces lo imperfecto es lo que hace saltar la chispa de nuestra emoción interior.

A mi me ha ocurrido, no se si a ustedes, el estar presenciando una corrida o novillada que transcurría por unos cauces digamos, anodinos, y en un momento dado, un lance me transmita una sensación de calma que expresa tanto la energía latente del toreo, que todo lo que hay a su alrededor parece diluirse, desenfocarse en mi mente. En ese momento el torero ha conseguido transmitir esa "personalidad" diferente y nos ha transmitido calma a la inquietud que nos hace acudir día tras otro a las plazas de toros.

Torear viajando al interior de sí mismo para comprender que el toro ofrece esa embestida para crear algo distinto a los demás, no para ser un mero trámite gris y académico. Es difícil, muy difícil obedecer al corazón y a la cabeza a la vez, por eso, los elegidos son pocos. Por cierto, Juan Ortega, lo es.

Foto:

Juan Ortega en un extraordinario trincherazo en pasado 15 de agosto en Las Ventas: Foto: las-ventas.com

lunes, 24 de septiembre de 2018

Vertidos Tóxicos de la Industria Taurina


La Tauromaquia, o Fiesta de los Toros, nació con el hombre en su deseo de dominar la Naturaleza en forma de Toro. Ese ha sido el fin, con propósito estético o épico, que ha llevado a cultivar técnicas y destrezas a lo largo de la Historia. Los antiguos toreros del siglo XVIII y XIX formularon las "reglas" del Arte de torear cuya clave para definir el toreo, para mi, fue expresada por Juan Belmonte «parar, templar y mandar».

Pero el quid de la cuestión es que el hombre, los profesionales del toro, se han ido olvidando del sentido primigenio de enfrentarse a la total integridad de la Naturaleza y, cada vez con más descaro, están actuando antinaturalmente al mermar las defensas e integridad del Toro Bravo. Estas acciones, absolutamente reprobables por quien subscribe, lo único que conducen es a una degradación, a un desprestigio del espada que exige esa merma en los animales a los que se ha de enfrentar.

Por mucho que los públicos esporádicos y festeros, obvien esas mutilaciones, la historia estará ahí para dar fe de ello. La acción tóxica del afeitado de los pitones, es un veneno para la afición mía. Es el agente externo que deprime y anula las fuerzas que le entran a uno de acudir a una plaza de toros, (a las cuales, por este y otros temas escabrosos soy cada vez menos asiduo).

Haría falta una reacción para salvar la integridad del Toro bravo. Toreros rebeldes que buscaran el camino de la verdadera Tauromaquia con la luz de su hombría y de su valentía que fueron decisivas para querer ser torero. Hombres que pasen por encima de los prejuicios, de la rutina y el abuso que han cometido muchas de las figuras contemporáneas.

Una Tauromaquia de verdad que cada día se prestigiara más con sus éxitos, (y fracasos), pero frente a toros con las defensas íntegras, como la naturaleza los trajo al mundo. Esa Tauromaquia se levantaría liberadora frente a la pseudo-Fiesta inventada por los mercaderes del toro, sin más base que el triunfo personal que si se hace frente a animales manipulados llega a ser ridículo y de vergüenza ajena.

Toro de El Vellosino lidiado por El Juli en Tomelloso.

jueves, 9 de agosto de 2018

Sobre el Sorteo en la Feria de Otoño 2018

Hace unos días saltaba la noticia. El empresario de la Plaza de Toros de Madrid, Simón Casas, anunciaba que este año las combinaciones para la Feria de Otoño se van a decidir por medio de Sorteo con bombos, al estilo de los emparejamientos futbolísticos.

Vaya por delante que yo he defendido esta fórmula de un tiempo a esta parte. Lo he defendido, no porque crea que sea la mejor solución, si no por ser el último clavo ardiendo al que agarrarse ante la falta estrepitosa de compromiso de las Figuras del toreo actuales para anunciarse con hierros distintos a los habituales, y con diferentes compañeros del escalafón que no sean siempre los mismos.

La presencia privilegiada de la Figura del toreo en la Tauromaquia actual ha concluido en un estereotipo, son riesgo a decirlo. El cliché, la descripción de una Figura del toreo como un artista sin apenas compromiso más allá del triunfo a toda costa y con los mismas ganaderías, sumergido en un trono de poder sin sentido e interesado por quienes le rodean, y por quienes tienen que vivir de unas migajas publicitarias, explicaría el número elevado de aficionados que vean con buenos ojos el sorteo que se llevará a cabo en Madrid.

Parte de la afición rechaza la forma en la que se están creando supuestos mitos, con gran éxito comercial, (ojo, y a los que reconozco sus méritos hasta que han llegado a serlo), y que dan una imagen del torero únicamente preocupado por sus éxitos y su propio destino, sin un mínimo interés por el futuro del campo bravo y por el rumbo del escalafón en un futuro.

El "bombo" del sorteo es, para muchos, una pequeña experanza, pero que a mi modo de ver no será efectiva por la negativa de entrar en él de muchos de los toreros de los primeros puestos del escalafón. No tendría que ser necesario, ni que se nos pasara por la cabeza, si la Figura del toreo actual buscara renovar la Tauromaquia, y el compromiso más allá del propio y dejarse de la aparente, (que no creo que sea así), superficialidad de sus triunfos sumidos en la monotonía.

La Tauromaquia no necesita de estos golpes efectistas de sorteos, pero sí que los matadores que mandan hoy día en los despachos y en las plazas, fueran conscientes del patrimonio que existe detrás de la palabra "Figura del Toreo", aquella que no rehuye compromisos.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Los Novilleros "punteros", no van al pueblo por vacaciones


Aparecen los carteles de las más importantes ferias de novilladas de septiembre y llama la atención la ausencia de novilleros como Toñete, Cadaval, Marcos, y algún otro que son los que frecuentan la parte alta del escalafón inferior. Es cuando menos significativo que un chaval de apenas 20 años, sin nada conseguido en esto del toro, rehuya ya el "compromiso".

Yo, iluso de mi, pienso en el niño que quiso ser torero. Seguro comenzó toreando "mecánicamente" en el patio de su casa con un trapillo mientras aplaudían los "tendidos de sombra" (y tiestos). Llegó la escuela taurina, las primeras novilladas sin picadores, y ¿ahora?. Ahora, señores, son novilleros a las puertas de ser matadores de toros, con todo lo que esa palabra conlleva. Ahora, por mucho nombre y padrino que se tenga, debieran buscar "resultados" con sus esfuerzos, sin volver la cara ante nada, ni en ningún coso, para mantener la integridad individual. Otra cosa es que esa integridad se haya vendido al diablo que le dice todas las noches al costarse que ya es figura del toreo.

Ser Figura del Toreo, es un proceso, no es un producto. Parece que sólo les importa el resultado y eso es erróneo. Estos novilleros viven en el único deseo de que sus tardes sean triunfales, sin fracaso, estéticamente agradables. Olvidan que se han de curtir en mil batallas, que ahora es cuando tienen la fuerza necesaria para hacerlo. No se dan cuenta de que si se anunciaran en ferias donde sale el novillo fuerte, de diferentes encastes, comportamientos, etc., podrían explorar, experimentar y descubrir las posibilidades de esos comportamientos, descubriendo conceptos creativos, y quizá hallen otra expresión individual encerrada en un estrato inferior que la monotonía de sus tardes le impide dejar salir.

Estos chavales, podrían perfeccionar su técnica, su destreza...No pueden comportarse como figuras del toreo, con exigencias porque no se dan cuenta pero así NUNCA SERÁN INDEPENDIENTES, no conocerán el misterio del toro bravo, no gozarán con la exploración y el placer de crear con cualquier tipo de toro, pero lo peor, nunca sabrán lo que es el orgullo de poder, de saberse capacitado para torear ante los RETOS.

La Tauromaquia es una experiencia apasionante que, si fuera vista así, animaría a los novilleros a explorar y descubrir, sin importar el resultado que podría ir desde el placer, lo espectacular, lo impresionante, el fracaso, el triunfo...pero rehuyendo las Ferias donde el novillo no es el convencional, lo único que hacen es engañarse a sí mismos, porque serán uno más.

martes, 31 de julio de 2018

Emilio de Justo y Camille Pissarro: Dos "tardíos" soplos de aire fresco

El año pasado ya empezó a sonar fuerte su nombre por los mentideros de aficionados taurinos más interesados en las corridas donde se anuncian toros de encastes menos asiduos a las plazas. Desde Francia, sobre todo, llegaban noticias de los triunfos de un torero con tiempo de alternativa pero que el sistema, y quizá su "guerra personal", le tenían relegado a un segundo plano, como a tantos otros toreros.

Emilio de Justo se ha convertido un un torero que a muchos nos ha aportado un soplo de aire fresco y, paradógicamente, desde un éxito que podríamos llamar tardío. Recordando a los artistas, (esta vez tiro de sentido de este blog al comparar la tauromaquia con las otras artes), me viene a la memoria la figura del, para muchos, padre del impresionismo, Camille Pissarro. A él también le vino el éxito tardío cuando el comerciante de arte francés, Durand-Ruel tras la muerte de Theo van Gogh, (el hermano de Vicent van Gogh), y que fue quien le apoyó en un momento crítico de su vida, realizó una importante retrospectiva de su obra reuniendo más de cien pinturas que le valieron el elogio de la crítica y un éxito de ventas.

Pissarro y De Justo tienen en común el naturalismo, la simplificación de la naturaleza. El pintor francés, podríamos decir que es quien mejor representa el paisaje agreste, del pleno campo. El torero extremeño  el toreo sólido, desnudo, cuasi rústico, sin alardes efectistas. Pissarro se rebajó a pintar elementos comunes como lechugas, coles, alcachofas, algo inusual si no eran un complemento de la pintura y que estaba mal visto por quienes eran partidarios de la grandeza del arte. Emilio de Justo, emociona porque realiza un toreo que, como la propia naturaleza, está estrechamente ligado al hombre. Es agreste pero sin olvidar la forma y la estructura. Estar delante de una faena del extremeño nos inspira una simplificación de la armonía que supone el reunirse con el toro. Consigue lanzarse a una "elaboración" de las faenas que refleja la madurez que ha ido adquiriendo en estos años de "ostracismo". Si alguna vez le empiezan a surgir dudas de adoptar un toreo efectista con el capricho de los detalles populacheros o seguir "desnudo" por los ruedos, ojala Emilio opte por ésto último, por la grandiosa simplificación del toreo, esa que ha sobrevivido a modas de lances que no dejan de ser un repertorio de recursos.


Imagen:

Le verger, 1872, Camille Pissarro. Emilio de Justo en Azpeitia 2018 (Foto: Javier Arroyo para aplausos.es)

martes, 24 de julio de 2018

Comentarios a la Fería de Albacete. Las "Figuras" a lo suyo: Monotonía


Llevo un tiempo apartado, pero retomo el blog en actitud crítica.
Acaban de salir los carteles de Albacete y vemos cómo nada cambia en las tardes donde se acartelan los toreros de los primeros puestos del escalafón. Es cierta la inclusión de toreros con interés como Octavio Chacón, Pepe Moral, Rubén Pinar, Ureña, Garrido, Lorenzo, etc., y por ello debemos de estar satisfechos. Pero el enojo viene cuando echas una mirada a los carteles de "figuras". Ni un sólo atisbo de compromiso, ni un ápice de superación, ni un gesto personal,..Monotonía en ganado y combinaciones. Hastío.

Mi concepción del talento artístico taurino siempre navegó por la admiración por los retos que se pusieron las figuras, (cuando lo eran), allá por los años 80 y 90, (en estos últimos es cierto que comenzó a mermarse), del pasado siglo. La imagen que tuve antaño de la figura del toreo, era la de un Dios con vocación por el rito, con una fuerza capaz de enfrentarse al mismísimo Hades que aparece por chiqueros sin importar el hierro o procedencia. Las raíces de mi afición se hundían en la personalidad de esos toreros.

El mundo de la Tauromaquia marcó mi vida de modo indeleble por las experiencias que me hicieron vivir aquellos hombres sin remilgos a la hora de enfrentarse al toro. Dámaso con Miuras, Ruiz Miguel con Victorinos, Robles con Santacolomas, Espartaco con Cebadas, incluso Manzanares Padre con Cuadris, enviaron lejos las visiones estereotipadas del arte de Torear, colocándolos en un plano superior al resto de los mortales. Eran un refugio de afición ya que estaban más allá del bien y del mal. Con ellos me hice aficionado, con ellos pude huir de la monotonía en una plaza de toros.

Hoy todo es contraste. Hoy los planteamientos de las neo figuras del toreo son esferas separadas del sentido de la Tauromaquia. Hoy no hay propia identidad, porque sólo buscan una corriente triunfalista y para ello no salen de los mismos hierros, (que por cierto conocen como la palma de su mano), no hay momento para el fracaso y el volver a levantarse.
La superación se ha borrado de su decálogo.

Seguiré recordando con nostalgia a quienes me hicieron creer en el toreo y seguiré pensando en que el Torero que quiere llegar a ser Figura está obligado a buscar, a estudiar, y a enfrentarse a todo tipo de toros, de embestidas, de comportamientos, pero no por nosotros, sino sobretodo, por sí mismo, por necesidad propia, para encontrar la Belleza en cualquier momento y no siempre y con los mismos oponentes.
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