miércoles, 24 de abril de 2019

Crónica de un domingo de Resurrección en el campo base. Juan Ortega y el Toreo


Sabía que podría ser un día especial. El domingo de resurrección amaneció negro, como cual viernes de dolores. Las miradas al cielo eran tan asiduas como las miradas al reloj para saber cuanto tiempo quedaba para salir en penitencia hasta las Ventas.

Hacía frío según bajaba por la calle Julio Camba al encuentro de los compañeros de disgustos, (a veces de alegrías)..."El aire, que se pare", pensé creyéndome "El resucitado", pero de momento no tengo yo el poder sobre los fenómenos atmosféricos. Frío, pero la ilusión intacta. Café, copa y tertulia arregladora del toreo, o no sabemos si empeoradora, pero cada uno con nuestros anhelos nos creímos Don Manuel Chopera, el viejo. Llegó la hora y andamos como con miedo, respeto, diría yo hacia la plaza. Una sensación que se acrecienta según se va acercando la hora del toque de clarín. Respeto por lo que pueda pasar, por quienes se van a poner delante, por los que van a vender cara su vida cuidada durante cuatro años al más mínimo detalle, respeto por los muros con tanta historia, en definitiva andamos hacia la Plaza de Toros de Las Ventas.

Ya en el "campamento base" del tendido, se nos empezaron a congelar los dedos de los pies, el gordo ya había dejado de pertenecer a mi cuerpo cuando dieron las 6 de la tarde. Llamamos al serpa que portaba las bebidas para intentar entrar en calor, le costó llegar por las fuertes rachas de viento, pero al final lo consiguió, "Cuatro anticongelantes, jefe".

Saltó el primero, y los kilos no le dejaron mostrarnos toda su buena condición que parecía tener dentro. Galván, quiso, pero el vendaval no terminó de confiarle....

El domingo no auguraba nada bueno. Pero mientras buscábamos la manera de calentarnos, salió el segundo, fue al caballo y ocurrió. El emoción efímera apareció. Juan Ortega, un chico que irradia algo distinto por su tranquilidad. Su forma de andar, de torear callado, como si estando allí con esa carga, el toro fuera quien lo aliviara. Cogió el capote, se fue a los medios y sentimos la llamada del toreo. Hay quien intenta hacerlo pero no le sale nada decente, quizá algo parecido, pero con cuerdas desafinadas. Juan Ortega, paró el viento, calentó al frío, toreó a la verónica y lo hizo como si nunca pudiera separarse del capote. Metió riñones, adelantó la pierna y movió los brazos sintiéndose el compositor del toreo de capa. Esa unión entre el toro y su imaginación, solo se puede calificar de grandeza.

En este domingo nublado, lo siento por el Sol, que las malditas nubes no se apartaron para que lo viera.

Imagen: Juan Ortega dibujando el toreo a la verónica. Foto: las-ventas.com 

lunes, 8 de abril de 2019

Las Ruinas Románticas y las Plazas de Toros abandonadas

De las corrientes artísticas que más me llamó la atención durante mi etapa de estudiante de Historia del Arte fue el Romanticismo. Sus colores, sus flash back hacia lo gótico, sus temas...Uno de esos temas fueron las transformaciones del paisaje, sobre todo, las ruinas. Hace unos días, paseando por las redes sociales, y a raíz de una noticia que tenía que ver con la plaza de Buenavista, en Oviedo, topé con unas imágenes de plazas de toros abandonadas e inmediatamente me transportaron a estas obras, sublimes y de gran carga sentimental para mí.

Esas plazas, como las ruinas, me evocan a los tiempos en que se erguían con todo su esplendor. Las catedrales Góticas intentando acercarse a Dios y las Plazas intentando acercar a Dios a la tierra. Estos cosos supusieron la unión de la naturaleza (Toro) y el Arte. Tanto las plazas abandonadas, como las ruinas románticas, provocan en mí la emoción ante el sagrado pasado.

Rafael Mitjana de las Doblas, en su obra El Siglo Pintoresco, no puede explicar mejor las sensación que me produce estar delante de una ruina romántica o adentrarse una plaza de toros abandonada:

"Un dolor misterioso", que "Se apodera del corazón apenas se ha traspasado el umbral de ese noble recinto. Mil pensamientos de temor, de esperanza, de vida, de muerte, se agrupan en el alma formando con su mezcla indefinible una especie de atmósfera silenciosa que calma, que adormece los sentidos, y al través del cual se revela, envuelto en vaporosa lumbre, el mundo invisible".

La plaza de toros abandonada se convierte en un entorno inefable que parece querer revivir leyendas de toros bravos y toreros valientes. Si se cierran los ojos se pueden escuchar las voces del gentío en los tendidos, de oler el humo de los habanos,...En cualquier caso el sentimiento que se va a construir en el interior del visitante (o espectador de una imagen), de una plaza de toros en ruinas, evocará el paraíso perdido y nos recordará que la Tauromaquia, aún perdurable en el tiempo, tiene condicionada su caída por malas gestiones internas y ataques furibundos externos.

Imagen:

Ruina monasterio Eldena, 1825 de Caspar David Friedrich (1774-1840 y la Plaza de toros de Buenavista, Oviedo

martes, 29 de enero de 2019

El pliegue Barroco y los Vuelos de la Muleta


El toreo remite a esencias. Existe un elemento del que todo el mundo taurino habla y creo tiene parangón en las otras artes: Los vuelos de la muleta.
Me remiten a los pliegues barrocos, ya sea en escultura o en pintura. El Barroco curva y recurva los pliegues que ya se utilizaron desde la antigüedad griega, los lleva hasta límites insospechados.

El torero, cuando echa los vuelos de la muleta al hocico del toro, es la acción preparatoria para llevarlo, como el artista barroco, hasta el infinito. Tanto para éste como para el torero, (a quien siempre he considerado muy cerca de este movimiento artístico), los pliegues y los vuelos de la muleta tienen dos sentidos, uno material y otro en el alma.

El material lo constituye lo tangente, la parte palpable y que podemos ver cuando presenciamos la obra y/o la faena en el ruedo. Pero en el interior de los vuelos, el alma recorre los pliegues que se crean en el momento del cite, del embroque y del remate del pase que se interrumpe pero no se desarrolla entero, porque los vuelos de la muleta van hasta el infinito que no vemos. El filósofo alemán Gottfried Leibniz, sin quererlo describió el toreo con los vuelos de la muleta. Para él la curvatura del universo se prolonga según tres nociones fundamentales: "La fluidez de la materia (vuelos), la elasticidad de los cuerpos (embestida del toro y muñeca y cintura del torero), y resorte como mecanismo (el propio sentido de la tauromaquia).

Los vuelos de la muleta, como el pliegue barroco, cumplen su función artística de enseñarnos lo palpable y remitirnos al infinito interior porque un natural, nunca termina.

Foto:
Fragmentos del Éxtasis de Santa Teresa, Gian Lorenzo Bernini ( Santa María de la Victoria), Morante al natural en Madrid.

miércoles, 16 de enero de 2019

La búsqueda de la personalidad de un Torero


A muchos nos gusta hablar de la búsqueda de toreros con "personalidad". Cuando nos sentamos en un tendido lo hacemos con la esperanza de presenciar, además de un toro bravo y encastado donde los haya y si puede ser "el toro más bravo de la historia", a toreros que se muestren distintos al toreo academicista del pase técnico.

Pero, ¿Que es eso de un artista del torero con "personalidad"?. Es difícil de explicar.
Personalmente me ocurre lo mismo en el toreo que cuando estoy delante de una obra en un museo, ya sea escultura o pintura, o dentro de un edificio que transmite eso, "personalidad" por ser distinto. En el toreo busco que la composición sea interesante, que su arte rompa con el marco costumbrista del pase por el pase, que transmita un sentimiento de energía contenida y que nos prive de los "contornos" y la linea plana en cada pase. Muchas veces lo imperfecto es lo que hace saltar la chispa de nuestra emoción interior.

A mi me ha ocurrido, no se si a ustedes, el estar presenciando una corrida o novillada que transcurría por unos cauces digamos, anodinos, y en un momento dado, un lance me transmita una sensación de calma que expresa tanto la energía latente del toreo, que todo lo que hay a su alrededor parece diluirse, desenfocarse en mi mente. En ese momento el torero ha conseguido transmitir esa "personalidad" diferente y nos ha transmitido calma a la inquietud que nos hace acudir día tras otro a las plazas de toros.

Torear viajando al interior de sí mismo para comprender que el toro ofrece esa embestida para crear algo distinto a los demás, no para ser un mero trámite gris y académico. Es difícil, muy difícil obedecer al corazón y a la cabeza a la vez, por eso, los elegidos son pocos. Por cierto, Juan Ortega, lo es.

Foto:

Juan Ortega en un extraordinario trincherazo en pasado 15 de agosto en Las Ventas: Foto: las-ventas.com

lunes, 24 de septiembre de 2018

Vertidos Tóxicos de la Industria Taurina


La Tauromaquia, o Fiesta de los Toros, nació con el hombre en su deseo de dominar la Naturaleza en forma de Toro. Ese ha sido el fin, con propósito estético o épico, que ha llevado a cultivar técnicas y destrezas a lo largo de la Historia. Los antiguos toreros del siglo XVIII y XIX formularon las "reglas" del Arte de torear cuya clave para definir el toreo, para mi, fue expresada por Juan Belmonte «parar, templar y mandar».

Pero el quid de la cuestión es que el hombre, los profesionales del toro, se han ido olvidando del sentido primigenio de enfrentarse a la total integridad de la Naturaleza y, cada vez con más descaro, están actuando antinaturalmente al mermar las defensas e integridad del Toro Bravo. Estas acciones, absolutamente reprobables por quien subscribe, lo único que conducen es a una degradación, a un desprestigio del espada que exige esa merma en los animales a los que se ha de enfrentar.

Por mucho que los públicos esporádicos y festeros, obvien esas mutilaciones, la historia estará ahí para dar fe de ello. La acción tóxica del afeitado de los pitones, es un veneno para la afición mía. Es el agente externo que deprime y anula las fuerzas que le entran a uno de acudir a una plaza de toros, (a las cuales, por este y otros temas escabrosos soy cada vez menos asiduo).

Haría falta una reacción para salvar la integridad del Toro bravo. Toreros rebeldes que buscaran el camino de la verdadera Tauromaquia con la luz de su hombría y de su valentía que fueron decisivas para querer ser torero. Hombres que pasen por encima de los prejuicios, de la rutina y el abuso que han cometido muchas de las figuras contemporáneas.

Una Tauromaquia de verdad que cada día se prestigiara más con sus éxitos, (y fracasos), pero frente a toros con las defensas íntegras, como la naturaleza los trajo al mundo. Esa Tauromaquia se levantaría liberadora frente a la pseudo-Fiesta inventada por los mercaderes del toro, sin más base que el triunfo personal que si se hace frente a animales manipulados llega a ser ridículo y de vergüenza ajena.

Toro de El Vellosino lidiado por El Juli en Tomelloso.

jueves, 9 de agosto de 2018

Sobre el Sorteo en la Feria de Otoño 2018

Hace unos días saltaba la noticia. El empresario de la Plaza de Toros de Madrid, Simón Casas, anunciaba que este año las combinaciones para la Feria de Otoño se van a decidir por medio de Sorteo con bombos, al estilo de los emparejamientos futbolísticos.

Vaya por delante que yo he defendido esta fórmula de un tiempo a esta parte. Lo he defendido, no porque crea que sea la mejor solución, si no por ser el último clavo ardiendo al que agarrarse ante la falta estrepitosa de compromiso de las Figuras del toreo actuales para anunciarse con hierros distintos a los habituales, y con diferentes compañeros del escalafón que no sean siempre los mismos.

La presencia privilegiada de la Figura del toreo en la Tauromaquia actual ha concluido en un estereotipo, son riesgo a decirlo. El cliché, la descripción de una Figura del toreo como un artista sin apenas compromiso más allá del triunfo a toda costa y con los mismas ganaderías, sumergido en un trono de poder sin sentido e interesado por quienes le rodean, y por quienes tienen que vivir de unas migajas publicitarias, explicaría el número elevado de aficionados que vean con buenos ojos el sorteo que se llevará a cabo en Madrid.

Parte de la afición rechaza la forma en la que se están creando supuestos mitos, con gran éxito comercial, (ojo, y a los que reconozco sus méritos hasta que han llegado a serlo), y que dan una imagen del torero únicamente preocupado por sus éxitos y su propio destino, sin un mínimo interés por el futuro del campo bravo y por el rumbo del escalafón en un futuro.

El "bombo" del sorteo es, para muchos, una pequeña experanza, pero que a mi modo de ver no será efectiva por la negativa de entrar en él de muchos de los toreros de los primeros puestos del escalafón. No tendría que ser necesario, ni que se nos pasara por la cabeza, si la Figura del toreo actual buscara renovar la Tauromaquia, y el compromiso más allá del propio y dejarse de la aparente, (que no creo que sea así), superficialidad de sus triunfos sumidos en la monotonía.

La Tauromaquia no necesita de estos golpes efectistas de sorteos, pero sí que los matadores que mandan hoy día en los despachos y en las plazas, fueran conscientes del patrimonio que existe detrás de la palabra "Figura del Toreo", aquella que no rehuye compromisos.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Los Novilleros "punteros", no van al pueblo por vacaciones


Aparecen los carteles de las más importantes ferias de novilladas de septiembre y llama la atención la ausencia de novilleros como Toñete, Cadaval, Marcos, y algún otro que son los que frecuentan la parte alta del escalafón inferior. Es cuando menos significativo que un chaval de apenas 20 años, sin nada conseguido en esto del toro, rehuya ya el "compromiso".

Yo, iluso de mi, pienso en el niño que quiso ser torero. Seguro comenzó toreando "mecánicamente" en el patio de su casa con un trapillo mientras aplaudían los "tendidos de sombra" (y tiestos). Llegó la escuela taurina, las primeras novilladas sin picadores, y ¿ahora?. Ahora, señores, son novilleros a las puertas de ser matadores de toros, con todo lo que esa palabra conlleva. Ahora, por mucho nombre y padrino que se tenga, debieran buscar "resultados" con sus esfuerzos, sin volver la cara ante nada, ni en ningún coso, para mantener la integridad individual. Otra cosa es que esa integridad se haya vendido al diablo que le dice todas las noches al costarse que ya es figura del toreo.

Ser Figura del Toreo, es un proceso, no es un producto. Parece que sólo les importa el resultado y eso es erróneo. Estos novilleros viven en el único deseo de que sus tardes sean triunfales, sin fracaso, estéticamente agradables. Olvidan que se han de curtir en mil batallas, que ahora es cuando tienen la fuerza necesaria para hacerlo. No se dan cuenta de que si se anunciaran en ferias donde sale el novillo fuerte, de diferentes encastes, comportamientos, etc., podrían explorar, experimentar y descubrir las posibilidades de esos comportamientos, descubriendo conceptos creativos, y quizá hallen otra expresión individual encerrada en un estrato inferior que la monotonía de sus tardes le impide dejar salir.

Estos chavales, podrían perfeccionar su técnica, su destreza...No pueden comportarse como figuras del toreo, con exigencias porque no se dan cuenta pero así NUNCA SERÁN INDEPENDIENTES, no conocerán el misterio del toro bravo, no gozarán con la exploración y el placer de crear con cualquier tipo de toro, pero lo peor, nunca sabrán lo que es el orgullo de poder, de saberse capacitado para torear ante los RETOS.

La Tauromaquia es una experiencia apasionante que, si fuera vista así, animaría a los novilleros a explorar y descubrir, sin importar el resultado que podría ir desde el placer, lo espectacular, lo impresionante, el fracaso, el triunfo...pero rehuyendo las Ferias donde el novillo no es el convencional, lo único que hacen es engañarse a sí mismos, porque serán uno más.

martes, 31 de julio de 2018

Emilio de Justo y Camille Pissarro: Dos "tardíos" soplos de aire fresco

El año pasado ya empezó a sonar fuerte su nombre por los mentideros de aficionados taurinos más interesados en las corridas donde se anuncian toros de encastes menos asiduos a las plazas. Desde Francia, sobre todo, llegaban noticias de los triunfos de un torero con tiempo de alternativa pero que el sistema, y quizá su "guerra personal", le tenían relegado a un segundo plano, como a tantos otros toreros.

Emilio de Justo se ha convertido un un torero que a muchos nos ha aportado un soplo de aire fresco y, paradógicamente, desde un éxito que podríamos llamar tardío. Recordando a los artistas, (esta vez tiro de sentido de este blog al comparar la tauromaquia con las otras artes), me viene a la memoria la figura del, para muchos, padre del impresionismo, Camille Pissarro. A él también le vino el éxito tardío cuando el comerciante de arte francés, Durand-Ruel tras la muerte de Theo van Gogh, (el hermano de Vicent van Gogh), y que fue quien le apoyó en un momento crítico de su vida, realizó una importante retrospectiva de su obra reuniendo más de cien pinturas que le valieron el elogio de la crítica y un éxito de ventas.

Pissarro y De Justo tienen en común el naturalismo, la simplificación de la naturaleza. El pintor francés, podríamos decir que es quien mejor representa el paisaje agreste, del pleno campo. El torero extremeño  el toreo sólido, desnudo, cuasi rústico, sin alardes efectistas. Pissarro se rebajó a pintar elementos comunes como lechugas, coles, alcachofas, algo inusual si no eran un complemento de la pintura y que estaba mal visto por quienes eran partidarios de la grandeza del arte. Emilio de Justo, emociona porque realiza un toreo que, como la propia naturaleza, está estrechamente ligado al hombre. Es agreste pero sin olvidar la forma y la estructura. Estar delante de una faena del extremeño nos inspira una simplificación de la armonía que supone el reunirse con el toro. Consigue lanzarse a una "elaboración" de las faenas que refleja la madurez que ha ido adquiriendo en estos años de "ostracismo". Si alguna vez le empiezan a surgir dudas de adoptar un toreo efectista con el capricho de los detalles populacheros o seguir "desnudo" por los ruedos, ojala Emilio opte por ésto último, por la grandiosa simplificación del toreo, esa que ha sobrevivido a modas de lances que no dejan de ser un repertorio de recursos.


Imagen:

Le verger, 1872, Camille Pissarro. Emilio de Justo en Azpeitia 2018 (Foto: Javier Arroyo para aplausos.es)

martes, 24 de julio de 2018

Comentarios a la Fería de Albacete. Las "Figuras" a lo suyo: Monotonía


Llevo un tiempo apartado, pero retomo el blog en actitud crítica.
Acaban de salir los carteles de Albacete y vemos cómo nada cambia en las tardes donde se acartelan los toreros de los primeros puestos del escalafón. Es cierta la inclusión de toreros con interés como Octavio Chacón, Pepe Moral, Rubén Pinar, Ureña, Garrido, Lorenzo, etc., y por ello debemos de estar satisfechos. Pero el enojo viene cuando echas una mirada a los carteles de "figuras". Ni un sólo atisbo de compromiso, ni un ápice de superación, ni un gesto personal,..Monotonía en ganado y combinaciones. Hastío.

Mi concepción del talento artístico taurino siempre navegó por la admiración por los retos que se pusieron las figuras, (cuando lo eran), allá por los años 80 y 90, (en estos últimos es cierto que comenzó a mermarse), del pasado siglo. La imagen que tuve antaño de la figura del toreo, era la de un Dios con vocación por el rito, con una fuerza capaz de enfrentarse al mismísimo Hades que aparece por chiqueros sin importar el hierro o procedencia. Las raíces de mi afición se hundían en la personalidad de esos toreros.

El mundo de la Tauromaquia marcó mi vida de modo indeleble por las experiencias que me hicieron vivir aquellos hombres sin remilgos a la hora de enfrentarse al toro. Dámaso con Miuras, Ruiz Miguel con Victorinos, Robles con Santacolomas, Espartaco con Cebadas, incluso Manzanares Padre con Cuadris, enviaron lejos las visiones estereotipadas del arte de Torear, colocándolos en un plano superior al resto de los mortales. Eran un refugio de afición ya que estaban más allá del bien y del mal. Con ellos me hice aficionado, con ellos pude huir de la monotonía en una plaza de toros.

Hoy todo es contraste. Hoy los planteamientos de las neo figuras del toreo son esferas separadas del sentido de la Tauromaquia. Hoy no hay propia identidad, porque sólo buscan una corriente triunfalista y para ello no salen de los mismos hierros, (que por cierto conocen como la palma de su mano), no hay momento para el fracaso y el volver a levantarse.
La superación se ha borrado de su decálogo.

Seguiré recordando con nostalgia a quienes me hicieron creer en el toreo y seguiré pensando en que el Torero que quiere llegar a ser Figura está obligado a buscar, a estudiar, y a enfrentarse a todo tipo de toros, de embestidas, de comportamientos, pero no por nosotros, sino sobretodo, por sí mismo, por necesidad propia, para encontrar la Belleza en cualquier momento y no siempre y con los mismos oponentes.

lunes, 14 de mayo de 2018

BREVES APUNTES ARTÍSTICOS DE SAN ISIDRO 2018: Baltasar Ibán no puede ser "cotidiano". Decepción


Para describir las sensaciones que ayer obtuve durante la corrida de Baltasar Ibán, me tengo que remitir a la filosofía estética del pensador romántico Edmund Burke. Su filosofía tenía más presente la sensibilidad que la inteligencia pura. Para él, lo sublime en el arte no era lo perfecto, sino aquello que conmueve el ánimo del espectador. Eso es lo que yo busco en una corrida de Baltasar Ibán: que me sobresalte, que me conmueva, que la casta y la fiereza de animales como Bastonito, Pistolero, Camarino, Saltillo (novillo en Villaseca), hagan aferrarme a mi asiento como si fuera el último día de la Tierra, y ayer...me perdonen, me pareció una corrida con más genio que empuje, y por momentos me dejó sensaciones cotidianas y vulgares.

Las corridas de Baltasar Ibán me ganaron como ferviente admirador, seguidor, y defensor porque son distintas de las corridas que tienen por bandera el preciosismo. Se podría equiparar al platonismo italiano del Renacimiento, frente a la sensación de violencia, de tempestad del Romanticismo. La casta que sobrepasa con mucho las mediocres y monótonas tardes que por desgracia abundan en nuestros días, ayer sólo sirvió para mantenerlos en pié pero para poca pelea estaban, incluso hubo un toro noble...demasiado noble, demasié para mi body.

He leído mucho sobre la corrida de ayer, y hay de todo: Gente que vio casta, que vio dureza, otros con el cuchillo entre los dientes cuando llegan estas ganaderías toros sosos e imposibles (tampoco es eso). Pero para mí fue una pequeña decepción por lo que busco en Baltasar Ibán. Lo decisivo en estos toros es la intensidad con que los percibo cuando están en la plaza. Despiertan sensaciones únicas que crean mi propia conciencia de lo que es para mi una tarde de toros. Animales que forman parte de de la experiencia anímica que busco en un tendido, que tienden al desorden para que el torero lo convierta en armonía y belleza. Como forman parte de mi experiencia anímica frente a la casta, ayer me perturbaron más que me agradaron.

Imagen:
Francisco José Espada frente al sexto toro de Baltasar Ibán en Madrid. Foto: las-ventas.com

viernes, 11 de mayo de 2018

BREVES APUNTES ARTÍSTICOS DE SAN ISIDRO 2018: Porqué la faena de Román Collado también fue Arte de Torear


En estos tiempos nos hemos acostumbrado a considerar Arte en la Tauromaquia únicamente  en obras donde se dan cita ciertos cánones predefinidos como compostura-composición, armonía, cierta gracia y detallismo en el momento del embroque. Siempre he defendido que el Arte, en la manera de torear, puede ser considerado de muchas maneras. Ayer Román, con "Hechizo" de Fuente Ymbro, me lo pudo corroborar de nuevo.

Existen tantas lidias como comportamientos distintos tenga el toro que se tiene delante, y no por ello dejan de ser Arte del Toreo. Considero tanto Arte unas verónicas cadenciosas de Morante de la Puebla a un toro noble y que embiste al paso de Juan Pedro Domecq, como a la lidia sobre las piernas de Rafaelillo a un encastado y fiero toro de Dolores Aguirre, (valgan los dos ejemplos para explicar mi teoría).

Ayer Román se encontró con un torrente de embestidas y dejó claro que el toreo es una voluntad de poder. Si bien es verdad que la preparación de la faena, por alto en estatuarios, pudo violentar algo al toro de Fuente Ymbro, la voluntad del valenciano hizo que el trasteo llevado a cabo fuera una obra de Arte, no armónica, sino rítmica.
La faena fue una obra de arte en su totalidad, pero ya no armónica, como se le suele suponer, sino una fuerza desencadenada, sin freno, fue una infinitud. La obra de arte armónica se sometió al ritmo, y si el toreo armónico es bello, también el someter a ese toro lo fue. El toreo rítmico ejecutado por el valenciano renunció al virtuosismo y detallismo para concluir en una manifestación natural, hombre frente al toro, a la fiera. Se esforzó por configurar una perfección, pero el mero hecho de aguantar esas embestidas fue el sentido del arte.

La tormenta de poder ayer en las Ventas, derribó el mito actual de lo que se considera Arte de Torear.

Foto:
Román con "Hechizo" de Fuente Ymbro ayer en Las Ventas: Foto: las-ventas.com

miércoles, 11 de abril de 2018

La preocupante falta de personalidad en las nuevas generaciones de Toreros

¿Qué queremos decir cuando demandamos en los nuevos valores y en los novilleros personalidad y no clones técnicos de lo aprendido en las escuelas taurinas?

Cada vez con más asiduidad nos estamos acostumbrando a presenciar faenas de las nuevas generaciones de toreros, en las que lo que transmiten es que tratan de torear como les han enseñado en las escuelas, sin salirse de las pautas, técnicos como un ingeniero, en definitiva, sin personalidad y sin ese don etéreo pero que se palpa cuando se tiene, sin alma.

Un artista puede aprender a que un color, es diferente dependiendo de la base donde se imprima: una cerámica, la pared, telas...Eso es técnica, secretos de la pintura y la escultura, etc. Pero el artista que tiene el don, para conseguir el color y el trazo deseado ha de manchar, borrar, dar vueltas y vueltas, equivocarse, pero tratar de convencerse de su toreo interno, de ser uno mismo e imprimir personalidad a lo aprendido. Aún siendo muy jóvenes, el interés tiene que ser el de torear y no saber dar pases, que no es lo mismo. Aunque se equivoque, no pasa nada, es mejor equivocarse intentándo ser uno mismo que hacerlo siendo un alumno brillante, ese es fácil que no llegue a nada.

El aficionado que se sienta en el tendido busca una obra, si el toro lo permite, que llene el vacío, que cree algo único y no antes visto. Que el toreo sea un misterio fascinante, lleno de dudas sí, pero que cuando se consiga llegue dentro, muy dentro.

El arte de torear se ha de realizar por artistas, épicos, pero artistas y no por artesanos. A los nuevos valores y a los chavales que empiezan las diría que tienen que creer, que tienen genio para sobresalir de los demás. Que no "ejerzan" el toreo como un oficio mecánico, que intenten dominar la belleza, que creen y no elaboren simplemente. Ese es el verdadero reto, no sólo reproducir las técnicas que dan lugar al toreo decoroso, sino ser la fuente que origine las emociones. Bien es verdad que el artista nace y el artesano se hace. Por ello, si no se tiene el "don" para crear con personalidad, para torear diferente, se logrará ser un torero que pululará por carteles, y si tiene suerte de ser llevado por un apoderado con dotes mercantiles y serviles, vivirá de esto (como hoy pasa por desgracia con el 80% de quienes mandan en el escalafón), pero, si no se tiene personalidad personal y creadora...jamás podrá ser considerado un artista que sublime el Arte de Torear.

Foto:
Un niño intenta torear a una becerra de Miura. Autor: Antonio Delgado-Roig ()

jueves, 22 de febrero de 2018

Las ferias "remakes" y la insolidaridad taurina


Otro año esperando los carteles de las Ferias Taurinas españolas, y otro año que se traduce en decepción. De nuevo se opta por los mimos toreros con los mismos hierros y encastes hasta llegar al hastío. La incorporación de tres o cuatro jóvenes espadas con cierta proyección y bendecidos por las figuras porque molestan poco al seguir sus pasos en cuanto a "gestas" se refiere, o la vuelta a los ruedos de toreros con cierto interés... No son eximentes para la monotonía que tristemente se ha aceptado entre los públicos ocasionales, y lo que es peor, entre muchos aficionados.

Como consecuencia de la poca imaginación de los empresarios y de la nula implicación de los espadas, (la mayoría Figuras, por cierto), en algunas plazas se ha conseguido que reine una oferta taurina repetitiva que ha contribuído a apartar de las plazas a aficionados que buscamos variedad, sorpresa, triunfos, broncas, alegrias y decepciones, pero siempre una Tauromaquia diversa. Se han olvidado de un sector de la afición

Lo más triste de todo esto, y que es algo que me soprende enormemente, es que los aficionados que gustan del tipo de festejos que se repiten año tras año, en feria tras feria, se solidarizan poco o nada con "nosotros", los que buscamos otra Tauromaquia. Yo como aficionado a los toros entiendo, y quiero, que haya festejos de figuras con los toros que han elegido para sus propósitos y sirvan de deleite a estos aficionados, ¡Cómo no!. Pero algo que no puedo entender es que estos aficionados no sean capaces de pedir una mínima cuota de encastes, de gestas toreras, etc., para que los demás también podamos acudir a las plazas. Mi afición me dice que si sólo se programaran corridas donde se olvidaran del encaste Domecq y con las Figuras, también lo criticaría y pediría que se incluyeran en las Ferias. (Hago aquí un inciso para recordar que el que escribe es el mayor crítico con la no inclusión de El Juli en la Feria de Valencia y ya veremos Madrid...me parece de una injusticia total).

Tengo la esperanza de que algún día convivan todo tipo de Tauromaquias en las ferias, y ojala, en los carteles. Que un día las figuras se den cuenta de que lo son, además de por los méritos en sus carreras, porque están capacitados para enfrentarse a todo tipo de toros. Las ferias serían importantes, incluso ganarían en prestigio histórico, y dejarían de ser ciclos con combinaciones vendidas como grandes eventos pero que esa mototonía hace que se conviertan en mediocres y de mera utilidad comercial.

Es necesario educar a los públicos y aficionados y que éstos se solidaricen con una Tauromaquia diversa, con el tesoro genético del campo bravo, que no se pierdan sangres míticas, que si bien es cierto que tienen mayor porcentaje de animales que no se prestan a la Tauromaquia del pase por el pase, matienen viva la llama de la sorpresa del triunfo o la bronca, y además permitirían ver el oficio de los espadas.

Creo que estamos a tiempo de reorientar el concepto de "Tauromaquia". La diversidad sería la estrategia más adecuada para que convivieran todas las aficiones, la del torero y la del toro. Seguro es una utopía, pero creo ganaríamos todos.

Imagen: Presentación de los carteles de la Feria del milagro de Illescas. Foto: Maxitoro

martes, 13 de febrero de 2018

Rafaelillo: La injusticia en el Toreo


Si de injusticias en esto del toreo se trata hay un espada que está siendo día tras día vilipendiado y maltratado por los despachos: Rafael Rubio, "Rafaelillo".

Ya sabemos todos la inverosimil ausencia de la Feria de Sevilla tras dejar rocambolescamente la corrida de Miura, a la que nunca ha hecho ascos por cierto, (otros años tras año), en un mano a mano. Inconcebible.

Rafael ha dado todo en el ruedo con compromiso, con dignidad y hombría. Sin embargo las empresas lo han relegado misteriosamente a un segundo plano en pos de un cambio de cromos mediocre a estas alturas de la Tauromaquia. Las faenas del "pequeño" Titán murciano, son una mezcla de guerrero listo para la batalla y artista en búsqueda de la Pureza. Quizá ahí esté su "condena". Quizá algunos piensen que hoy vende la Tauromaquia amable y del pase por el pase, ¿Épica y Arte?,¿Para qué?. Eso, según los mandamases del toreo, es hoy día vulgar, algo que no está acorde con la época de triunfalismo ante públicos livianos que estamos viviendo.

Rafael, no se deja encasillar en ninguna categoría. Igual se deja partir por un Miura imposible, por amor a su profesión, que receta los mejores naturales de todo un San Isidro también ante una "bestia" de Zahariche. Para Rafaelillo, y para los que valoramos su figura, la Tauromaquia es un esfuerzo en el cual muchos, desgraciadamente, han sido sacrificados. El arte de torear para él significa una manera de vivir el mundo día a día, algo muy acorde con el sentir de muchos aficionados. Porque toreros como Rafael significan valores necesarios para que la Tauromaquia subsista, y no sólo triunfos amables y ante un arte lucrativo.

Es una injusticia en toda regla lo que se está haciendo con este toreo. Rafael se ha echado sobre si una carga en la Tauromaquia que sostiene con todas las fuerzas que su dignidad le otorga. Se ha tenido que amurallar en su creación, en su libertad, fruto de la necesidad de torear.

Sólo puedo tener palabras de ánimo para usted, Rafael, porque es capaz de establecer los cánones en los que se basa la Tauromaquia para mi, y para muchos aficionados: "Arte y épica". Algo que la ordiniarez de los despachos olvida, detiene y lo que es peor, destruye.

Foto: Rafael Rubio, "Rafaelillo", perfil de twitter @RRRafaelillo
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