jueves, 5 de diciembre de 2019

El respeto al toreo cómico y la libertad histórica


El pasado día 4 de diciembre se presentaba en la sala Antonio Bienvenida, de la Plaza de Toros de las Ventas, la temporada 2020 de Diversiones en el Ruedo. Lo hacía de la mano de la empresa Tauroemoción. Para el que escribe, este tipo de espectáculos supone una vuelta a su infancia. Gracias a mis abuelos maternos, oriundos del pueblo madrileño de Chinchón, tuve la suerte de poder disfrutar siendo niño de este tipo de espectáculos que seguro, y quizá sin saberlo, ponían una de las semillas para que me aficionara a este mundo tan grandioso que es la Tauromaquia.

La presentación hizo darme una vuelta por mis apuntes y libros de la carrera de Historia del Arte y reflexionar sobre esa pintura del siglo de Oro donde grandes artistas españoles incluyeron en sus repertorios pictóricos a personajes ligados a la corte y que servían como acompañamiento y/o diversión a la realeza y nobleza de este momento.

Velázquez, Sanchez Coello, Alonso Cano o Antonio Moro, entre otros, realizaron retratos en primer plano con reyes, reinas, infantas o validos e incluso algunos con el mérito e importancia como para hacerlos a ellos solos. La Tauromaquia no se debe olvidar nunca de estos hombres ya que, como los de antaño, son pequeños héroes que divierten con su trabajo, digno donde los haya, con la dificultad que eso supone. Sebastián de Morra, Pablillos de Valladolid, Don Diego de Acedo, Juan Baurtista de Sevilla, incluso en Las Meninas con Mari Barbola...fueron nombres famosos que el Arte no dejó olvidar hasta nuestros días.

La sociedad mojigata se echa las manos a la cabeza porque estos hombres y mujeres ejerzan la libertad de elección de una profesión. Alguno nos podrá echar en cara que vamos a los ruedos donde se anuncian con el único objetivo de la mofa por su condición física o de resaltar nuestra superioridad frente a esa condición, nada más lejos. Seguro que las mentes estrechas piensan que en la época del Siglo de Oro también eran utilizados para ello pero, si fuera así, ¿Por qué, por ejemplo existen cartas de Felipe II donde se interesaba para darles noticias sobre personas allegadas a la corte como Magdalena Ruiz?, o ¿Por qué el mismo Felipe II tenía como compañero de partidas de ajedrez a Juan Bautista de Sevilla?, o ¿Por qué Felipe IV soportaba las chanzas de Barbarroja?.

Yo soy de los que piensan que el humor y la diversión es necesario para soportar la gris monotonía y el aburrido equilibrio vital diario. Estos espectáculos los debemos ver con la naturalidad de las relaciones humanas, dejar entera libertad a su opción profesional sin tener que temer represalias de una sociedad cada vez más propensa al "buenismo" victimista. Al hacerlo así, los aficionados a los toros estaremos enseñando a nuestros hijos el respeto que han de tener hacia estas personas por elegir una profesión.

Lo dicho, es una alegría que Diversiones en el Ruedo presente temporada en las plazas. No olvidemos que al ponerse delante de una res brava están colocados por el destino, por ello los debemos proteger porque también son partícipes del misterio de la Tauromaquia, aún vestidos de payasos, adornados con oro y terciopelos son actores principales de la fiesta más resplandeciente que existe. Mi elogio.

Foto:
Montaje con el cuadro de Velázquez "Sebastian de Morra" (1645–1644), y un integrante de Diversiones en el Ruedo via @diversion_ruedo

lunes, 2 de diciembre de 2019

La vuelta de la Casta Navarra a la Lidia Ordinaria


Hace unos días saltaba la noticia de que los toros de Casta Navarra vuelven a los ruedos en lidia ordinaria. Gran noticia. Será en Céret (Francia) y la ganadería seleccionada será la de Miguel Reta.

Para mi, sin duda, supone una gran noticia por la recuperación de un encaste histórico. Tengo la premisa de que cuanta más variedad y más oferta en gustos taurinos tengamos en las plazas, mayor será su opción de perpetuarse en el tiempo. Una alegría en estos tiempos en los que el taurinismo, ha puesto en cuestión los encastes históricos aislándolos prácticamente de los carteles. La polarización ha girado en torno a la selección de un encaste (Parladé) que han demandado los toreros más acartelados para que beneficie un toreo sin demasiadas sorpresas, y enfocado siempre al pase por el pase.

Para algunos aficionados, (que también defendemos este encaste Parladé cuando se selecciona en base a la casta y la bravura), esta cuestión del predominio de esta sangre ha sido una consideración simplista. No creo que la Tauromaquia pueda defenderse excluyendo los hierros que la han dado vida e historia, sobre todo cuando los actuantes y cabezas visibles, (también ganaderas), de la Tauromaquia actual, incluso llegan a tratarlos mecánicamente de forma peyorativa.

Pero dejando a un lado este comportamiento mediocre, maximalista y simple, lo que nos hace estar de enhorabuena, es la recuperación de un encaste como la Casta Navarra para el festejo de lidia ordinaria dada la situación crítica en la que se encuentran estos encastes a nivel de afición y mercado. Además, y lo digo convencido, en la actualidad, frente a la monotonía de muchas tardes y muchas ferias, es bueno buscar diversas alternativas en estos hierros que evocan situaciones y lidias antiguas. Hay que dar la enhorabuena a ganaderos como Miguel Reta por su tesón en la recuperación de encastes como el navarro para la lidia. Estas sangres históricas seguirán teniendo sentido dentro de la Tauromaquia si hay ganaderos que trabajen por ello y toreros dispuestos a lidiarlos, dentro de los límites que esos comportamientos dispongan.

A estas corridas no hay que ir pensando que vas a presenciar faenas de 40 muletazos, con empaque, largos, etc., si sale bienvenido, pero si no estaremos avocados otra vez al error de querer ver zalduendos en corridas de veraguas, y así no puede ser. Estos toros tendrán límites propios que les da su sangre, pero en el marco de su recuperación y su valor de uso para la lidia moderna, es, o debería ser, una tendencia, para no caer en la monotonía dominante. Ojala la hostilidad hacia lo "desconocido", desaparezca y estos toros se inserten en la programación de ferias y carteles. Gracias Miguel Reta por poner en práctica la teoría de la recuperación, reivindicando en estos tiempos los comportamientos históricos que hicieron grande a la Tauromaquia y gracias a la @AdacCeret
 por apostar por ello, así se hace afición. Suerte a todos y larga vida a la Casta Navarra.

Toros de Miguel Reta para Ceret. Via @AdacCeret

jueves, 28 de noviembre de 2019

La madurez de Domingo López Chaves


Una de las cosas que más me está llenando de esta época taurina es el elenco de toreros que han superado la presión del querer agradar con el pase por el pase, y han llegado a una tremenda etapa de madurez quitándose clichés y toreando libres, sin la atadura del triunfo a toda costa. Otros siguen anteponiendo la cantidad a la calidad y les va bien, están ricos, me alegro. Yo, soy un poco raro en gustos artísticos, en este y en otros artes, y por eso me quedo con el artista que me transmita esa libertad, ese sosiego que da el torear sin el esfuerzo que da la presión del triunfo diario. Esta noche, el Ateneo Orson Welles ha programado a las 20:00 horas en Librería Sin Tarima una tertulia con uno de esos toreros de los que hablo: Domingo López Chaves.

El pasado San Isidro, con la corrida de Cuadri, Domingo dio un compendio de toreo libre. Estructuró una labor de pronunciada objetividad que dan los años de lucha frente al toro seco, duro. Sus faenas estuvieron dominadas por la firmeza, despojándose de alusiones al toreo mundano y donde el toreo se convierte en Absoluto. El énfasis en un arte de lidiar toros se convirtió en "atemporal" y definió la madurez castellana de Domingo. Desde los tendidos percibíamos como conseguía en cada tanda ampliar la emotividad humana frente al toro y evocar plásticamente la madurez del toreo. La libertad y la serenidad de su toreo le hizo alejarse de modas y presiones. Lo esencial de su repertorio no estaba subordinado a las pautas del toreo del toreo posmoderno.

En Otoño no tuvo suerte con la mala corrida que, por desgracia, envió Adolfo Martín envió a Madrid. Pero sí que en un saludo capotero, con el quinto de la tarde, desplegó un dominio y una labor lidiadora al alcance de muy pocos. El toro se hizo el remolón de salida y Domingo López Cháves lo saludó teniendo la creación y el dominio con el capote como fuerza motríz. Evocaciones antiguas formándose en perpetuo movimiento al poder al toro.

Me alegra, como dije, que haya toreros como Domingo, como Robleño, como Rafaelillo, como Emilio de Justo, que también ha llegado a esta etapa de madurez, porque con su serenidad madura dan densidad compositiva a sus obras y transmiten sosiego a la violencia dinámica que es el Arte del Toreo.

Foto:

Domingo López Chaves en el tuel de cuadrillas en la pasada feria de Otoño de Madrid. via las-ventas.com

martes, 26 de noviembre de 2019

El sacrificio y el privilegio de toreros como Alberto Lamelas


Quizá sin quererlo, a todos nos toca algo en el interior cuando hablamos de toreros sacrificados por y a esta profesión. De toreros a los que les cuesta un mundo entrar en las ferias. Toreros que tienen que buscarse la vida entre entrenamiento y entrenamiento. Toreros que, a la ya tremenda preocupación del toro, se le suma la de no llevarse una cornada o un golpe y tener que darse de baja y no poder trabajar en su "otra vida" para ganarse unos duros. Toreros a los que no les importa lo que tienen delante: Ni el trapío, ni los pitones, ni el peso, ni la altura, ni la mirada, ni el hierro, ni las intenciones..., ya que alguna embestida saciará su vocación de sentirse torero. Toreros como Alberto Lamelas, por ejemplo.

De siempre he pensado que la situación de estos toreros, (de Alberto ya que he empezado hablando de él), es tan privilegiada como sacrificada. Es privilegiada porque exige de él, una vocación que pocos poseemos: Su dedicación a la vida "en torero" y a la vez intentar subsistir con otros trabajos. Le otorga una especie de admiración y el cariño de todos los que amamos este arte tan difícil, tan épico y, a la vez, único como es La Tauromaquia. Su vida es sacrificada porque cada tarde es un reto sin mirar el hierro de la corrida que va a matar y, además, debe estar al servicio del público que paga la entrada con el sólo propósito de transmitirles su toreo y, si es posible, llevarles la emoción a los tendidos que, una vez filtrada con el pase donde se termina la serie, se convierte en felicidad.

La vocación de toreros como Alberto Lamelas, (y de tantos otros), está representada por un acto de amor a la profesión y al toro más que por la remuneración económica que al final de cada temporada recuentan. Esta actitud me extraña y me impone a partes iguales. Su arte, creo, debe emerger de sitios que nuestro interior mundano no conoce para seguir en la lucha que le une consigo mismo, con los aficionados y con la Tauromaquia.

Por ello, la visión del torero y más la de estos "trabajadores del arte", seguro que supera la del mortal común  por su cercanía con los límites de la vida, pues conscientemente está cerca de la muerte. Y fíjate que yo creo que toreros como Alberto Lamelas conocen desde esta perspectiva la dignidad del ser humano: Ese que nace, crece, TOREA, y muere.

Foto:
Alberto Lamelas en la plaza de las Ventas. Via las-ventas.com

jueves, 14 de noviembre de 2019

La degradación del toro en la plaza México


Acabo de ver las imágenes de los toros de Jaral de Peñas para Ferrera, Adame y Roca Rey en la plaza de toros de Nuevo Progreso de Guadalajara, y no tengo más remedio que, inconscientemente, compararlo con lo que cada domingo sale por chiqueros en la que debería ser la primera plaza de México, e incluso de América.

No me llegan las entendederas, perdón, para comprender las exigencias de figuras de aquí y de allí en lidiar animales cuyo mejor uso sería el de servir de aprendizaje para mover las telas a chavales que empiezan. No hay justificación alguna. La plaza México debería ser el paradigma del toro en el continente americano, pero cada año tienden a seguir enchiquerando el toro inferior en trapío y comportamiento al que salta en plazas con mucha menos repercusión. Los mandamases mexicanos deberían entender que el desarrollo de la Tauromaquia en plazas de primera, se ha basado en la elección de un ganado de grado superlativo. Hoy han sucumbido a exigencias de los espadas (dicen que españoles, pero creo que también tienen parte de culpa los mexicanos), que se toman la temporada americana como un viaje lo más placentero posible y en el que se intercala alguna inclusión en una feria que les rentúe, tanto económicamente como en forma de entrenamiento.

El toro no puede ser utensilio, lo repetiré hasta la saciedad. Los toros, y más en plazas de primera, deben ser totalmente diferentes del toro que salta en plazas de menor categoría. Por desgracia el público ha desaparecido y nadie se pregunta que quizá el porqué sea el deterioro que poco a poco va sufriendo el toro en Insurgentes. En la actualidad han optado por un toro que embista al paso, que no moleste, que ni siquiera de sensación de peligro, un toro derrotado, sin trapío alguno y frente al que las figuras, de aquí y de allí, repito, se sienten superiores desde que se visten en el hotel.

Los toreros y empresarios deberían darse cuenta de que elegir esos toros no sólo perjudica la calidad de su obra, la desvirtúa, sino que al no llegar ni un atisbo de lucha al tendido, estos de despueblan. Es como si en el motociclismo se utilizaran motos con la potencia justa para tumbarse bonito, hacer maniobras con cadencia, adelantamientos con gracia, sería todo un compendio de conducción, pero desaparecería la emoción del riesgo.

Si no se cambia el rumbo ganadero de la plaza México, si no se ofrece un toro con el trapío y la emoción de la bravura suficiente, se seguirá echando por tierra cualquier indicio de conservación de la Fiesta de los Toros en la Plaza México. Ojala, aunque creo que ya es tarde, se deje de restar importancia al toro allí por parte de figuras y toreros, tanto foráneos como del país. Que los extranjeros dejen de considerar su temporada americana como unas cómodas vacaciones intercaladas con entrenamientos de luces, y los toreros autóctonos salgan de la fila de las supuestas exigencias de los primeros, grave error, porque el toro de allí necesita, ahora más que nunca, toreros que exijan bravura, casta y trapío, si no, en menos de lo que nos esperamos, se apagarán las luces del maravilloso coso de Insurgentes.

Imagen:

Izquierda: Toro de Bernardo de Quirós lidiado en primer lugar en la Plaza México el pasado domingo por Morante de la Puebla (Foto Vía @LaPlazaMexico). Derecha: Toro de de Jaral de Peñas para el 17 de noviembre de 2019 en Guadalajara (México) para Ferrera, Adame y Roca Rey. (Foto Vía aplausos.es).

martes, 12 de noviembre de 2019

Lo de Morante de la Puebla en Mexico no fue Arte


Visto el vídeo de la faena de Morante en la México el pasado domingo 9 de noviembre, voy a intentar descifrar, con la ayuda de mis pequeños conocimientos artísticos, el porqué a esa obra no se le debería llamar Arte de Torear.

Muchos, entre los que me encuentro, y no hace falta que sean catastrofistas ni nada por el estilo, sienten una especie de perplejidad por las muestras de grandilocuencia mostradas por aficionados y profesionales ante una obra taurina en la que uno de los dos componentes falló: El toro. Hay quien sostiene que Morante de la Puebla, (vaya por delante que para mí es uno de los grandes intérpretes del Arte de Torear de la historia del toreo), evoca artes antiguos. Pues bien, para mi, si no se tiene delante un toro al que amoldar, ese arte antiguo se reduce a fragmentos, a episodios compositivos que exhibe por las plazas ante toros con la fuerza y casta mermadas y un comportamiento que aleja cada vez más la consideración de esas obras como grandiosas y/o sublimes.

Esos recursos, como los utilizados el domingo en La México, han pasado a ser parte de un engaño astuto. Es indudable que José Antonio posee la genialidad interior para vivir y ser un artista único. Pero si dentro del ruedo se enfrenta a toros como el del domingo, las dudas e incertidumbres crecen en relación con la validez artística de sus obras. Morante puede hacerlo, lo ha demostrado frente a toros encastados y bravos, pero poco a poco, se empeña en despejar las dudas para mal. Lo bello es difícil, como aseguraba Platón, y no puede ser que un torero como el sevillano, verdaderamente talentoso, se conforme ante la facilidad de toros como los del domingo.

José Antonio Morante, Morante de la Puebla, tiene la intuición de un genio, un ideal verdadero de cómo ha de ser el toreo, pero no puede ser sólo intuitivo frente a toros sin poder y de una obediencia sumisa que aparta cualquier atisbo de emoción en sus obras. Los cronistas y críticos de hoy día, creo que hacen un flaco favor al camuflar el hecho de que el Arte de José Antonio, si sigue por ese camino, estará en la angustia de su ocaso. La gente no puede ser engañada todo el tiempo. Si ese arte de torear se hace sin oponente se habrá reducido a estética sin emoción, como si se redujera el lenguaje a sonidos o entonaciones, por ejemplo.

Es difícil de explicar pero para mi el arte de Morante si no se hace ante toros con garantías, poder y las dificultades que da la casta y la bravura, no es Arte. Me explico, y termino ya. ¿Por qué digo que no es arte? Pues porque se puede comparar. Un ejemplo: si decimos que una piedra ovalada y de cierto tamaño no es un melón, esto requiere que haya una cosa que sea un melón. Vemos que la piedra no es un melón si comprobamos los atributos de ambas cosas, demostrando que ninguna de las características del melón están presentes en la piedra , menos que es ovalada. Pero eso no es una condición suficiente para que algo sea un melón. Pues bien, siguiendo esta misma lógica, para mí, lo realizado por Morante de la Puebla en México, no es arte si la comparamos con obras de otros toreros (incluso suyas) en las que sí han tenido la emoción que pone el toro. Si tiene características que pueden equipararse, pero la principal no, no hay Toro como oponente. Este año hemos visto muchas.

En fin, mientras el genio de La Puebla se siga prodigando en corridas donde falle el toro, su arte tendrá límites, y ya no será, (ojo, para mí), posible catalogar como obra de arte lo realizado en el ruedo. Pertenecerá al más al arte figurativo, sí, el de componer figuras, pero eso, por desgracia no es el Toreo.

Imagen:

Morante de la Puebla, el pasado 10 de noviembre en la Plaza México. Foto: via @LaPlazaMexico


viernes, 8 de noviembre de 2019

Tomás Rufo y la creatividad


Llevaba tiempo queriendo hacerlo pero aún no había sabido gestionarme para llevarlo a cabo. Desde aquella tarde de viernes en la Feria de Otoño, no paran de darme vueltas en la parte que reserva mi cerebro para las emociones taurinas, las formas que un chaval de Toledo impuso en Madrid y necesitaba plasmarlo. Tomás Rufo se llama y lo que nos mostró fue el toreo.

Llevamos muchos años, siglos, intentando desengranar que es la creatividad en todas las artes, incluido el toreo. Una de las acepciones más extendidas es la de la "capacidad de establecer relaciones inesperadas y sorprendentes para encontrar aquello que resuelva satisfactoriamente lo que nos proponemos". Tomás Rufo, frente a los novillos de Fuente Ymbro construyó esa capacidad aportando una visión nueva ofreciendo un toreo de calidad.

En una tanda de doblones dejó claro que la creatividad es algo que el destino regala a los artistas. La manera de componer la figura, de mover las telas, de poder al toro y templarlo, sacó del letargo esa creatividad que todo el que quiere ser torero posee pero que sólo a algunos la vida les ofrece el don para sacarlo.

A menudo el toreo que nos ofrecen los aspirantes a torero es repetitivo, un intento de emulación de las figuras del toreo, sin demasiada creatividad y de recursos muy mal gestionados. El posicionamiento de Rufo posee una visión personal del toreo. Frente al toro, él mismo se ha asegurado de que lo que tiene dentro sea una utopía realizable. Un ideario de suertes que manifiesta sus deseos y necesidades por plasmar lo que lleva dentro. Ahora, y aunque suene a modo de exigencia (que quizá lo sea desde la posición de ilusión de un aficionado), es responsabilidad suya que todo lo que se le atisba y nos ha mostrado en el ruedo, sea un proyecto fehaciente y no se quede en una idea que surgió por casualidad ese día y que por desgracia, como pasa a otros muchos novilleros, se vuelva a encerrar en ese cajón de la creatividad imposible de ser compatible con sus deseos de querer ser torero, no un trabajador del pase por el pase.


Foto: Tomás Rufo doblándose
frente a un novillo de Fuente Ymbro en la pasada Feria de Otoño 2019. Via: las-ventas.com

jueves, 24 de octubre de 2019

La "Porta Gayola", una puerta a la oscuridad


Hasta ahora dentro de todas las suertes, circunstancias, objetos, Maestros, etc., que componen la Tauromaquia y que he intentado encontrar el parangón con las demás artes, no había tenido la ocasión de reflexionar de una suerte que para muchos es inservible en el conjunto de la Lidia, y para otros es un hecho sublime en el que el torero demuestra el más primigenio y heroico de sus valores: La Porta Gayola.

Cada vez que un espada se echa al hombro el capote y se encamina hacia la puerta de chiqueros, el ruedo se convierte en un espacio silencioso, expectante, en una especie de corredor...de la esperanza o, por desgracia, de la muerte.

La Ceremonia lenta, en el interior los rezos, no hay vuelta atrás. Hincarse en el suelo con unas rodillas que parecen diseñadas por Dios para ello. De frente el túnel vacío y oscuro y en cuyas paredes se proyectan los sablazos de furia que profesa el Dios enjaulado antes de la batalla. Rezar, esperar, observar el vacío, el espacio infinito y profundo que se le abre a unos metros.

Según pasa el tiempo desaparecen las impresiones de luminosidad más inmediatas al traje de torear y se empieza a percibir la presencia de la Bestia. El ruido de los cascos, la respiración furiosa y poco a poco, los ojos más negros que la propia oscuridad...La maravilla del caos en forma de animal aparece en el ruedo en medio del silencio; las impresiones de cada espectador conforman un espectáculo de formas difusas y en movimiento, con matices de colores cambiantes.

El encuentro. Si se sale indemne, es una experiencia de luz y una espiración de tranquilidad en la cual los valores de la torería se convierten en lo más auténtico del Universo. El torero se deshace de la presión autoimpuesta y busca un nuevo encuentro con el Dios Toro y su yo interior. Emoción a flor de piel porque, por suerte, esta vez la luz se ha impuesto a la oscuridad. No siempre pasa...esa es la grandeza de la Tauromaquia.

Foto: ea1ena.blogspot.com

jueves, 17 de octubre de 2019

Esas personas extraordinarias: Los Médicos Taurinos


Jamás pasará el tiempo necesario para reconocérselo. Basta con que ocurra un grave percance en una plaza de toros para que aparezcan en escena ese tipo de personas a las que nunca dejarás de admirar. Esas personas que nunca alardean, siempre en su puesto, pero que su presencia establece esa misteriosa corriente emocional y afectiva por parte de todos, y que las enlaza con la Tauromaquia en una entera grandeza.

Estos colosos en la sombra, cada vez que un toro alcanza su presa, dejan a su paso por la historia taurina una milagrosa estela de confianza y respeto por su labor, que hacen de ellos unas de las personas más extraordinarias que jamás ha tenido la Tauromaquia en cualquier época. La atención, la sabiduría, el cuidado, el sentido de responsabilidad, se leen en sus caras al seguir con vigilancia todo lo que acontece en el ruedo.

Cada uno estamos en el tendido a nuestras emociones, a nuestros comentarios, pero haced la prueba: Mirad hacia el burladero donde se acomodan estos seres e intentad hacer desaparecer el bullicio de vuestros sonidos. Encontrarlos con la vista, olvidarte del ruido...es de una emoción insuperable en confianza. Siempre se quitan méritos, pero sabemos que sin su presencia, el ponerse delante del toro no sería una cuestión de corazón, y si más de medida, técnica y cabeza.

Su presencia es espiritual, nunca ceden ante el imprevisto. De ahí el cuadro afectivo que toda la afición ha creado en torno a estos custodios. Sus manos son una lección en sí mismas. Han demostrado durante una temporada más, y lamentablemente este fin de semana en concreto, que poseen un imponderable espíritu de colaboración profesional con la Fiesta de los toros. Ellos siempre están ahí, siempre dispuestos para hacer, no solo de lo que ellos se espera, sino mucho más. Todo lo que sea necesario para que la Tauromaquia siga adelante con su historia, son los Médicos y Cirujanos Taurinos. Gracias, eternamente Gracias.


Imagen: Equipo médico de la plaza de Las Ventas en 2010 con Don Máximo García Padrós a la cabeza. Foto vía: nisainforma.es

martes, 15 de octubre de 2019

Humilde homenaje a las familias de los Toreros y Subalternos


Esta misma mañana, una conversación en una red social, me ha hecho reflexionar sobre las familias de los toreros y subalternos. De todos es sabido que la Tauromaquia exige una entrega total por parte de estos profesionales. Me imagino, si es que puedo ya que es demasiado osado hacerlo, cómo cada comienzo de temporada los que se visten de luces, se hayan en la tesitura de intentar compaginar su trabajo con las personas que completan su circulo familiar.

Es el sufrimiento de los callados, y creo que nunca se les ha hecho el merecido homenaje por aguantar estoicamente cada tarde donde se puede tocar la gloria, o descender al más cabrón de los sufrimientos. El profesional del toro no deja de ser humano, con dotes extraordinarias que a muchos no nos ha dado la providencia, (por suerte), y detrás de cada uno de ellos, sin hacer ruido, apoyándolo en su elección vital, sosteniendo su afición y generando junto a él un conjunto que quizá no fuera cerrado si no estuviera presente, está la familia.

El Toreo es una profesión de las más exigentes que existen y contiene un hecho que hace que la familia sufra considerablemente: El juego habitual con la muerte en forma de toro. Por ello, la familia seguro que para muchos es el último pensamiento antes del toque de clarines y la expresión interna de unos valores sublimes que sin el apoyo de los seres queridos, quedarían demasiado lejanos.

Me gustaría desde este blog rendir un homenaje a las madres, padres, esposas, hijos, hermanos, abuelos, etc. que cada día quedan en silencio cuando a cientos de kilómetros, inmersos en un mundo de bullicio y clarines, su familiar se va a enfrentar con la muerte. Esas familias que con una media sonrisa reciben la noticia del triunfo de la vida, aunque no se haya triunfado en la tarde. Esas familias que se tragan la agonía de la incertidumbre que sale por chiqueros y que aguantan una vida que lleva herrada en la nalga derecha la "S" de Sacrificio. Va por ellos porque han sabido aceptar como algo normal y cotidiano, la naturalidad con la que se juega la vida un Torero.

Imagen:"La plegaria del torero". SALVADOR VINIEGRA y LASSO de la VEGA (1862-1915). Óleo sobre lienzo .

miércoles, 9 de octubre de 2019

Antonio Ferrera y el triunfo de lo espontáneo


Mucho se ha hablado estos días de la tarde de la encerrona de Antonio Ferrera en la Feria de Otoño de Madrid 2019. Cada uno sacará sus conclusiones, respetables e interesantes todas porque de cada una de ellas, por diferentes que sean, se aprende siempre. La mía tiene que ver con las emociones. Yo, que después de trastear con fuentes, filosofías, teorías, etc., de la Historia del Arte he terminado por asumir con convicción firme que la Tauromaquia es un ARTE, épico, pero ARTE, la encerrona de Antonio la viví como quien vive una experiencia frente a 6 obras de arte distintas en una exposición o un museo.

Cada toro supuso diferentes maneras de expresar lo que lleva dentro el extremeño. La estimulación interior que ese día mostró fue vital y básica para transmitir cada una de sus experiencias frente a los toros. La tarde favorecía: el recibimiento, su participación en quites, en suertes casi olvidadas..., indudablemente todo esto fue generando en él la seguridad necesaria y en muchos de nosotros la emoción de estar ante quien se engrandece según va pasando la tarde. Me quedó claro, partiendo siempre de la base de que no soy partidario de las encerronas ni de los manos a mano, que Ferrera es hoy por hoy una garantía para este tipo de festejos. Otros, por desgracia, carecen de esa genial y espontánea estimulación que hace que cada faena y cada obra ante los toros según van saliendo por chiqueros, sea diferente.

Se unieron la motivación, el interés y el uso de técnicas de expresión taurinas, que convirtieron la tarde en un compendio de emociones. Otras encerronas no tienen nada que decir o manifestar, no llegan, no generan interés.

Sin embargo, el sábado se dieron las condiciones relevantes de expresión artísticas para que todo fluyera así. Se entrelazaron locuras con genialidades, indispensables para emocionar. Se superó lo espontáneo, a medida que pasaba la tarde se adquiría mayor riqueza taurina en Antonio. Intentó comprender a cada toro para perfeccionar a lo realizado con el anterior. Ajustó movimientos naturales hacia una especie de pasos de danza con sus exigencias de interacción con el toro, casi diseñando coreografías...

Todo esto, si se hace con sentimiento, a mí, que quiero dejar claro que en otras ocasiones me ha parecido puro amaneramiento y me declaro amante del toreo clásico y seco, esta tarde me emocionó y evidenció, aún más si cabe, que la Tauromaquia es emoción, con el toro, con el torero, o con los dos en comunión, y yo me niego a conformarme con estímulos repletos de clichés. Lo espontáneo engrandece la expresión artística. Al menos en mi caso. Gracias Antonio, por todo.

Imagen:
Ferrera en un desplante tras un quite. Foto: las-ventas.com

martes, 1 de octubre de 2019

Tras la polémica con la tarde de Perera
Aceptemos las emociones de cada aficionado



Sé que es una empresa muy difícil, e incluso osada (pido perdón de antemano), intentar siquiera dilucidar sobre esto, pero quisiera que se tomara este escrito como una opinión meramente personal y que ha suscitado en mí una inquietud a raíz de las "guerras y guerrillas" entre aficionados que sienten el toreo de distinta forma, y no por ello mejor ni peor.

No puedo estar más convencido de que el arte de torear es un centro de valores sentidos por cada aficionado, donde las necesidades emocionales se solventan con diferentes rasgos acaecidos durante la lidia. Así pues, cualquier momento, detalle, aunque para algunos no sea percibido como bello, puede también llegar a emocionar a otros aficionados sin que por ello sea motivo de disputa.

Cada aficionado, cada persona, da un sentido a lo acontecido en el ruedo. Para algunos la faena de Miguel Ángel Perera el pasado domingo en la Feria de Otoño de Madrid fue cumbre y rotunda y para otros fue una faena más, de muchos pases pero que no llegaron a emocionar interiormente, y no pasa nada. Ni un aficionado es mejor por emocionarse con ello ni otro es peor por no sentir ese toreo, no pasa nada. La percepción subjetiva del toreo determina una forma de sentirlo, abarca tanto una perspectiva interpretativa personal como una reacción emocional ante la forma de torear y comportamiento del toro.

Existe una corriente que considera necesario para ser aficionado, emocionarse con lo que a ellos les emociona, una especie de necesidad que así sea para tratar de imponer gustos. En nuestra sociedad, queramos o no queramos, la Tauromaquia está cada día más degradada por la urbanización de la cultura, la búsqueda abusiva de otros entretenimientos y aficiones, y la esquizofrénica manera de tratar a los animales como si fueran iguales. Por ello, estoy convencido, que cuantas más formas y maneras de ofrecer toros, mejor. Me explico. Antes, no hacía falta inventarse corridas distintas porque las plazas estaban llenas independientemente del toreo y ganadería que se anunciara, la Tauromaquia estaba arraigada en la sociedad y no necesitaba de "unión". El pueblo la conocía, las figuras estaban bien o mal dependiendo del toro que tenían delante, además no hacían ascos a torear cualquier ganadería. Esto último, que parece un tópico, pero no lo es ya que a la figura del toreo se la miraría con otros ojos cuando toreara las ganaderías que considerara predilectas.

Pero volviendo al sentido del escrito, hemos de entender que el sentido de arraigo para con la Fiesta de los toros, ha de estar por encima de filias y fobias. Si para unos el toreo es lo que hizo Perera el otro día, para otros es lo que hizo Emilio de Justo en Dax con los victorinos, por ejemplo. El toreo y el toro en el ruedo, son precisamente la forma que los aficionados a los toros tenemos para darle sentido a la Tauromaquia. Cada aficionado capta y se emociona con diferente sentido a través de lo que considera bello en el toreo. Hay personas que reaccionan de diferente manera. A algunos nos conmueve el toreo erguido, natural, nada forzado y rematado detrás de la cintura, y a otros el toreo largo y en línea, girando sobre el pie de apoyo para ligar muchos pases, y no pasa nada.

Como afición, necesitamos de la emoción, de diferente forma como hemos dicho. Hemos de tener empatía con las distintas formas de ver y sentir el toreo, encajar las críticas en un momento dado a un torero o comportamiento de un toro. Esto no es ficción, y con el debido y totalmente necesario respeto hacia la persona que se pone delante de un animal criado con esmero por un ganadero durante 3 o 5 años, debemos entender que hay diferentes formas de sentir y entender el toreo, formas de dar sentido a nuestra afición y desarrollar una pasión por la Fiesta de los Toros. Hasta que no entendamos que la forma que cada uno tenemos de ver los toros no es la únicamente valida y aceptemos al aficionado de al lado si se calla cuando tú pides las orejas, estaremos tirándonos piedras sobre nuestro tejado.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

La humildad del novillero


La torería comienza con humildad. Desde hace un tiempo a esta parte, he venido notando la falta de humildad por parte de ciertos novilleros al comportarse como quien ya tiene en sus espaldas el polvo de muchas tardes de sacrificio. Ayer sin ir más lejos el novillero con picadores Marcos, se atrevió a subirse a un caballo de picar en la plaza de Fuenlabrada, obviando así el canon de la lidia que yo creía, iluso de mí, que estaba aprendiendo. Un acto que no tendría mucha importancia si se hiciera a puerta cerrada en un ambiente festivo, pero no, lo hizo ante el público, como "algunos mayores", y no se dan cuenta de que esos actos no hacen ningún bien porque una cosa es tomar la Tauromaquia como una fiesta y otra convertirla en una Fiesta.

Me quedo con la humildad del novillero que pasa del egocentrismo a poner al toro como centro. A saber dar las gracias al animal, al rito, en definitiva a la Tauromaquia. Ojo, una humildad torera, no rebajarse uno mismo o dejar que la gente del toro le pase por encima. Eso sería una falsa humildad si de un torero se habla. La verdadera humildad del torero no quiere decir dejarse humillar, no es tener baja autoestima, si no tener una visión correcta de la Tauromaquia, de sí mismo y de respeto al toro. El novillero que empieza, (y con el que me quedo), es aquel que conoce sus fuerzas y sus debilidades, pero siempre las pone al servicio del toro y del toreo, no de su propio interés llegando a rebajar el sentido de la Lidia.

Cada vez que pienso en estas cuestiones recuerdo mis estudios de estética y filosofía en la carrera de Historia del Arte. Me viene a la memoria el crítico Prerrafaelita inglés John Ruskin. Para él, el lugar que ocupa el artista en el mundo es a la vez muy elevado y muy humilde. No pudo, sin saberlo, describir mejor a un novillero. Si, según Ruskin, el artista maestro en otras artes debe poseer dos sentidos profundos: el moral y religioso, para mí el novillero debe poseer el don de la humildad y la disciplina. Por eso no entiendo la altivez de novilleros como el que se subió ayer a un caballo de picar en público, y sí al novillero que da todo lo que tiene ante cualquier tipo de novillos. Un ejemplo fue Francisco Montero en Villaseca de la Sagra. La gente habla mucho, por espectacularidad, de su porta gayola ante el precioso novillo sexto de Monteviejo, pero yo, la humildad la percibí cuando puso su vida en manos del tercero. Sin volver la cara ante un novillo que no te da tiempo a pensar en subirte a un caballo para regocijo de un público festero y sin más afición que los dos días que hay toros en su pueblo.

Termino recordando una frase de Ruskin que apunté porque me pareció ilustrativa para muchas cosas en la vida pero que para el tema de los novilleros viene al pelo: "El deber de los artistas...es enfrentarse a la naturaleza con la sencillez de su corazón, sin nada que elegir ni despreciar nada".

Imagen:

Francisco Montero con el tercer novillo de Monteviejo en Villaseca de la Sagra. Foto J.C. Maestre. Captura video donde se ve a Marcos picando su novillo ayer en Fuenlabrada. Via @CarabancheleroF

miércoles, 24 de abril de 2019

Crónica de un domingo de Resurrección en el campo base. Juan Ortega y el Toreo


Sabía que podría ser un día especial. El domingo de resurrección amaneció negro, como cual viernes de dolores. Las miradas al cielo eran tan asiduas como las miradas al reloj para saber cuanto tiempo quedaba para salir en penitencia hasta las Ventas.

Hacía frío según bajaba por la calle Julio Camba al encuentro de los compañeros de disgustos, (a veces de alegrías)..."El aire, que se pare", pensé creyéndome "El resucitado", pero de momento no tengo yo el poder sobre los fenómenos atmosféricos. Frío, pero la ilusión intacta. Café, copa y tertulia arregladora del toreo, o no sabemos si empeoradora, pero cada uno con nuestros anhelos nos creímos Don Manuel Chopera, el viejo. Llegó la hora y andamos como con miedo, respeto, diría yo hacia la plaza. Una sensación que se acrecienta según se va acercando la hora del toque de clarín. Respeto por lo que pueda pasar, por quienes se van a poner delante, por los que van a vender cara su vida cuidada durante cuatro años al más mínimo detalle, respeto por los muros con tanta historia, en definitiva andamos hacia la Plaza de Toros de Las Ventas.

Ya en el "campamento base" del tendido, se nos empezaron a congelar los dedos de los pies, el gordo ya había dejado de pertenecer a mi cuerpo cuando dieron las 6 de la tarde. Llamamos al serpa que portaba las bebidas para intentar entrar en calor, le costó llegar por las fuertes rachas de viento, pero al final lo consiguió, "Cuatro anticongelantes, jefe".

Saltó el primero, y los kilos no le dejaron mostrarnos toda su buena condición que parecía tener dentro. Galván, quiso, pero el vendaval no terminó de confiarle....

El domingo no auguraba nada bueno. Pero mientras buscábamos la manera de calentarnos, salió el segundo, fue al caballo y ocurrió. El emoción efímera apareció. Juan Ortega, un chico que irradia algo distinto por su tranquilidad. Su forma de andar, de torear callado, como si estando allí con esa carga, el toro fuera quien lo aliviara. Cogió el capote, se fue a los medios y sentimos la llamada del toreo. Hay quien intenta hacerlo pero no le sale nada decente, quizá algo parecido, pero con cuerdas desafinadas. Juan Ortega, paró el viento, calentó al frío, toreó a la verónica y lo hizo como si nunca pudiera separarse del capote. Metió riñones, adelantó la pierna y movió los brazos sintiéndose el compositor del toreo de capa. Esa unión entre el toro y su imaginación, solo se puede calificar de grandeza.

En este domingo nublado, lo siento por el Sol, que las malditas nubes no se apartaron para que lo viera.

Imagen: Juan Ortega dibujando el toreo a la verónica. Foto: las-ventas.com 
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