miércoles, 24 de junio de 2020

El Toro Bravo, ¿Creación natural o "engendro"?


Una idea errónea circula entre los postulados abolicionistas de la Tauromaquia. No se cansan de repetir que el toro bravo es un "engendro" creado, (incluso genéticamente), por el hombre a lo largo de los años para su uso y disfrute. Otra falacia más con el único objetivo de intentar convencer a unas nuevas generaciones con un evidente retraso cultural sobre lo que supone, y ha supuesto, el Toro Bravo a lo largo de nuestra historia.

Es indudable que el hombre ha ido modelando la forma de embestir del Toro, pero por selección natural. Me explico. El toro siempre ha embestido, pero se fueron dejando para reproductores los que más se adaptaban a la hora de realizar el toreo. Quizá, si no hubiera sido así, el Toro bravo hubiera quedado en un simple bovino más para crear productos cárnicos o lácteos, cuando no hubiera supuesto su desaparición. Si no hubiera sido por esa selección, repito natural, lo más seguro es que no hubieran sobrevivido más allá de simples animales de producción. Esa es la grandeza del toro, que es un animal único, y por ello, en vez de utilizarlo como la excusa para una supuesta abolición, los mal llamados animalistas, deberían de alegrarse.

El Toro es un animal bello, arrogante, peligroso. Se exploró en sus cualidades desde su estatus tradicional, primigenio. Las condiciones innatas del Toro Bravo hicieron que llevaran a los hombres a descubrir un misterio todavía no descifrado, por mucho que se empeñen los negacionistas, de porqué un herbívoro lucha hasta la muerte con un contrincante sin necesidad vital para ello.

Es tal la fascinación que nos suscita este animal que, quieran o no, se ha convertido en el sello inconfundible de la Historia de España. El imponente Taurus, con esa viveza, esa fuerza gestual al encampanarse, innato desde que nace, le hace inconfundible.

El Toro Bravo, indudablemente, no está hecho para urbanitas de terracita, bolsa para recoger los excrementos del galgo en el pipican y banco de parque. El Toro bravo se cría para cualquiera que sea sensible a lo que nos ofrece la naturaleza primigenia. Los antitaurinos son defensores frustrados de una naturaleza sesgada, donde los animales no se maten entre ellos, donde no exista la supervivencia. Por regla general, el aficionado a los toros, tiene más conciencia de ello. Simplemente siente el Toro, se emociona con sus características, por cierto y repito, únicas en la naturaleza, para dejar que sus comportamientos entren en su interior.

A todos estos supuestos defensores de la naturaleza, les diría que acercarse a la Tauromaquia es el mejor de los comienzos para entender al Toro bravo. Muchos de ellos, si no fueran sesgados en sus premisas y manejados por la esquizofrenia que les han impuesto los lobbys animalistas, (pobrecillos), encontrarían unas emociones que jamás pensaron tener. Ahora bien, al estar cerrados de mente, obsesionados con su patética sensibilidad, jamás podrán emocionarse con un animal tan imponente, con su forma de embestir, su fuerza, su belleza...Pero, amigos, hay placeres y emociones que no son para compartir, ellos se lo pierden.

Foto: Toro de Adelaida Rodríguez por Rubén Arévalo

jueves, 21 de mayo de 2020

El Arte de Torear es Cultura y No se Censura


Partimos de la base de que la Tauromaquia es Arte por varios motivos. Es Arte y es épica, porque constituye un lenguaje, una creación de un humano frente a un animal, pero creación al fin y al cabo. La Tauromaquia entra dentro de la percepción artística porque el torero crea un mundo interior y luego, con las técnicas que la historia le ha ido poniendo sobre la mesa, (pases, suertes, técnicas para dominar al toro, etc.), se inventa un lenguaje para revelarlas hacia el exterior y que sean percibidas por el espectador de la obra.

Es Arte porque es un instrumento de comunicación. Las Suertes, los pases, las figuras creadas por el ser humano y el toro sólo buscan la belleza. Por mucho que se empeñen los antitaurinos, desde su pobre conocimiento, el artista del toreo lo que quiere expresar es belleza. Pero recordemos, el arte, y no sólo la Tauromaquia, puede ser desgarrador, dramático y cruel la mostrar aspectos que no deseamos reconocer. Seguro que a nadie le deja indiferente el Saturno de Goya, o el Judit y Holofernes de Caravaggio...Pero es Arte.

El concepto de belleza es muy relativo y subjetivo. Lo que es bello en ciertas partes del mundo en otras no lo son, y a la inversa. Pero lo que no cabe duda es que cuando se posee un lenguaje propio, cuando se crean emociones, cuando se intenta expresar algo y se consigue puede ser considerado como un aspecto de cultura humana. Hasta el momento no se conoce cultura alguna que no posea algún tipo de expresión estética, y si de algo puede presumir la Tauromaquia es precisamente de eso, de estética.

El Toro es estrictamente necesario en el arte de Torear. El toro bravo se ha adecuando durante siglos para la lucha y la creación. Su simple selección y cría es ya una cultura en sí misma. No podemos negar que en el ruedo, su lidia y muerte, puede impresionar al que no haya asistido jamás a una plaza de toros. Pero, volvamos a la pregunta, ¿El arte debe ser hermoso?. El problema de esta sociedad es que se piensa que el arte es algo bonito que sirve para decorar la casa, y el toro una mascota (cuando menos, porque hay gente que se mete en el cerebro e cree que reacciona a los estímulos como un humano). ¿Respuestas?, sólo se me ocurre una. La belleza es subjetiva, pues en nuestro interior podemos rechazar cosas que pueden ser bellas para otros, pero nunca se olvide que eso, bello o feo, trágico o jovial, implican juicios de valor estético. Por lo tanto, es Arte, por lo tanto, Cultura.

La Tauromaquia es parte de nuestra civilización. Esta civilización produce cosas tan diferentes culturalmente como un poema de Quevedo o una pintura de Braque, una película de Almodóvar o una faena de Alejandro Talavante...Todo se sitúa en el campo de la cultura. Por eso una sociedad que en el transcurso de su desarrollo es cada vez más incapaz de reconocer como Cultura a la Tauromaquia es que está en clara decadencia. Los aficionados y profesionales taurinos nos hemos negado a aceptarlo y como el que va cada tarde a una plaza de toros, hemos sabido ver signos de esperanza.

La Cultura del toro no puede ser abandonada por aquellos, que sin saberlo, también les pertenece por ser hispanos. Ninguna cultura puede desarrollarse sin base social ni ingresos. Por eso, gritemos ¡La Cultura no se censura!.

lunes, 27 de abril de 2020

Sentimientos ante una Puerta Grande


No si os ocurre lo mismo. ¿Por qué ejerce sobre nosotros ese efecto de admiración tan extraño el simple hecho de estar frente a la Puerta Grande de una plaza de Toros?.

Parece como si nuestra figura se empequeñeciera y la plaza se agigantara, como si quedáramos reducidos ante la grandiosidad, no ya de su arquitectura, sino de su significado. La Puerta Grande es el Arco del Triunfo taurino. Cuando está vacía es una especie de abstracción que no parece destinada a tanta gloria. Sin embargo cuando se logra abrir es la comparación hiperbólica de lo que significaba el Arco del Triunfo para los ejércitos ganadores de cualquier batalla. Es la expresión máxima de la alegría humana por llevar a hombros a otro ser que no está destinado a ser uno de ellos. Una salida a hombros vacía aún más el resto de la ciudad donde ha sucedido, todo se renueva y los edificios colindantes se vuelven grises y vetustos ante tanta gloria.

Es angustiante a veces, pero el torero que lo consigue se siente a gusto ahí. La Puerta grande es una construcción inquietante, porque su significado va más allá de sí misma y su función. Si suena el cerrojo al finalizar la corrida, se presta a ser utilizada para dejar correr los estados de ánimo que han estado encerrados durante dos horas y cuarto de emociones en un escenario real, de vida y muerte, de arte y épica. La Puerta grande inquieta, nos empequeñece, las calles aledañas se encogen ante ella, y si se logra abrir, es como si tomara vida y alardeara de que ella, y sólo ella, se ha construido para recoger la Gloria.

No le hace falta programa iconográfico para ser el último Arco de Triunfo de esta sociedad cada vez más olvidadiza con los héroes. Su contenido es efímero, quizá 10 minutos. Su nivel narrativo es el del ensalzamiento de lo más real que puede haber hoy día, el triunfo sobre la muerte. Se combina el paganismo del dios Baco con la religiosidad del un nuevo apóstol al que han encomendado una nueva escritura.

La Puerta Grande de una Plaza de Toros expresa los pensamientos más íntimos, los sueños y temores de todo aquel que ha nacido para vencer al miedo, para inspirarse frente a la muerte. Y a nosotros, los normales, nos abruma cuando está vacía y nos agobia en nuestra alegría cuando se abre.

jueves, 23 de abril de 2020

El pase del Estatuario. Estatismo y dinamismo. Barroco y Clasicismo


Retomamos el sentido primigenio del Blog, (el parangón de el Arte de torear con las demás Artes), para hablar de un lance, el Estatuario.

Estatismo y dinamismo. Siempre han existido movimientos artísticos opuestos en cuanto a su concepción. Por ejemplo, el barroco es la reproducción del arte por los procedimientos de la naturaleza. Los artistas barrocos intentaron en sus obras imitarla. Por ejemplo un arquitecto trataba en una columna, de imitar un árbol, con sus estrías, retorcimientos, defectos, etc. Pero había otros movimientos contrapuestos, como el clasicismo, que optaban por la figura racional. Una columna era un cilindro, una figura geométrica y no de la naturaleza. El barroco, en otro de sus rasgos, se afanaba por representar el movimiento, en cambio el clasicismo amaba el estatismo, el reposo. La Tauromaquia podría decirse que es un compendio de los dos. Es barroca porque representa el movimiento, vida, actividad, cambio constante, algo que va más allá de nuestra razón...obras que vuelan. Pero a la vez es un arte clásico porque con el estatismo se crean obras que pesan. Todo esto se resume en el Estatuario.

Partimos de la base de que la Tauromaquia, como hemos señalado antes, es un arte dinámico. Lo es porque tiene la cualidad de la potencia, del movimiento, de fuerza activa e incluso de la capacidad del torero para arrastrar y poner en movimiento la embestida del toro.

La obra de arte en el ruedo es dinámica porque tiene intensidad, vivacidad, y fuerza, y una gran capacidad para sugerir movimiento y velocidad desde que sale el toro. Todas estas cualidades las lleva consigo el animal. El torero se encarga, cuando es bien ejecutado el arte de la Lidia, de imprimir sosiego a esta energía inicial, a esta rapidez, y cuando lo consigue logra la excitación, la emoción del público. Si bien es cierto que se valora el dinamismo inicial de la Lidia, hay fases de ésta en las que aparece su antónimo, el estatismo, y uno de sus logros máximos es el pase denominado como Estatuario.

En este lance, si se ejecuta con maestría, el diestro demuestra que la ausencia de movimientos dinámicos no es exactamente una ausencia de fuerza. El Estatuario es un estatismo intenso ya que a la quietud del hombre, se le suma la potencia concentrada, interiorizada, espiritual y misteriosa del toro bravo. Las figuras son estáticas porque el tiempo de este pase es estático. En el momento del embroque se bloquean dos fuerzas tan recíprocamente intensas, el valor del hombre y la fiereza del toro.

La figura vertical, el mentón hundido en el pecho, los brazos relajados y un breve movimiento de éstos hacia arriba, sirven para fomentar el estatismo trágico del Estatuario. Por eso, con este lance se logra que en un arte en el que prima el movimiento continuo y ligado, se pase a una tranquilidad, a una serenidad sólo alterada en el momento del embroque. En este pase por tanto, no se emplea dinamismo, si el estatismo por parte del torero, sólo la condición de lucha del toro hace que se equilibre entre los dos. Dos de los mejores, para mi, representantes de esta corriente son José Tomás y Saúl Jiménez Fortes.

Foto: José Tomás en Huelva (2012). Ivan de Andrés para Cope Toros

miércoles, 22 de abril de 2020

Fuerza, Ganaderos de toros bravos


El toro bravo no es un producto, no es un producto terminado, sino que es un proceso. Los ganaderos, a lo largo de la historia, han creado a un animal único e irrepetible. Su cría se basa en una serie de transcursos, de vivencias y decisiones que construyen un ser capaz de luchar por su vida en pos de una vivencia cultural. El proceso es en sí el producto final de cada ganadero. Ese proceso, esa cría, esa selección individual de cada toro o vaca brava, es única e irrepetible.

En estos momentos se sienten desgarrados ante la pandemia mundial que han hecho que muchos de ellos tengan que tomar la decisión de enviar a sus animales a una fría sala de matadero. El toro bravo no está hecho para morir en silencio, a oscuras. Es su desesperación. En cuatro o cinco años han ido ligadas dos vidas, la del ganadero y la del animal. El creador de la bravura ha ido tomando decisiones para llegar al resultado final. Esta serie de decisiones son particulares en cada ganadero para que su "obra" sea individual y excepcional en una plaza de toros.

Sepan los que se alegran de que la temporada taurina se haya tenido que adaptar a la situación excepcional que estamos viviendo, y por ello suspender las ferias, que para un ganadero mandar un toro o una vaca al matadero es peor que perder el alma. Porque el toro es su fuego sagrado, es su energía y no puede ser destruida de esa manera. Para el aficionado el Toro lo es todo. Es el animal que te descubre la verdad, y a veces te la oculta. Y para el torero su necesario contrincante, quien le salva o a veces le hace perder, incluso la vida.

Me uno a su llanto, quizá suene banal desde la palabras de un simple aficionado, pero que tengan presente que considera al toro como algo propio, algo que jamás deja de estar presente cada día de su vida. No pasa uno de esos días sin que un aficionado a los toros no se traslade mentalmente a una dehesa de toros bravos, por muy efímero que sea el pensamiento.

Por ello me acuerdo de haber estudiado alguna vez en la carrera, o haberla oído de pasada en cierta disertación de un profesor, de la teoría de Santo Tomás de Aquino en la que consideraba que el llanto es un consuelo para la tristeza y el dolor que deben sentir muchos ganaderos en estos momentos. Pero os levantaréis como siempre lo habéis hecho, como hombres de campo, duros, resistentes y ya no dependeréis de la tristeza o de vuestro dolor.

Os volveréis a calar el sombrero o la gorrilla, a componer la figura que os delata irremediablemente, porque sois ganaderos de toros bravos. Esa figura trabajada reflejo de las horas en el campo, de la sabiduría del toro, misteriosa y ritual que da el espíritu sosegadamente inquieto del que está enamorado del Toro. Y nosotros, los aficionados, nos alegraremos porque volveréis a comenzar de nuevo. Vuestro ánimo es nuestra esperanza. Fuerza Ganaderos.

Foto: Ganadería Paco Galache. Rubén Arévalo

jueves, 16 de abril de 2020

¿Tauromaquia sin público?


En estos momentos, convulsos para todos, la Tauromaquia está intentando paliar la penosa debacle que se le viene encima y que todos los que amamos este arte, y la sentimos como parte importante de nuestras vidas, nos duele como si fuese propia. Es una situación extrema, sobretodo para esos toreros modestos, esos novilleros que empiezan o que estaban a punto de convertirse en matadores, y que la palma...la palma se la llevan los ganaderos. Las pérdidas son incalculables, a todos se nos cae el alma a los pies al conocer el destino de muchos animales en muchas ganaderías. Mi total apoyo y ánimo para todos éstos, y para todos los profesionales del toro.

En uno de los intentos para intentar que este desastre no sea total, MovistarTV, La Fundación Toro de Lidia y Anoet se reunieron para proponer la celebración de corridas a puerta cerrada en otoño, según publicó el diario El Pais. Puede que sea un pellizco de esperanza para algunos ganaderos, y algunos toreros, pero yo, como aficionado no lo veo y voy a intentar explicar el porqué, para mi, sin espectadores no puede considerarse como Fiesta de los Toros.

La Tauromaquia surge en su día de la posibilidad del enfrentamiento peculiar entre un hombre y un animal. Pero ese enfrentamiento primigenio, alguien lo tuvo que presenciar para sorprenderse con la lucha, con ello admirar al hombre que ganó la pelea en ese momento y después contarlo a los demás. La Tauromaquia es diferente a todos los espectáculos culturales. Por ejemplo. Una película puede vivir sin espectadores porque se fija en un soporte que le permite permanecer y reproducirse creando las mismas sensaciones y emociones en cualquier lugar del mundo y en cualquier espacio del tiempo. Ahora bien, la Tauromaquia carece de ese soporte porque cada faena, cada arrancada, cada pase puede reproducirse en grabaciones una y mil veces, pero jamás repetirse.

Por lo tanto, para mi, no hay Tauromaquia sin la relación entre lo que ocurra en el ruedo y el espectador, aficionado y/o público. Sin público la Fiesta de los Toros no es Fiesta, es un vacío donde se oirán ecos de voces, respiraciones, y todo tipo de sonidos que un espectador de una plaza, incluso, no quiere oír.

Para que se produzca el fenómeno extraordinario y único de la Tauromaquia no se puede prescindir de los elementos que constituyen esa "épica representación". El toro, el torero y el espectador deben estar en continua comunicación.
Hacen falta todos los actores para que se dé el fenómeno de la Tauromaquia. Primero, un público reunido con la intención de unas emociones; en segundo lugar, un torero y un toro físicamente presentes en un espacio reservado para ellos, como es el ruedo de una plaza de toros, donde los contempla el público congregado allí para ese fin; en tercer lugar, el arte que se ejecuta por parte del maestro y las arrancadas del toro, es decir, en términos teatrales, la "representación".

Si se dan corridas a puerta cerrada por televisión, la Tauromaquia, carece de sentido, y además, las pocas personas que puedan estar ahí, serán por invitación o por motivos de trabajo, para vender su producto, por ello carecerán de toda crítica, si ya lo hacen con público, imaginaros sin él. Carece de toda lógica porque, también hace falta la crítica.

Es un conflicto interno porque es cierto que no podemos dejar decaer la Tauromaquia, no consentir que perezca. Pero quizá esta maldita situación debería servir para que el ingenio lo pudiera hacer más fuerte de cara al futuro y salvarlo de las garras del olvido por parte de la sociedad. Vano sería no intentarlo. No hay un espectáculo más interesante si se conociera, ninguno con el cual poder competir porque lo tiene todo: Verdad, épica, naturaleza, cultura, muerte, respeto, gallardía, felicidad, tristeza, emoción, drama y triunfo...pero todo esto, lo tiene que tener con público.

Mi total apoyo y ánimos a todos. Sobretodo y permítanme, a los ganaderos, sin vosotros esta fiesta jamás hubiera sido Historia.

martes, 3 de marzo de 2020

Saúl Jiménez Fortes


De niño alguien debió decirme en un sueño que, a un torero no se le puede escribir un obituario porque su vida no es como la del resto de nosotros. Creo que, a diferencia del resto de los niños de mi entorno, (otros por suerte no), y aún sin quererlo, creé un estereotipo diferente. Para ellos todo giraba alrededor del balón, y a otros nos daba paz saber que existían otros astros que permanecerían en el tiempo, mucho más allá de nuestra breve existencia.

Así ha pasado mi vida hasta hoy, buscando el astro en los ruedos que me permita girar alrededor de él. Hay quien se ha limitado a ser satélite de planetas, buscando la comodidad del triunfo alegre y festivo, lo entiendo y respeto. Pero mis emociones no han venido al mundo para rellenar formularios de inscripción y adherirse a comunicados de prensa. Dentro de todas las posibilidades de emoción que nos ofrece la Tauromaquia, me concentro en quienes no siguen normas preestablecidas por los "Grandiosos Técnicos" del toreo, porque nunca pierden su brillo por mucho que se empeñen en olvidarlos desde las extravagantes ventanillas de solicitud en las que que se han convertido los despachos taurinos.

Jiménez Fortes. Me interesa su glamour de toreo seco porque huye de las repercusiones estelares. El toreo de Saúl es un homenaje sincero a las emociones, es ligero como una nota tecleada en el tedio imperante del pase por el pase. Me gusta emocionarme con su toreo al natural, no quiero sacar balance al final de sus faenas porque, para eso, deberían ser como las demás, técnicas, canónicas  y en la búsqueda del aplauso fácil. Cada vez que torea Jiménez Fortes descubro que todos estos años de búsqueda, me han servido para algo.

Los programadores de las ferias nos lo están robando. Hoy tienen artistas preferidos y nos los quieren imponer. Su fascinación por lo monótono transcurre ya durante muchos años. Se saben de memoria los diálogos de los protagonistas. Tan solo les falta una cabecera cual serie de televisión americana. Menos mal que de vez en cuando, en esta Sitcom en la que se ha convertido la Tauromaquia, hay cameos que en cierta forma nos reconfortan. Jiménez Fortes, con su toreo, es en cierta forma liberador, nos mantiene vivos a muchos. Importa porque es un puente que mantiene vivo el estereotipo de torero que vivía en el subconsciente de mi infancia, es decir, la certeza que existen toreros diferentes por mucho que las leyes de la tauromaquia hayan cambiado.

Busco el toreo que huya de elementos espectaculares y pases trazados "con brocha gorda". Saúl Jiménez Fortes es un luchador incansable por la cultura taurina que yo reconozco, un ser que despierta emociones, y su talento y corazón tan solo me hace corroborar que, aunque todo tenga un nudo, el toreo jamás podrá tener desenlace.

miércoles, 8 de enero de 2020

El Toreo, un Estado en sí mismo



Se consumó el pacto. Ayer Pedro Sánchez se alzó con la Presidencia del Gobierno tras un acuerdo, cuando menos preocupante, con fuerzas políticas de extrema izquierda y separatistas. Muchas e importantes son las facetas de la vida cotidiana de los españoles que se verán afectadas, para mal bajo mi opinión, como el empleo, la economía, la seguridad, la unidad de España, etc. Desde luego que estos aspectos cotidianos tienen una importancia superior a cualquier actividad que no suponga un peligro vital para nosotros, pero hay una actividad cultural y ecológica que con este gobierno peligra sobremanera, como es La Tauromaquia.

No tiene la trascendencia, sin duda y por descontado, que los aspectos antes citados, pero sí que me provoca cierto desasosiego y preocupación porque pueden acabar con una afición para muchos, y la profesión y sustento para otros tantos. Y lo que es peor, con la libertad de elección de ocio simplemente por no ser del gusto de los dirigentes de un país.

Casi se me hace insoportable la idea de que el nuevo gobierno de ultraizquerda, intente imponer su razón abstracta dirigiendo su mirada al arte del toreo. El toreo es un Estado, épico y estético, en sí mismo. La Tauromaquia ha demostrado a lo largo de la historia como ha renunciado al dominio de lo formal, del deber, y se ha guiado por impulsos sensibles por encima de estados y dirigentes.

Hoy lo revolucionario está en que la particularidad del arte de torear no se puede sacrificar en aras de alegatos de políticos contrarios, ni ceder ante el empuje de corrientes ecoterroristas. El toreo ni es un objeto de conocimiento que haya que entender, ni una moneda de cambio político para ceder ante presiones por intereses animalistas que como trasfondo tienen un claro objeto empresarial.

Unión y defensa es lo que necesitamos en estos momentos. La Tauromaquia es libre y por eso, el nuevo estado que se ha conformado ha de entender que también se ha de liberar de presiones irracionales que lo único que conseguirían es acabar con buena parte de nuestra ecología y de nuestra cultura. Si estos nuevos gobernantes se erigen como los nuevos paladines de la libertad y la revolución, no creo que sea digno discriminar entre lo que debe y no debe ser objeto de manifestación artística, es decir, que nos digan qué puede verse, oírse, percibirse, y con qué emocionarse. Si el gobierno de verdad aboga por la democracia, que también lo haga por la "democracia estética y cultural" pues, al asumir la Tauromaquia como otra faceta artística más, se afirmarán en la igualdad entre todos los españoles que, en principio, no hay otro argumento más democrático para un gobierno progresista.   

jueves, 5 de diciembre de 2019

El respeto al toreo cómico y la libertad histórica


El pasado día 4 de diciembre se presentaba en la sala Antonio Bienvenida, de la Plaza de Toros de las Ventas, la temporada 2020 de Diversiones en el Ruedo. Lo hacía de la mano de la empresa Tauroemoción. Para el que escribe, este tipo de espectáculos supone una vuelta a su infancia. Gracias a mis abuelos maternos, oriundos del pueblo madrileño de Chinchón, tuve la suerte de poder disfrutar siendo niño de este tipo de espectáculos que seguro, y quizá sin saberlo, ponían una de las semillas para que me aficionara a este mundo tan grandioso que es la Tauromaquia.

La presentación hizo darme una vuelta por mis apuntes y libros de la carrera de Historia del Arte y reflexionar sobre esa pintura del siglo de Oro donde grandes artistas españoles incluyeron en sus repertorios pictóricos a personajes ligados a la corte y que servían como acompañamiento y/o diversión a la realeza y nobleza de este momento.

Velázquez, Sanchez Coello, Alonso Cano o Antonio Moro, entre otros, realizaron retratos en primer plano con reyes, reinas, infantas o validos e incluso algunos con el mérito e importancia como para hacerlos a ellos solos. La Tauromaquia no se debe olvidar nunca de estos hombres ya que, como los de antaño, son pequeños héroes que divierten con su trabajo, digno donde los haya, con la dificultad que eso supone. Sebastián de Morra, Pablillos de Valladolid, Don Diego de Acedo, Juan Baurtista de Sevilla, incluso en Las Meninas con Mari Barbola...fueron nombres famosos que el Arte no dejó olvidar hasta nuestros días.

La sociedad mojigata se echa las manos a la cabeza porque estos hombres y mujeres ejerzan la libertad de elección de una profesión. Alguno nos podrá echar en cara que vamos a los ruedos donde se anuncian con el único objetivo de la mofa por su condición física o de resaltar nuestra superioridad frente a esa condición, nada más lejos. Seguro que las mentes estrechas piensan que en la época del Siglo de Oro también eran utilizados para ello pero, si fuera así, ¿Por qué, por ejemplo existen cartas de Felipe II donde se interesaba para darles noticias sobre personas allegadas a la corte como Magdalena Ruiz?, o ¿Por qué el mismo Felipe II tenía como compañero de partidas de ajedrez a Juan Bautista de Sevilla?, o ¿Por qué Felipe IV soportaba las chanzas de Barbarroja?.

Yo soy de los que piensan que el humor y la diversión es necesario para soportar la gris monotonía y el aburrido equilibrio vital diario. Estos espectáculos los debemos ver con la naturalidad de las relaciones humanas, dejar entera libertad a su opción profesional sin tener que temer represalias de una sociedad cada vez más propensa al "buenismo" victimista. Al hacerlo así, los aficionados a los toros estaremos enseñando a nuestros hijos el respeto que han de tener hacia estas personas por elegir una profesión.

Lo dicho, es una alegría que Diversiones en el Ruedo presente temporada en las plazas. No olvidemos que al ponerse delante de una res brava están colocados por el destino, por ello los debemos proteger porque también son partícipes del misterio de la Tauromaquia, aún vestidos de payasos, adornados con oro y terciopelos son actores principales de la fiesta más resplandeciente que existe. Mi elogio.

Foto:
Montaje con el cuadro de Velázquez "Sebastian de Morra" (1645–1644), y un integrante de Diversiones en el Ruedo via @diversion_ruedo

lunes, 2 de diciembre de 2019

La vuelta de la Casta Navarra a la Lidia Ordinaria


Hace unos días saltaba la noticia de que los toros de Casta Navarra vuelven a los ruedos en lidia ordinaria. Gran noticia. Será en Céret (Francia) y la ganadería seleccionada será la de Miguel Reta.

Para mi, sin duda, supone una gran noticia por la recuperación de un encaste histórico. Tengo la premisa de que cuanta más variedad y más oferta en gustos taurinos tengamos en las plazas, mayor será su opción de perpetuarse en el tiempo. Una alegría en estos tiempos en los que el taurinismo, ha puesto en cuestión los encastes históricos aislándolos prácticamente de los carteles. La polarización ha girado en torno a la selección de un encaste (Parladé) que han demandado los toreros más acartelados para que beneficie un toreo sin demasiadas sorpresas, y enfocado siempre al pase por el pase.

Para algunos aficionados, (que también defendemos este encaste Parladé cuando se selecciona en base a la casta y la bravura), esta cuestión del predominio de esta sangre ha sido una consideración simplista. No creo que la Tauromaquia pueda defenderse excluyendo los hierros que la han dado vida e historia, sobre todo cuando los actuantes y cabezas visibles, (también ganaderas), de la Tauromaquia actual, incluso llegan a tratarlos mecánicamente de forma peyorativa.

Pero dejando a un lado este comportamiento mediocre, maximalista y simple, lo que nos hace estar de enhorabuena, es la recuperación de un encaste como la Casta Navarra para el festejo de lidia ordinaria dada la situación crítica en la que se encuentran estos encastes a nivel de afición y mercado. Además, y lo digo convencido, en la actualidad, frente a la monotonía de muchas tardes y muchas ferias, es bueno buscar diversas alternativas en estos hierros que evocan situaciones y lidias antiguas. Hay que dar la enhorabuena a ganaderos como Miguel Reta por su tesón en la recuperación de encastes como el navarro para la lidia. Estas sangres históricas seguirán teniendo sentido dentro de la Tauromaquia si hay ganaderos que trabajen por ello y toreros dispuestos a lidiarlos, dentro de los límites que esos comportamientos dispongan.

A estas corridas no hay que ir pensando que vas a presenciar faenas de 40 muletazos, con empaque, largos, etc., si sale bienvenido, pero si no estaremos avocados otra vez al error de querer ver zalduendos en corridas de veraguas, y así no puede ser. Estos toros tendrán límites propios que les da su sangre, pero en el marco de su recuperación y su valor de uso para la lidia moderna, es, o debería ser, una tendencia, para no caer en la monotonía dominante. Ojala la hostilidad hacia lo "desconocido", desaparezca y estos toros se inserten en la programación de ferias y carteles. Gracias Miguel Reta por poner en práctica la teoría de la recuperación, reivindicando en estos tiempos los comportamientos históricos que hicieron grande a la Tauromaquia y gracias a la @AdacCeret
 por apostar por ello, así se hace afición. Suerte a todos y larga vida a la Casta Navarra.

Toros de Miguel Reta para Ceret. Via @AdacCeret

jueves, 28 de noviembre de 2019

La madurez de Domingo López Chaves


Una de las cosas que más me está llenando de esta época taurina es el elenco de toreros que han superado la presión del querer agradar con el pase por el pase, y han llegado a una tremenda etapa de madurez quitándose clichés y toreando libres, sin la atadura del triunfo a toda costa. Otros siguen anteponiendo la cantidad a la calidad y les va bien, están ricos, me alegro. Yo, soy un poco raro en gustos artísticos, en este y en otros artes, y por eso me quedo con el artista que me transmita esa libertad, ese sosiego que da el torear sin el esfuerzo que da la presión del triunfo diario. Esta noche, el Ateneo Orson Welles ha programado a las 20:00 horas en Librería Sin Tarima una tertulia con uno de esos toreros de los que hablo: Domingo López Chaves.

El pasado San Isidro, con la corrida de Cuadri, Domingo dio un compendio de toreo libre. Estructuró una labor de pronunciada objetividad que dan los años de lucha frente al toro seco, duro. Sus faenas estuvieron dominadas por la firmeza, despojándose de alusiones al toreo mundano y donde el toreo se convierte en Absoluto. El énfasis en un arte de lidiar toros se convirtió en "atemporal" y definió la madurez castellana de Domingo. Desde los tendidos percibíamos como conseguía en cada tanda ampliar la emotividad humana frente al toro y evocar plásticamente la madurez del toreo. La libertad y la serenidad de su toreo le hizo alejarse de modas y presiones. Lo esencial de su repertorio no estaba subordinado a las pautas del toreo del toreo posmoderno.

En Otoño no tuvo suerte con la mala corrida que, por desgracia, envió Adolfo Martín envió a Madrid. Pero sí que en un saludo capotero, con el quinto de la tarde, desplegó un dominio y una labor lidiadora al alcance de muy pocos. El toro se hizo el remolón de salida y Domingo López Cháves lo saludó teniendo la creación y el dominio con el capote como fuerza motríz. Evocaciones antiguas formándose en perpetuo movimiento al poder al toro.

Me alegra, como dije, que haya toreros como Domingo, como Robleño, como Rafaelillo, como Emilio de Justo, que también ha llegado a esta etapa de madurez, porque con su serenidad madura dan densidad compositiva a sus obras y transmiten sosiego a la violencia dinámica que es el Arte del Toreo.

Foto:

Domingo López Chaves en el tuel de cuadrillas en la pasada feria de Otoño de Madrid. via las-ventas.com

martes, 26 de noviembre de 2019

El sacrificio y el privilegio de toreros como Alberto Lamelas


Quizá sin quererlo, a todos nos toca algo en el interior cuando hablamos de toreros sacrificados por y a esta profesión. De toreros a los que les cuesta un mundo entrar en las ferias. Toreros que tienen que buscarse la vida entre entrenamiento y entrenamiento. Toreros que, a la ya tremenda preocupación del toro, se le suma la de no llevarse una cornada o un golpe y tener que darse de baja y no poder trabajar en su "otra vida" para ganarse unos duros. Toreros a los que no les importa lo que tienen delante: Ni el trapío, ni los pitones, ni el peso, ni la altura, ni la mirada, ni el hierro, ni las intenciones..., ya que alguna embestida saciará su vocación de sentirse torero. Toreros como Alberto Lamelas, por ejemplo.

De siempre he pensado que la situación de estos toreros, (de Alberto ya que he empezado hablando de él), es tan privilegiada como sacrificada. Es privilegiada porque exige de él, una vocación que pocos poseemos: Su dedicación a la vida "en torero" y a la vez intentar subsistir con otros trabajos. Le otorga una especie de admiración y el cariño de todos los que amamos este arte tan difícil, tan épico y, a la vez, único como es La Tauromaquia. Su vida es sacrificada porque cada tarde es un reto sin mirar el hierro de la corrida que va a matar y, además, debe estar al servicio del público que paga la entrada con el sólo propósito de transmitirles su toreo y, si es posible, llevarles la emoción a los tendidos que, una vez filtrada con el pase donde se termina la serie, se convierte en felicidad.

La vocación de toreros como Alberto Lamelas, (y de tantos otros), está representada por un acto de amor a la profesión y al toro más que por la remuneración económica que al final de cada temporada recuentan. Esta actitud me extraña y me impone a partes iguales. Su arte, creo, debe emerger de sitios que nuestro interior mundano no conoce para seguir en la lucha que le une consigo mismo, con los aficionados y con la Tauromaquia.

Por ello, la visión del torero y más la de estos "trabajadores del arte", seguro que supera la del mortal común  por su cercanía con los límites de la vida, pues conscientemente está cerca de la muerte. Y fíjate que yo creo que toreros como Alberto Lamelas conocen desde esta perspectiva la dignidad del ser humano: Ese que nace, crece, TOREA, y muere.

Foto:
Alberto Lamelas en la plaza de las Ventas. Via las-ventas.com

jueves, 14 de noviembre de 2019

La degradación del toro en la plaza México


Acabo de ver las imágenes de los toros de Jaral de Peñas para Ferrera, Adame y Roca Rey en la plaza de toros de Nuevo Progreso de Guadalajara, y no tengo más remedio que, inconscientemente, compararlo con lo que cada domingo sale por chiqueros en la que debería ser la primera plaza de México, e incluso de América.

No me llegan las entendederas, perdón, para comprender las exigencias de figuras de aquí y de allí en lidiar animales cuyo mejor uso sería el de servir de aprendizaje para mover las telas a chavales que empiezan. No hay justificación alguna. La plaza México debería ser el paradigma del toro en el continente americano, pero cada año tienden a seguir enchiquerando el toro inferior en trapío y comportamiento al que salta en plazas con mucha menos repercusión. Los mandamases mexicanos deberían entender que el desarrollo de la Tauromaquia en plazas de primera, se ha basado en la elección de un ganado de grado superlativo. Hoy han sucumbido a exigencias de los espadas (dicen que españoles, pero creo que también tienen parte de culpa los mexicanos), que se toman la temporada americana como un viaje lo más placentero posible y en el que se intercala alguna inclusión en una feria que les rentúe, tanto económicamente como en forma de entrenamiento.

El toro no puede ser utensilio, lo repetiré hasta la saciedad. Los toros, y más en plazas de primera, deben ser totalmente diferentes del toro que salta en plazas de menor categoría. Por desgracia el público ha desaparecido y nadie se pregunta que quizá el porqué sea el deterioro que poco a poco va sufriendo el toro en Insurgentes. En la actualidad han optado por un toro que embista al paso, que no moleste, que ni siquiera de sensación de peligro, un toro derrotado, sin trapío alguno y frente al que las figuras, de aquí y de allí, repito, se sienten superiores desde que se visten en el hotel.

Los toreros y empresarios deberían darse cuenta de que elegir esos toros no sólo perjudica la calidad de su obra, la desvirtúa, sino que al no llegar ni un atisbo de lucha al tendido, estos de despueblan. Es como si en el motociclismo se utilizaran motos con la potencia justa para tumbarse bonito, hacer maniobras con cadencia, adelantamientos con gracia, sería todo un compendio de conducción, pero desaparecería la emoción del riesgo.

Si no se cambia el rumbo ganadero de la plaza México, si no se ofrece un toro con el trapío y la emoción de la bravura suficiente, se seguirá echando por tierra cualquier indicio de conservación de la Fiesta de los Toros en la Plaza México. Ojala, aunque creo que ya es tarde, se deje de restar importancia al toro allí por parte de figuras y toreros, tanto foráneos como del país. Que los extranjeros dejen de considerar su temporada americana como unas cómodas vacaciones intercaladas con entrenamientos de luces, y los toreros autóctonos salgan de la fila de las supuestas exigencias de los primeros, grave error, porque el toro de allí necesita, ahora más que nunca, toreros que exijan bravura, casta y trapío, si no, en menos de lo que nos esperamos, se apagarán las luces del maravilloso coso de Insurgentes.

Imagen:

Izquierda: Toro de Bernardo de Quirós lidiado en primer lugar en la Plaza México el pasado domingo por Morante de la Puebla (Foto Vía @LaPlazaMexico). Derecha: Toro de de Jaral de Peñas para el 17 de noviembre de 2019 en Guadalajara (México) para Ferrera, Adame y Roca Rey. (Foto Vía aplausos.es).

martes, 12 de noviembre de 2019

Lo de Morante de la Puebla en Mexico no fue Arte


Visto el vídeo de la faena de Morante en la México el pasado domingo 9 de noviembre, voy a intentar descifrar, con la ayuda de mis pequeños conocimientos artísticos, el porqué a esa obra no se le debería llamar Arte de Torear.

Muchos, entre los que me encuentro, y no hace falta que sean catastrofistas ni nada por el estilo, sienten una especie de perplejidad por las muestras de grandilocuencia mostradas por aficionados y profesionales ante una obra taurina en la que uno de los dos componentes falló: El toro. Hay quien sostiene que Morante de la Puebla, (vaya por delante que para mí es uno de los grandes intérpretes del Arte de Torear de la historia del toreo), evoca artes antiguos. Pues bien, para mi, si no se tiene delante un toro al que amoldar, ese arte antiguo se reduce a fragmentos, a episodios compositivos que exhibe por las plazas ante toros con la fuerza y casta mermadas y un comportamiento que aleja cada vez más la consideración de esas obras como grandiosas y/o sublimes.

Esos recursos, como los utilizados el domingo en La México, han pasado a ser parte de un engaño astuto. Es indudable que José Antonio posee la genialidad interior para vivir y ser un artista único. Pero si dentro del ruedo se enfrenta a toros como el del domingo, las dudas e incertidumbres crecen en relación con la validez artística de sus obras. Morante puede hacerlo, lo ha demostrado frente a toros encastados y bravos, pero poco a poco, se empeña en despejar las dudas para mal. Lo bello es difícil, como aseguraba Platón, y no puede ser que un torero como el sevillano, verdaderamente talentoso, se conforme ante la facilidad de toros como los del domingo.

José Antonio Morante, Morante de la Puebla, tiene la intuición de un genio, un ideal verdadero de cómo ha de ser el toreo, pero no puede ser sólo intuitivo frente a toros sin poder y de una obediencia sumisa que aparta cualquier atisbo de emoción en sus obras. Los cronistas y críticos de hoy día, creo que hacen un flaco favor al camuflar el hecho de que el Arte de José Antonio, si sigue por ese camino, estará en la angustia de su ocaso. La gente no puede ser engañada todo el tiempo. Si ese arte de torear se hace sin oponente se habrá reducido a estética sin emoción, como si se redujera el lenguaje a sonidos o entonaciones, por ejemplo.

Es difícil de explicar pero para mi el arte de Morante si no se hace ante toros con garantías, poder y las dificultades que da la casta y la bravura, no es Arte. Me explico, y termino ya. ¿Por qué digo que no es arte? Pues porque se puede comparar. Un ejemplo: si decimos que una piedra ovalada y de cierto tamaño no es un melón, esto requiere que haya una cosa que sea un melón. Vemos que la piedra no es un melón si comprobamos los atributos de ambas cosas, demostrando que ninguna de las características del melón están presentes en la piedra , menos que es ovalada. Pero eso no es una condición suficiente para que algo sea un melón. Pues bien, siguiendo esta misma lógica, para mí, lo realizado por Morante de la Puebla en México, no es arte si la comparamos con obras de otros toreros (incluso suyas) en las que sí han tenido la emoción que pone el toro. Si tiene características que pueden equipararse, pero la principal no, no hay Toro como oponente. Este año hemos visto muchas.

En fin, mientras el genio de La Puebla se siga prodigando en corridas donde falle el toro, su arte tendrá límites, y ya no será, (ojo, para mí), posible catalogar como obra de arte lo realizado en el ruedo. Pertenecerá al más al arte figurativo, sí, el de componer figuras, pero eso, por desgracia no es el Toreo.

Imagen:

Morante de la Puebla, el pasado 10 de noviembre en la Plaza México. Foto: via @LaPlazaMexico


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